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«¿A qué temperatura arde el espíritu?», se pregunta Manso en El Albéitar

Su 'Fahrenheit 2010' puede verse en el ateneo cultural leonés hasta el 8 de abril

manuel cuenya | leónmanuel cuenya | león
28/03/2011

 

Alfonso Fernández Manso, además de profesor de la Universidad de León en el Campus de Ponferrada, es un gran viajero por el ancho mundo que ha tenido el gusto de recorrer todos los continentes, algo que acaba dejando un poso cultural extraordinario, y que le ha permitido analizar las crisis contemporáneas a través de imágenes y palabras con una exposición que puede verse en el ateneo cultural El Albéitar hasta el 8 de abril.

Manso, que en la actualidad reside en el Bierzo, aunque es originario de Valladolid, se muestra como un analista de la realidad de nuestro tiempo y aun un filósofo de la transmodernidad. «¿A qué temperatura arde la libertad? ¿Y los ecosistemas? ¿Y la dignidad?», se plantea el artista. Y añade: «¿A qué temperatura se destruye el espíritu humano?», lo que nos devuelve, por ejemplo, a la barbarie de Auschwitz, en cuyos hornos crematorios se calcinó el alma de muchos seres humanos, lo que nos sigue produciendo espanto. 2010º F es la respuesta a todos estos interrogantes. 2010 es asimismo una metáfora, una fecha que nos ayudará a nosotros, humanos demasiado bestiales, a repensar y comprender la distopía del mundo contemporáneo.

Invitando a pensar. Una distopía que se revela como una utopía perversa, inversa, castradora, todo lo contrario a una sociedad ideal, feliz, tal como nos propusieron, desde Bradbury, con su Fahrenheit 451 (451º F, temperatura a la que arden los libros) hasta Huxley, con su Mundo feliz , pasando por 1984 de Orwell o Moore, con su Fahrenheit 9/11 y aun el propio Zamiatin, con su Nosotros , que tanto influyó en Orwell, el Gran Hermano que nos vigila, la telepantalla que nos apantalla y nos vuelve a todos monos de feria, peleles, marionetas al servicio del todopoderoso Dios-sistema-financiero. Y es que todo lo manda el dinero. Como nos dijera el lúcido Valle-Inclán en Luces de bohemia.

La exposición de Manso invita a reflexionar acerca del mundo en que vivimos y la temperatura de las distopías. Por una parte, tenemos a ese Gran Hermano que nos vigila sin descanso, mientras los primates siguen luchando a muerte para lograr su premio, el confesionario, el súper... la comuna contracultural, el hippismo reinventado, el moderno convento mixto, con matices incluso de clausura mediática... la telepantalla vigilando las intimidades... los polvos entre los simios encerrados en el zoo humano. Todo apunta a que la libertad y los libros merecen ser sustituidos por una narcótica y virtual felicidad, un supuesto bienestar construido sobre los cimientos fangosos del soma, como en Un mundo feliz , con las consiguientes inhibiciones del intelecto y las emociones (sexo sin amor y sin afecto, etc.), o bien a través de las adormideras psicodélicas (entre las que no sólo está la religión, en todas sus vertientes, como opio del pueblo, sino el fútbol, incluso el cine, la televisión, etc., la cultura/subcultura/incultura, tal como nos la venden los medios de comunicación de masas, que se encargan de decidir lo que nos gusta y lo que deseamos). Léase Apocalípticos e integrados , de Umberto Eco o El mito de la cultura , de Gustavo Bueno.

Esta exposición nos ayuda a repensar nuestra realidad: la uniformidad de la especie o la unidimensionalidad del hombre/mujer, tal como nos predijo el filósofo Marcuse, la globalización de la miseria, la debilidad y derrota del pensamiento (según Finkielkraut), el pensamiento único, la esclavitud a las técnicas y tecnologías, el servilismo al sistema caníbal, que funciona como una apisonadora.

La sociedad moderna se ve invadida de «necesidades falsas que perpetúan la fatiga, la agresividad, la miseria y la injusticia, un mundo social en el que el trabajo convierte al hombre en un esclavo del sistema.» Terrible panorama, ya pronosticado por Marcuse, Huxley, Orwell, Bradbury, entre otros. Incluso Walden Dos , la novela de Skinner, deja entrever que el ser humano no tiene capacidad de elección, y por ende no es libre.

Horario: de 12.00 a 14.00 y de 18.30 a 20.20, de lunes a viernes. Sala de exposiciones del ateneo cultural El Albéitar.

 

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