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«El Albarín nos pone en el mundo» - Diario de León

Vinos de su puño y letra

«El Albarín nos pone en el mundo»

Rafael Alonso Santos. Bodega Hijos de Rafael Alonso.«Es, hoy por hoy, nuestro vino más destacado a nivel internacional, el que nos pone en el mundo». Pardevalles —Bodega Hijos de Rafael Alonso CB en la mención social— lo jugó todo a dos cartas: una era segura y la otra ganadora. En el prieto picudo ejerce magisterio; en el albarín, cátedra.

Rafael Alonso descorcha una botella de blanco en la bodega tradicional en la que duermen los tintos de Pardevalles.
jesús f. salvadores

Rafael Blanco

Rafael Alonso Santos (Valdevimbre, 1976), Rafa Pardevalles en el mundillo del vino, lidera la tercera generación de una familia estrictamente dedicada a la viña y a la bodega. No es un caso especial en ese sentido en una villa en la que el vino no es una ocupación, sino una profesión de fe. Pero sí lo es por sus convicciones, en la radicalidad de su apuesta y en su capacidad para poner la bodega entre las de referencia por calidad en la tierra del prieto picudo.

Fundada en 1949 por Rafael Alonso Alonso, la bodega de los rafaeles fue en 1989 pionera en la plantación del viñedo en espaldera. En 1997 embotelló su primer vino. Lo hizo con la etiqueta Pardevalles, que ahora somete a una profunda revisión.

Dos años después, en 1999, elaboró su primer crianza. Ya entonces sus rosados, el popular clarete de la zona, eran célebres, pero en el corto camino recorrido por la senda de los tintos una exigencia se impone por encima de cualquiera otra: «Hay que mantener la diferenciación de la calidad sin castigarla con la madera». Lo dice Rafa Alonso con una copa de Carroleón —crianza 2009— en la mano tras apurar otra de joven del 2011, sin duda alguna la mejor cosecha de tintos que se recuerda por estas latitudes. «Es un vino para largas elaboraciones. ¡Lástima que no haya guardado más!», se lamenta de nuevo cargado de razón.

Pero no son los tintos ni siquiera el rosado los motivos de su más reciente y más que justificado motivo de orgullo. Lo que le roba el corazón, le quita el sueño y le de la razón es su blanco, ese que tanto da que hablar. Rafa Alonso hizo una apuesta radical y hace tiempo, casi antes que nadie, redujo los varietales de sus viñedos a las dos viníferas autóctonas. Reconvirtió el tan dañino Tempranillo y sustituyó el Verdejo por el muy sublime Albarín, que es también Raposo o Verdín en su supuesto origen asturiano en el entorno de Cargas de Narcea.

Cuando lo hizo —fueron sólo cuatro hectáreas, pero ampliará plantación— casi no había más cepas en la zona de producción que las del visionario Pedro Marcos, en Villamañán. Esas hectáreas que plantó hace siete años le permitieron elaborar ya con la vendimia del 2009 el primer monovarietal y el resultado fue sencillamente espectacular, más por las referencias y puntuaciones de la crítica especializada que por la acogida que tuvo en el mercado. «Lo pasamos mal. Hemos tenido años de decir qué hacemos con ésto. Ahora tenemos claro que es nuestro vino más destacado a nivel internacional, el que nos pone en el mundo. Es una variedad con mucho potencial porque lo tiene todo: es aromática, tiene volumen en boca y una relación acidez-grado alcohólico fantástica. Las expectativas son buenas: funcionan las ventas a nivel internacional y empieza a arrancar en León, donde sobre todo el problema es hacer llegar la información a los consumidores».

Es, además, una uva «muy agradecida», defiende Alonso, porque «garantiza una alta calidad» para vinos que «sin duda perdudarían a lo largo del tiempo». Sería cuestión de experimentar con elaboraciones y crianzas, razona. «Pero para qué hacerlo si lo tenemos todo así».

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