MERAYO | San Andrés de Montejos

Un ilusionante ‘regreso’ al vino

Cuando hace quince años la familia cerró la bodega que regentaba en Flores del Sil, Pedro Merayo Fernández se hizo propósito de volver algún día al vino, del que en realidad nunca se fue. En el momento más difícil para el sector propone una tentativa enológica muy sólida y cabal

Aspecto de El Llano, una de las formidables viñas de las que nacen los vinos de la nueva bodega de Pedro Merayo Fernández.
F. URÍA

Rafael Blanco

Nunca se fue Pedro Merayo del vino porque en el tiempo transcurrido entre el cierre de aquella bodega familiar en la que se vendían graneles y garrafones de soberbio mencía y la apertura con un planteamiento sumamente ambicioso de la nueva en San Andrés de Montejos no perdió de vista la viña. Dedicó ese paréntesis temporal a la fruticultura hasta que la plantación fue arrasada por el fuego bacteriano, pero sus ojos siempre estuvieron puestos en el magnífico viñedo familiar ubicado en un paraje privilegiado de Valtuille de Arriba y Villafranca del Bierzo que ahora sustenta el nuevo proyecto. De las treinta y tres hectáreas, más de veinte son de cepas centenarias de mencía salpicadas de pies de doña blanca, malvasía y godello, con una zona de viñedo experimental en El Músico. Otras son de nueva planta de las dos viníferas de referencia en el Bierzo y la idea de cara al futuro es precisamente ocupar con godello una buena parte de las 9,6 hectáreas de la finca Miralmonte, en la que ya no hay frutales. En el centro de ella se erige la nave, con las cámaras de refrigeración, que un día fue almacén de fruta y que ahora ya va teniendo aspecto de bodega. Esas amplias instalaciones ya acogieron unos treinta mil litros de vino de mencía de la vendimia del 2010, de los que una buena parte se guardó en barricas.

De ese Valdarrodas se comercializaron 15.000 botellas. Es un joven de gran profundidad olfativa y gustativa que llevará la misma etiqueta en el caso del 2011, pero que ya será Merayo desde la próxima vendimia.

Pero el vino de referencia de la bodega será el muy evocador Aquiana, que nace de ese acopio que se hizo en el 2010 con entre diez y doce meses de crianza y sin más concrecición que la de tinto en la contraetiqueta. Entre uno y otro estará el que probablemente se llamará Las Tres Filas, un joven roble con seis meses en barrica. Y, en fin, ya por arriba un larga crianza de muy limitada producción con la etiqueta La Galbana, a partir de la vendimia que se aproxima.

El proyecto de Pedro Merayo se apoya en el criterio técnico de Fermín Rodríguez-Uría Suárez y la ilusión de toda la familia, pero «sin prisas para nada y bajo la exigencia de no cometer errores», concreta Juan Merayo, uno de los hijos del mentor.

Noticias relacionadas

Outbrain