hijos de josé llamas | Benazolve.

El vino como mandato histórico

Desde Benazolve, Bodegas Luva distribuye vinos de mesa y otras bebidas en gran parte de la provincia y desde esa plataforma comercial y sobre la base de un importante e histórico legado vitivinícola y un joven viñedo parecía inevitable una cierta actividad en torno al vino de calidad .

Hijos de José Llamas elaboralos vinos decalidad enuna bodega tradicional delas que yano quedan muchas perosí muy bien cuidadasen Benazolve.
b. fernández

Rafael Blanco

Don Juan Ísla Doménech administraba ya a finales del siglo XIX cincuenta hectáreas de viñedo ubicado en El Cervigal, dentro de una gran propiedad con otros cultivos y unas hileras de almendros que marcaban el itinerario hasta el palacete que coronaba la propiedad Monte Ísla.

Ingeniero agrónomo y terrateniente, dirigía con criterio y detalle desde su despacho en la calle Velázquez número 9 de Madrid todas las labores en la viña y en la bodega, en general en una propiedad mucho más extensa, a través de una carta semanal a su capataz y administrador, Antonio Fernández, e infrecuentes visitas a la propiedad, que incluía viveros, plantaciones y viñas y que coronaba esa casona de la que sólo se conservan algunos dibujos. Monte Isla era su refugio de estío. Un enorme capricho.

De aquella época queda esa literatura epistolar de los mandatos semanales y un buen número de curiosos documentos que ahora son también argumento para reivindicar esa zona de producción como enclave histórico y privilegiado del prieto picudo y un legado prácticamente testimonial de la viticultura.

«Vinos de las famosas Bodegas del Monte-Benazolve-León. Absolutamente puros. Carmary. Cosecheros. Premiados en los Certámenes de París y Burdeos». Una elaborada y colorista etiqueta de finales del siglo XIX con la que, entre otros documentos, se reivindica para Benazolve un protagonismo especial en el geográficamente limitado universo el prieto picudo es el escudo que ampara a quienes hoy, en nombre de esa tradición y aprovechamiento del legado cultural y patrimonial, alientan las expectativas mucho tiempo atrás generadas por don Juan Isla Doménech.

Junto a ese propiedad, silueteada en viejos documentos de carácter administrativo y sobre la que un iluso trazó en la modernidad un campo de golf, se extienden unas veinte hectáreas de nuevo viñedo.

La mitad lo cuida y administra Valentín Llamas, al frente del negocio, o más extensamente la familia, acogida a la razón social Hijos de José Llamas. De manera que entre los años 1999 y 2001 se plantaron ocho hectáreas de viñedo de las que la mitad eran cepas de tempranillo.

Hoy ya se ha corregido parcialmente ese desvío varietal mediante tres operaciones de injertado, de manera que el prieto picudo es ya algo más del 60% de la plantación. Son cepas en nuevo formato plantadas en espaldera en el horizonte de la pasada década, ocho de propiedad y siete de otros tres románticos de la viticultura… porque la práctica de esta labor allí en Benazolve, desaparecidas hace tiempo las viejas rastreras, no da para otra cosa que no sea calmar la sed de las emociones y de los recuerdos.

Llamas, que también ha sucumbido a la moda de los semidulces con el Dolce Luva de verdejo (5.000 botellas; 3,50 euros en bodega), reconduce ese caudal histórico y productivo para mantener la ilusión de la bodega propia, una cueva tradicional, y del propio vino. Bajo los criterios de calidad que exige la Denominación de Origen Tierra de León elabora un rosado de corte tradicional, que es su apuesta, un tinto por exigencias comerciales (15.000 botellas; 3,20 euros en bodega) y, desde el año pasado, un verdejo (7.000; 3.00) que abraza con la etiqueta histórica y emotiva de Monte Isla. Como si el tiempo no hubiera pasado...

Noticias relacionadas

Outbrain