Diario de León

Filandón

POESÍA

El aliento habitado de palabras

ALAS LOS LABIOS Pilar Blanco Olcades, Cuenca, 2013. 114 pp.

16/02/2014 josé enrique martínez

El aliento habitado  de palabras

Con los años, el bien asentado territorio poético de la leonesa Pilar Blanco ha ido densificándose y depurándose, sin abandonar sus inquietantes preocupaciones sobre el tiempo, la vida y el destino del hombre. De modo más sucinto, estos y otros desasosiegos pueblan su nuevo poemario, Alas los labios, que comienza proponiendo un conjuro para su poesía: serenidad, que aleje su palabra de la inútil crispación, y aliento visionario para no quedarse en la realidad banal y aspirar a reinventar el mundo, a inventarlo en cada poema, pues «¿para qué las palabras/ si no inventan el mundo?».

Es la aspiración del poeta a ser un pequeño dios. Y si Jehová cifró en dos palabras (fiat lux) la creación del cosmos, no es extraño que nuestra poeta haya ido caminando hacia la supresión de lo inerte en el poema, en la línea concisa y hondamente significativa de Celan, Hugo Mújica, Valente o Ada Salas, por citar algunos. Todos ellos supieron que una palabra podía resumir el mundo y se aplicaron a concentrarlo en el abreviado universo del poema. En cita de Chantal Maillard: «Un poema puede sugerir el instante/ y en ese instante está el Universo entero». Para el poeta el mundo es lo que él nombra. Cuando Pilar Blanco dice que mira a su alrededor y solo ve palabras, está viendo el mundo que las palabras crean, el mundo visionario, imaginario, quimérico o como pueda ser llamado. «El poema breve tenía que ganar en intensidad lo que perdía en extensión», ha escrito el poeta Montale. Más aún: hay una aspiración secreta al silencio elocuente que pudiera suplir a la palabra. «Cantar de mujer sola/ que callaba», expresa Blanco; callaba para huir del bullicio y escuchar la voz, su voz verdadera. «Vivir en el silencio de los signos», expresa en otra ocasión, para no someterse a dictados ajenos.

La palabra es también espina, dardo o cuchillo para abrir grietas en el muro o en la propia conciencia. Y la poeta sabe que en la palabra se reconoce humana, pues otros antes expresaron sus mismas angustias y anhelos. Muchas otras preocupaciones alientan en la poesía de Pilar Blanco: los límites del ser humano, con la puerta como símbolo sugerente, por más que la poeta fantasee un laberinto de puertas entre las que discurre la vida, sabiendo que nada hay tras cada puerta, «tan solo el juego hermoso de buscarlo»; la posible o imposible conciliación del instante y el flujo temporal; el ignorado rumbo de la vida asomada al vacío de la inexistencia o de la nada etc., etc.

- IR A VERSIÓN ORDENADOR -

Diario de León ~ Mobile