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Coge el cayado - Diario de León

CORNADA DE LOBO

Coge el cayado

GARCÍA TRAPIELLO

Mañana, en Barrios de Luna, sonarán esquilas pidiendo fiesta y llamando a pastores, rabadanes, merinas y mastines, como cada año tras 43 ediciones de la Fiesta del Pastor en esta quincena de septiembre cuyo sol, aún peleón, ya se acorta y la gente se recoge antes por si se arricia al atardecer... al agüisquecer, que dice Alfonso con mejor precisión.

Este año no habrá pastor mayor, sino pastora. Y una compañera en estos papeles, Ana Gaitero, más que sobrada de conocimiento o mérito pastoril (no sólo por pastorear letras y noticias), recibirá el cayado/gancho y el zurrón, señas de este título de honores de los Montes de Luna que presenta un notable déficit de mujeres: tres entre cuarenta. Viendo que no había una sola de ellas cuando me honraron en el año 2000 con ese título que me daba voz en el corro, insistí en la necesidad de ver voces blancas entre tantas voces roncas (el humo del chozo, la intemperie y estar todo el día con gritos destemplados a los perros oscurecen la laringe y enronquecen al pastor). Mujeres, por favor. Pero no por cupo o imagen convenida, sino por el peso real y presencia notoria de la mujer rural en todo afán ganadero.

Sin embargo, el mundo pastoril de alzada, puerto y cañada, mundo ovejero y trashumante, fue de siempre masculino. No hay mayoralas, ni rabadanas, ni compañeras, ni ayundantas, ni personas, ni sobradas... ni siquiera roperas en la ropería... aunque si hablamos del hato doméstico de ovejas y otros ganados, sí que hay pastoras, hay zagalas y hay rapacinas que con sólo ocho años ya las mandaban con una vara tiesa a vigilar las vacas o a recoger las cabras cuando volvían al atardecer con el rebaño comunal... y todos vimos y vemos en estas riberas o montes la estampa quieta de una mujer con pañolón cuidando de algún ganado y, además, haciendo punto para no estar ociosa jamás... y aunque cantara en la fiesta «cuando voy pa la braña voy que me mato, porque llevo madreñas de economato», lo normal era otra copla del penar: «Me casé con el pastor pretendiendo ser señora y al día siguiente me dijo ¡coge el cayado, pastora!».

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