CANTO RODADO

Coraje

Vuelve septiembre con el envoltorio del mar, la montaña y el pueblo en la piel de la masa urbanita. Con ese zarpazo de realidad que encoge el optimismo acumulado por el sol y los días largos.

Ana Gaitero

Vuelve, sí, septiembre, con la bofetada anunciada de Vestas, paradigma de la globalización neoliberal que crea puestos de trabajo de usar y tirar aquí y allá. Donde más dan y mejor se dejan robar, el dinero o los derechos y si es posible la bolsa y la vida. Puestos comprados con ayudas públicas que nunca volverán. Empleos ahora arrebatados, a la desclasada clase obrera, con las garras de unos ejecutivos tan buitres como los fondos que gestionan.

No devolverán nada. Como nada se reintegró a las cuencas de los malgastados fondos Miner para una reindustrialización que ni está ni se la espera. No os molestéis, clase política durmiente, en tramitar preguntas parlamentarias ni en hacer paripés mediáticos. La suerte está echada en Vestas.

Vuelve septiembre con la Fiesta del Pastor de Los Barrios de Luna y la de los Pastores de Joarilla de las Matas. Y con la música de las cencerras desparramada por caminos polvorientos y cañadas borradas por el desprecio a nuestra cultura y economía. Ancestral sonido, el de las esquilas de ovejas, cabras y luceras, que estamos a punto de perder, como el de las campanas de los pueblos agonizantes, si no hacemos algo por remediarlo.

Vuelve septiembre con las ofrendas marianas para pedir imposibles. El timo de Biomédica, de principios de los 90, no nos sirvió de escarmiento. Después llegaron los especuladores de Antibióticos y la liquidación del carbón previo pago de cuantiosas inversiones en nuevas minas a quién sabe qué fondos de inversión.

Nos vendieron caro el falso progreso. Como esa autovía inconclusa que no tiene plazo ni fecha en el calendario para enlazar León con Valladolid y, visto lo visto, no sé si nos interesa que llegue. Podemos decir, eso sí, que Santas Martas tiene autovía. Todo un lujo para el mundo rural. ¿De qué se queja esta gente que tienen autovía y reclama sanidad y servicios?¡Como si fueran personas con derechos!, todavía dirá alguno de esos que cuadran las cuentas en los despachos.

Santas Martas no tiene tren ni tranvía, como casi todas las poblaciones que atraviesan las líneas férreas de la provincia. Da igual línea estrecha o ancha porque los trenes no paran. Y eso que se gastaron lo que no está escrito en arreglar apeaderos. El tren pasa de largo o ni siquiera pasa.

Obra mastodóntica, el cacho de autovía, que se yergue sobre la «Antigua Ciudad de León» como señala el impreciso cartel que han colocado sin indicar que Lancia fue astur y romana. Tal vez por ello sigue aplastada y oculta bajo los pilares.

A estas alturas, en septiembre, con la que ha caído en el campo después de un año de sequía, lo único que no nos pueden quitar es el coraje. La valentía de admitir que esta provincia no hay quien la arregle desde fuera. Que no nos lo arrebaten. Porque lo vamos a necesitar y en grandes dosis. Para empezar de nuevo.

Vuelve septiembre, festivo y vendimiador, con la muerte inesperada de Manu, personaje y persona entrañable del paisaje urbano de León. Conversador del día a la noche y de la noche al día. El vecino amable que daba la bienvenida al forastero y cuartelillo a la juventud rebelde. Manu, colmado de conocimientos tan variados y amigo de gentes tan variopintas como el surtido de velas, velones, licores y pastas que vendió aquellos años en Ultramarinos Colado. Te echarán de menos las calles y los cafés. Las piedras y el silencio. La gente te seguirá esperando a la vuelta de la esquina. Como a septiembre.

Vuelve septiembre y recuerdo lo que dijo el alcalde de Pajares de los Oteros en la presentación del libro de José Luis Alonso Ponga Valdesaz de/en Los Oteros. Patrimonio histórico y artístico en los pueblos del sur de León: «Miro a la cara a la cara de la gente que se queda en invierno en estos pueblos y veo coraje».

Coraje es lo que nos queda. El coraje de los pastoras. Y las pastoras. Y una provincia inmensamente rica. Seguimos rodando.

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