PRADA A TOPE | canedo

Entre la historia y el compromiso

En 1976 inició la actividad en la viña y en 1988 el proyecto vitivinícola de Prada a Tope recibió el espaldarazo definitivo con la compra de las tierras y el palacio del Señorío de Canedo. Por singularidad y calidad es referencia universal de la gran actividad agroindustrial del Bierzo.

Impresionante imagen de la bodega en primer plano, con el palacio de Canedo al fondo y el viñedo recibiendo al visitante.
B. fernández

Rafael Blanco

Vemos los montes arder, los árboles morir, los ríos agonizar, los pájaros y los animales desaparecer… Vemos, en fin, cómo nos revolvemos entre nuestros propios desperdicios tratando de respirar lo irrespirable (...). No pensamos más que en subsistir como sea en el minuto a minuto sin mirar hacia el futuro que estamos amasando a nuestros descendientes (…) Cada región, cada pueblo, cada hombre y cada mujer deben trabajar para por lo menos mantener un puñado de aquella dignidad y capacidad de sacrificio que nos enseñaron nuestros mayores. Este es el gran reto que debemos asumir: ser los portaestandartes de una forma de vivir nueva, renovable, sencilla y, sobre todo, más auténtica». Esa reflexión de José Luis Prada Méndez es más que una declaración de principios y una proclamación de voluntades. Es un compromiso firmemente asumido por quien lo pronuncia, pero también por quienes lo acompañan en su proyecto empresarial.

El respeto al medio no es en Prada a Tope un argumento de márketing… Es una manera de vivir e interpretar la vida y, la relación del hombre con el entorno. La agricultura ecológica, la viticultura en este caso, no es algo que se haya descubierto recientemente: «Prada no tuvo que apuntarse a la moda de la agricultura ecológica. Ya estaba desde la práctica tradicional», dice.

Y lo concretan con mayor rotundidad los profesionales de su equipo, entre ellos José Manuel Ferreira San Miguel, sin duda uno de los enólogos más cabales del vino berciano: «No es una norma, es una convicción… No es una locura, sino un gesto de generosidad con la naturaleza y con las generaciones venideras y una actitud de valentía ante el mercado».

Puestos en esa situación, la línea ecológica de los vinos, identificados bajo la etiqueta Palacio de Canedo, ganó paulatinamente peso a costa de la tradicional, Prada a Tope. De manera que lo que encontraremos en la tienda del palacio, las franquicias, la redes comerciales y la hostelería es una sencilla y clarificadora gama de siete vinos que se abre con los Prada blanco (godello, 20.000 botellas; 10,00 euros enbodega) y rosado (mencía y godello, 10.000; 7,00), el impetuoso maceración carbónica de Palacio de Canedo (25.000; 8,00), el roble de 10 meses, ya ecológico, que lleva el nombre de la finca, Valetín 2009 (25.000; 8,00), un excelente crianza, el todavía Prada a Tope reserva 2007 (10.000; 17,00), que en el futuro será Legado de Canedo como testimonio de ese pasado, y el soberbio crianza Picantal (3.500 botellas; 30,00) como anticipo de lo que está por llegar en términos de calidad y sobre esa estructura definitivamente racional y muy entendible por el mercado. Cinco Xamprada, uno de ellos reserva, diversifican la línea de los espumosos de la casa.

En el viñedo, siempre bajo el cuidado de la mano experta de Berto Vilor, en los dos últimos años se afrontó la plantación de algo más de la mitad de los dos hectáreas ganadas a la parte alta del monte. El Picantel, con una altitud de 750 metros y una inclinación del 16%, es una apuesta por la más alta calidad a medio plazo. La pobreza del terreno, con producciones muy limitadas, permite pensar en un tinto muy especial, con grado y gran estructura. Pero es algo que habrá de afrontarse con mucha paciencia. Y con mucho mimo.

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