palacio de arganza-SEÑORÍO DE PEÑALBA | villafranca del bierzo-toral de los vados

El vino que conquistó el mundo

Puso al Bierzo y al vino berciano en el mundo mucho antes de que el mencía fuera el que hoy conocemos. Su prestigio —y los contenedores llenos de cientos de miles de botellas— traspasaron fronteras y cruzaron océanos. El grupo de Daniel Vuelta es hoy una referencia histórica

El Palacio de Arganza,actual sede institucional y operativa, es también la imagen del grupo.
B. fernández

Rafael Blanco

En los anuarios y en las más prestigiosas guías del vino español —y, por supuesto, también en la memoria de cientos de miles de aficionados y ocasionales o frecuentes consumidores— queda la mención y el recuerdo de aquellos tiempos en los que las imperiales, aceradas y barrocas etiquetas de Palacio de Arganza llenaban los lineales de los supermercados más elitistas y daban gusto y lustre a las cartas de los restaurantes de cabecera de todo el país.

Eran, efectivamente, otros tiempos. Los efectos demoledores de una crisis especialmente grave para el sector unidos a la evidencia de una interpretación sin duda extemporánea del negocio calculado desde la sobredimensión y la sobreinversión —y, por qué no decirlo, también desde la pasión por el vino y el amor infinito a la tierra de la que es uno— han traído a una realidad en la que inevitablemente se impone una cierta nostalgia a la vista de lo que fue y lo que es Palacio de Arganza-Señorío de Peñalba.

El imperio del vino berciano, siempre calculado en millones de litros —en varios millones de litros al año, algo en nuestro entorno geográfico sólo al alcance de un par de cooperativas— envejece con su mentor. Daniel Vuelta Fernández lo fue todo en el vino berciano. En realidad lo fue todo en el vino español en su proyección internacional. De la ampulosidad de su proyecto y la magnitud de su iniciativa quedan como testimonios no sólo sus bodegas aquí, sino también las plantaciones y el proyecto de elaboración en Cuba en colaboración con el gobierno de ese país.

Llegó a ello casi desde nada. Desde la ambición, eso sí. Hijo de un modesto vitivinicultor de San Andrés de Montejos, en 1964 compró Palacio de Arganza. Todo lo que es Palacio de Arganza, es decir, la viña, la bodega, la marca, la imagen y el propio palacio de Villafranca del Bierzo, un edificio del siglo XVIII que hoy sigue siendo residencia particular y centro de operaciones del grupo.

Pero el imperio agigantado en el año 2000 con la construcción en Toral de los Vados de Señorío de Peñalba —32.000 metros cuadrados de bodega; depósitos de homogeneización de 600.000 litros de capacidad y uno de hasta 1.350.000, el más grande de Europa; 65.000 barricas y capacidad para elaborar hasta 34 millones de litros de vino al año—, con el que entraba en la Denominación de Origen Bierzo, la fuerte inversión en una planta de concentrado de manzana contigua a la bodega todavía no estrenada y la más reciente compra al Grupo Dapena de las instalaciones de la vieja cooperativa de Villafranca, sobre las que el protagonista llegó a imaginar no hace mucho tiempo un gran complejo enoturístico, hostelero y comercial, acabaron lastrando el desarrollo de la compañía, hasta el punto de que en las dos últimas vendimias no recogió uva en sus tolvas de Señorío de Peñalba, que desarrolla su actividad en torno a la comercialización de las elaboraciones del 2009 y anteriores, aunque sí en las de Palacio de Arganza, su referencia principal, si bien fuera del reconocimiento oficial de la denominación de origen.

Soberbios blancos de todo tipo, rosados y sobre todo tintos de larguísimas crianzas completan una carta de elaboraciones sin parangón.

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