Peique | valtuille de abajo

El vino es un asunto de familia

Los tres hijos de Luis Peique López sustentan el negocio familiar que en su idea actual tomó cuerpo en el año 1999, al constituirse la actual sociedad, y forma en el 2001, con la primera elaboración en la bodega. Las viñas y el vino son en este caso un asunto estrictamente familiar.

Jorge Peique, presidente, director técnico y enólogo de la bodega.
DL

Rafael Blanco

En Valtuille de Abajo se vive exclusivamente por y para la viña. Seis de las cincuenta y cinco bodegas de la Denominación de Origen Bierzo desarrollan su actividad en el pueblo más vitivinícola el Bierzo. De ese legado histórico es referencia imprescindible el Castro de la Ventosa, no sólo como imagen, sino también porque las laderas del montículo que coronan los restos romanos son cobijo de algunas de las más viejas y envidiables cepas de mencía.

En ese escenario se mueven los Peique, cuyo apellido cierra el clan, identifica socialmente el proyecto y es referencia inequívoca de uno de los vinos más característicos del Bierzo. La base del proyecto es el viñedo propio, casi veinte hectáreas, recibido por una u otra rama familiar. Fue el propio Luis Peique López el que, alentado por sus hijos, afrontó hace dos décadas la reinterpretación de la actividad familiar para pasar finalmente de la viticultura a la elaboración de la máxima calidad. Sobre esa idea se formó Jorge Peique, integrante de la mejor hornada de enólogos que ha dado el Bierzo. Y en ella estaban también -y están- sus hermanos Mar y Luis, implicados en la gestión, pero también en el cuidado y las labores puntuales en el viñedo. Y es que, quizá en este caso más que en ningún otro, la viña y el vino es efectivamente un asunto familiar.

El Peique joven de la vendimia del 2001, la primera que se vinificó en las actuales instalaciones, era desde dos años antes el vino de referencia. Y sigue siendo el que mueve el negocio (175.000 botellas; 3,75 euros de coste en bodega). Al mismo tiempo se acunaba en barrica en primer crianza - Peique Viñedos Viejos (10,00)-, con doce meses de permanencia en barrica, y se maduraba la idea de un vino superior, de producción muy limitada. Nacía así el Peique Selección Familiar -sólo 3.000 botellas este año, a 18,00 euros-, que con dieciocho meses de maduración en roble habría de representar durante años la más alta calidad elaboradora de la bodega.

En la limitación a esas tres referencias se mantuvo la sociedad hasta la explosión del 2010, cuando Peique, como resultado de la exploración de nuevas posibilidades, presentó de una tacada sus dos frescos -un godello (este año 3.500 botellas; 6,20 euros) y un rosado de mencía (5.000 botellas; 4,00 euros)- y un tinto muy en la línea de la demanda actual. Con el Ramón Valle (15.000 botellas; 5,00 euros), un media crianza de siete meses, Peique rompe el monopolio del apellido etiquetador de una rama familiar y rinde homenaje al abuelo de la otra, un histórico viticultor de Valtuille de Abajo. Rompe también con él algún otro convencionalismo al presentarlo, además de en el formato clásico, en botellas de medio litro, una rareza, cierto, pero también una nueva demanda del mercado.

Pero no acaban ahí las novedades de la bodega, que desde hace años viene ensayando un vino top, algo excepcional: será un vendimia seleccionada del paraje de Oliveros con fermentación en barrica abierta, paso a depósito para la limpieza de las cubas, cierre de las propias barricas y crianza en las mismas durante dieciocho meses. De esta primera elaboración sólo se elaborarán 600 botellas y 150 mágnums que se venderán con la etiqueta y la firma de... Luis Peique.

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