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Rompiendo convencionalismos - Diario de León

MENGOBA | SORRIBAS

Rompiendo convencionalismos

Cuando en la década pasada el enólogo francés Grégory Pérez recaló aquí por razones laborales probablemente no podía imaginarse que el Bierzo lo atraparía para siempre. Su compromiso con la viña y el vino rompe los convencionalismos en torno a la viticultura y la enología.

Grégory Pérez en una de las viñas de Espanillo.
B. Fernández

Rafel Blanco

Más allá de la puesta en escena ciertamente bucólica y un punto enternecedora —tanto como extemporánea— de Regino guiando en las laderas de Espanillo el arado del que tiran Guinda y Jardinera, lo que la fotografía de la pareja de vacas y el nostálgico agricultor no deja ver, si acaso sólo intuir, es un compromiso con la viña, como una forma de entender su cuidado, que remite a tiempos pasados y, desde luego, a convicciones muy fi rmes. Las tiene Grégory Pérez, que abandonó su trabajo en una gran bodega para desarrollar su propio proyecto.

Eligió el camino más tortuoso y, rompiendo con todos los convencionalismos sobre la viña y el vino, buscó cepas casi inaccesibles y asumió prácticas en bodega innovadoras aquí, sí, pero realmente laboriosas. El resultado de ese compromiso y la apuesta por las variedades más características del Bierzo manifestada incluso en el nombre de la bodega —encadena la primera sílaba de mencía, godello y valenciana, licencia gráfi ca incluida— son los aclamados Mengoba blanco (70% godello y 30% doña blanca) y tinto, con ocho y once meses de crianza en barrica sobre lías (10 y 15 euros) y, en el segundo caso, con la mención expresa de Mencía de Espanillo en la etiqueta.

No es banalidad, ni tampoco arrogancia. Más bien un acto de justicia con una singularísima zona de producción de mencía, probablemente la última posible, y con unas labores agrícolas ciertamente tortuosas por los cuadros de plantación, la inclinación del viñedo y las características del suelo, extraordinariamente pizarroso y en muy avanzado estado de descomposición.
Son los vinos de referencia de la bodega, los de prestigio, que se acompañan en la carta de elaboraciones por los más convencionales Brezo blanco y tinto, jóvenes en ambos casos y propuestos como vinos de rotación. Fueron la novedad de la temporada en el catálogo de Mengoba y son los que han de sustentar fi nancieramente el proyecto.

Pero del compromiso de Grégory Pérez con el entorno de Espanillo y con los vecinos, y en atención a la sabiduría y las convicciones de éstos, nació también esta temporada un vino realmente diferente. No hay ningún otro en el Bierzo elaborado a partir de la variedad conocida genéricamente como bastardo y concretamente en Galicia y el norte de Portugal como merenzao. Aquí, donde la mencía es mancía, esta uva menuda de piel muy dura es estaladiña, porque estalla en la boca. Pues bien, el Estaladiña, fuera del reconocimiento de la denominación de origen, que no incluye esa casta entre las propias, es un monovarietal con once meses de crianza sobre lías de producción muy limitada (1.300 botellas, a 20 euros). La última creación de la bodega es una delicadeza, un semidulce elaborado con vendimia tardía de godello, doña blanca y petit manseng, una variedad que Pérez trajo de Francia. El Folie Douce se presenta en botellas de medio litro y al precio de 8 euros. Pero sólo habrá 540.

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