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Una locura con mucha cordura

La primera parte del nombre de la bodega revela su ubicación y la segunda delata a quienes están detrás del proyecto. En una ocurrencia ‘maliciosa’ que tiene variables, Majara encadena la primera sílaba de los nombres de Manuel Benito Otero, Javier Álvarez y Raúl García. Pero hay más.

Javier Álvarez ideó el proyecto que implica a Manuel Benito Otero y a Raúl García.
B. Fernández

Rafael Blanco

Lejos de aludir a cualquier abstracción mental o enajenación transitoria o permanente, Majara sólo es la malévola secuencia de la primera sílaba del nombre de los tres amigos que impulsan el proyecto vinícola más desinhibido, informal incluso, del vino berciano. Se utiliza como nombre de la bodega y de su primer vino, porque el apellido del segundo es Jarabe: Otero une al de su padre el de su abuelo Benito. La cierta informalidad que descubre este juego marca el desarrollo de todo el proyecto: tres amigos y amantes del vino, dos de los cuales desarrollan su actividad profesional al margen y fuera del Bierzo, pero con Almázcara como punto de confluencia, deciden crear su propio vino bajo tres exigencias: mencía, baja producción y la más alta calidad.

Almázcara Majara nació en el 2004 del compromiso asumido por los tres protagonistas antes citados, seguramente tras muchas vivencias compartidas y, seguro, después de larguísimas conversaciones en torno al vino. Con la vendimia de ese año se realiza la primera elaboración: dos mil botellas de un soberbio tinto envejecido durante dieciocho meses en barricas de roble francés.

Con la misma base aportada por el viñedo familiar que los Otero Vuelta tienen en Campo se elaboró también en el 2005, pero no en el 2006, porque el compromiso es hacerlo sólo en las mejores cosechas. A final de este año saldrá al mercado el 2009, también con esa limitación de producción en torno a las dos mil botellas que sólo se podrán encontrar en restaurantes muy concretos de distintos puntos del mundo a los que llegan por la visita frecuente de Javier Álvarez a algunos de ellos y gracias a la comercialización y exportación desde la empresa Álvarez & Miras que dirige desde Barcelona.

Dos años más tarde apareció en el mercado el segundo vino de la pequeña sociedad que tiene su sede en una casona de piedra en la calle La Era, en Almázcara, que posiblemente en su condición de pase inadvertida para el visitante. Reordenando las primeras sílabas de los nombres y en este caso jugando con el segundo de Otero Vuelta, Benito, el nombre elegido es Jarabe… de Almázcara Majara. Es un tinto de media crianza —ocho meses—, más alta producción y mucho más accesible por precio y presencia comercial. Está en el mercado el 2009 (13.000 botellas; 18,00 euros en tienda).

La alusión a estos vinos y a sus autores por parte de Luis del Olmo en la gala que anualmente reúne en Barcelona en torno al botillo a destacados personajes de todos los ámbitos sociales disparó la demanda de los Majara y Jarabe, a los que este año se ha sumado una cuarta referencia para dar nombre a un godello joven: Cobija del Pobre (13.000 botellas; 12,00 euros).

Pero antes en la mente de los tres había otro vino: un godello de limitadísima producción con fermentación en madera y permanencia en lías durante nueve meses en barricas de quinientos litros (2.000 botellas del 2010; 28,00 euros). Nació de una vivencia compartida, confesable pero no confesada, pero de la que los tres recuerdan la música de fondo que pone ahora nombre al vino y que en la etiqueta, como en los otros casos, luce los trazos de Josep Mascardó, en este caso sobre una sugerente silueta femenina. Cuando eso ocurrió se escuchaba a Willy de Ville y sonaba nítido y emotivo Demasiado corazón.

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