FUERA DE JUEGO

Qué dañino es jugar al blanco y negro

CARLOS FRÁ

Este jueves sería muy beneficioso que las empresas demoscópicas repitiesen uno de sus habituales fiascos. Nada peor que acertasen con su predicción de empate técnico con los restos amarrados a ese amorfo puzzle de siglas ‘pode-míticas’. Sí, ‘pode-míticas’, porque allá donde tocan poder todo lo predicado se diluye cual mito.

La situación social catalana es probablemente la mejor evidencia de las consecuencias del ‘arduo’ esfuerzo realizado durante años por los laboratorios de los partidos políticos para tensar las cosas y generar una polarización que hace en ocasiones imposible incluso la convivencia entre quienes se ven obligados a cruzarse cada día en el pasillo, en la escalera o en el trabajo.

Con esa dualidad en las urnas —como lamentablemente se cerrará el escrutinio el 21-D— difícilmente se podrán reconstruir las cosas. Pero sería un error circunscribir ese problema a Cataluña, porque basta con asomarse a las redes sociales para detectar que el callejón navajero y la difamación rastrera esta a la orden del día, y lo que es muy peligroso, siempre hay un descerebrado capaz de asesinar porque no le gustaron los tirantes de otro.

Es innegable que siempre hubo energúmenos incapaces de entender términos tan sencillos y humanos como tolerar, convivir o dialogar, pero el problema de fondo es la caterva dispuesta a arrojarse al barro de cabeza con lo del ‘algo habrá hecho’, probablemente la frase que más dolor y más efectos secundarios ha tenido en la democracia española.

Ese afán por percibir sólo negros y blancos suele alejarnos de la verdad y de la Justicia. Y precisamente a esta última hay que otorgarle un margen de confianza y especialmente de tiempo que suele estar muy reñido con quienes escupen sin más miramientos.

Dos jóvenes futbolistas leoneses, acompañados por otro aún más joven de Zamora, han ido a prisión con todos los juicios hechos. De quienes ven otra ‘manada’ en el vestuario de la Arandina y de quienes se han manifestado para que los pongan en libertad. Pura presión por convencimientos personales argumentados en ocasiones por medias verdades o incluso por datos totalmente falsos. La dualidad impide ver más allá de lo que detectan los ojos.

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