TRIBUNA

El enchufado

FRANCISCO J. LóPEZ RODRíGUEZ profesor

Dícese enchufado aquella persona que obtiene un cargo por influencia. Hoy, en la democracia, los enchufes son los sistemas más comunes para colocar a los parientes: hijos, hijas, hermanas, hermanos amigos, amigas, sobrinos, sobrinas y, si coincide, la vecina. La Constitución dice en el artículo 103: 1.- La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la ley y al Derecho. 2.- Los órganos de la Administración del Estado son creados, regidos y coordinados de acuerdo con la ley. 3.- La ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos, el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad, las peculiaridades del ejercicio de su derecho a sindicación, el sistema de incompatibilidades y las garantías para la imparcialidad en el ejercicio de sus funciones.

Álvaro de Figueroa y Torres, Conde de Romanones, presidente del Senado, ministro y presidente del Consejo de Ministros con Alfonso XIII, que formó parte del Partido Liberal de Sagasta y Canalejas, acuñó la frase. “Haga usted las leyes”, “que ya haré yo los reglamentos” y a él también se le atribuye: «si no existieran hijos, yernos, hermanos y cuñados, cuantos disgustos se ahorrarían los jefes de Gobierno».

El acceso a la función publica se realiza mediante tres sistemas: Oposición, concurso y concurso oposición, independiente de los nombramientos de cargos de confianza de los Gobiernos. La democracia ha servido para que miles de personas accedan a la Función Pública mediante el llamado enchufe. No se está cumpliendo la Constitución, pero mediante triquiñuelas legislativas se ha facilitado que muchos no pasen por el filtro de la oposición pura y dura. Acceder a la Administración ha sido y es un camino arduo para muchos. Muchas personas han dejado por el camino días, meses y años de sufrimiento y de sacrificio. Unos, lo han conseguido, otros, su esfuerzo ha sido roto por la mala suerte o por el destino. Muchos funcionarios de todos los cuerpos de la Administración han robado muchas horas al sueño, se han sacrificado y alejados del mundanal ruido, en unos años o meses han llegado al cenit. Pero hay muchos que han quitado el puesto a los esforzados porque tuvieron padrino, tuvieron enchufe.

Por desgracia, en este país, no se premia a los preparados, a los mejores. Aristóteles cuando habla de la democracia dice que “la democracia es el gobierno de los mejores”. Esto es una utopía ya que los políticos han buscado no a los mejores sino a los amigos, por una parte, para tener siervos, por otra, para agradecer favores. Los puestos los ocupan los enchufados que son los amigos, los hijos, los sobrinos, etc... Y todos estos enchufados que no han hecho nada en su vida que encontraron al padrino de turno son los que nos administran. Los partidos políticos son los culpables de todos los enchufes de este país. Cuando están en poder echan la red a la caza y captura de todos aquellos que fueron fieles a la causa. No elijo por el currículo, ni la preparación, elijo por amistad, por familiaridad o por el pago de fidelidad. Creo que la mayoría de las empresas si eligieran entre esos enchufados estarían abocadas al fracaso.

Es vergonzoso ver los nombramientos que hacen los políticos para ocupar cargos directivos de personas que no han trabajado nunca, que tienen un carné y se les premia por servidumbre. Lo más indecoroso e inmoral es que los sueldos de estos enchufados sobrepasan lo inimaginable, Estamos premiando en este país al inútil y estamos depreciando al válido, al esforzado. No se premia al sacrificado profesor que soporta las incomprensiones sociales. No se premia al investigador. Ni premiamos al galeno que vela por nuestra salud. Lo criticamos y lo vilipendiamos como culpables de que no me soluciona mi problema, mi enfermedad.

Y qué decir de aquellas que ingresan en las administraciones locales, ayuntamientos, que acceden por conocer al alcalde de turno y después de muchos años se convoca la plaza ya que por años de servicio la tiene segura. Desde la democracia pocos puestos en la administración local han sido ocupados por un sistema de equidad. Concursos amañados, con perfiles adaptados al candidato enchufado, con tribunales entregados a la causa, proclives al candidato. Y todo esto se generó en la democracia. Y todo esto se amasa por los partidos. Y estos han creado una red de clientelismo que está facilitando el acceso a la administraciones a todos aquellos que tienen enchufe.

Es de vergüenza que los políticos hablen de legalidad cuando son ellos los que están cometiendo los mayores atropellos. Los políticos deben mirar hacia aquellos que se esfuerzan para conseguir un empleo público que, mediante una oposición, pura y dura, sacrifican su vida, su economía, sus horas de sueño. Que comparten con las tareas domésticas el sacrificio para asegurar el futuro para ellos y, en especial, para sus vástagos. Y después llegan las elevadas retribuciones, los privilegios, los coches oficiales, las tarjetas, etc.

El acceso a la función pública tendría que hacerse exclusivamente mediante oposición, exceptuando el sistema de concurso cuando es necesario un perfil profesional determinado que se necesita para un puesto de trabajo con una preparación especial y que esta selección se hiciera por personal totalmente ajeno al órgano convocante y que no tuviera afinidad con los políticos.

Desgraciadamente el enchufe no se va a acabar. Seguirá siendo una vía fácil para los que conocen al político, para los que tienen padrino. Pero que sepan que están cometiendo las mayores injusticias con aquellos que luchan por acceder legalmente. No sé cómo no se les cae la cara de vergüenza cuando hablen de justicia social, de igualdad, cundo ellos son los que transgreden todas las leyes y todos los principios éticos y morales. Que se acuerden de qué eran antes de estar enchufados. Por algo se dice que tenemos la peor casta política de todos los tiempos. Entran en política los avispados, no los más preparados.

Por desgracia, seguirá habiendo enchufes, porque los políticos no sirven al ciudadano, sirven a los suyos y a sus causas. Muchos que se afilian a los partidos o a lo sindicatos lo hacen como objetivo único: lograr un puesto en la Administración. Así nos va en este país. Que sigan los enchufes. Y los que preparan una oposición que sigan esforzándose. Que no se arrepientan ya que su esfuerzo podrá tener éxito y no tendrán que regalar jamones al político de turno porque la plaza la consiguieron dedicando muchas horas a su preparación porque también se accede a la Administración sin enchufe.

Outbrain