CORNADA DE LOBO

Y padre nuestro

GARCÍA TRAPIELLO

Si primero lo teníamos por el condiscípulo que nos precedió en aulas, noviciados y estudiantado de Filosofía, poco tardamos en titularle maestro por instruirnos tempranamente en los caminos de la santa perdición. Jesús Torbado se convirtió en nuestro joven referente, espejo de la letra hecha florete para poder hablar de tú a los dioses del espadón y del dogma compuesto en descomposición... y ya nos fue el caballero de la duda, esa infatigable yegua, la mejor para cruzar las áridas verdades o saltar las montañas del profeta; y siempre con su ironía instruida y amable para no hacer rozaduras innecesarias. En este dibujo me permaneció siempre Torbado.

¡Cómo olvidar el día que le concedieron el premio Alfaguara a su novela «Las corrupciones»! Era la primera edición de este afamado premio con una dotación jamás soñada en aquella España tacaña en ceros. Y él no era nadie aún en las letras, tenía sólo 22 años, había nacido en un pueblo del León de adobe y «mal bautizado» que ningún editor recordaría y su currículo vital eran los estudios en los dominicos y unos breves años rodando europas... y fijándose.

Aquel día, el fraile director del colegio nos reunió a todos en la capilla para comunicar la exultante noticia de que un exalumno de la orden había alcanzado la gloria, significando que eso, sin ningún género de dudas, sólo era posible gracias a la altura educativa recibida en los centros de Corias, Palencia y Caldas de Besaya, algo que por otra parte era cierto. Cuánto alborozo hubo ese día, ¡cómo no pensar que estábamos en la senda de la gran letra!. Sin embargo, editada la novela, volvió el páter a reunirnos en la capilla. Había desaparecido de su gesto aquel orgullo festivo tras leer «la falacia corrupta» y le ardió el verbo incendiando cualquier respeto: «he aquí al ingrato pervertido que se revuelca en su propia mierda», textual. Se me grabó a fuego esa frase, nunca había escuchado una invectiva tan floreada y tan escoltada de furibundas maldiciones, así que no pudo Torbado tener mejor promoción. A escondidas fuimos leyendo su novela. Y le hicimos padre nuestro.

Outbrain