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Diario de León | Miércoles, 3 de septiembre de 2014

Cuando Rajoy era Marianín

Los años leoneses del sexto presidente del Gobierno en la democracia maduraron a un niño impecable y piadoso que brillaba en los estudios y al que le encantaba el tapeo después de misa.

MARCO ROMERO | LEÓN 19/12/2011

«Si un gallego dice sí, es quizás; si dice quizás, es no y, si dice no, entonces no es gallego. Y Rajoy tiene lo mejor del gallego». Así que es probable que el hombre de 56 años que mañana será investido presidente del Gobierno de España jamás pronuncie un sí o un no rotundos. Éste es sólo uno de los rasgos revelados por sus reservadas amistades. Porque para hablar sobre la vida de Mariano Rajoy Brey hay que dirigirse a personas poco habituadas al asalto mediático. Principalmente hay que entrar en el juicioso mundo de los registradores de la propiedad y los notarios. Es como una especie de ADN que marca a su entorno más cercano de familiares y amigos. De pequeño era metódico. Marianín, como le conocían en los colegios de León donde fue matriculado entre los cinco y los quince años, también era uno de los primeros en apuntarse a las salidas que se hacían a los asilos, incluso fue monaguillo. No fue un gran deportista, a pesar de su destacada altura. Sufrió la mofa de los que eran más bajos que él, pero tal era su perseverancia que llegó a formar parte de los equipos escolares de minibasket y jockey. «Lo suyo no eran las carreras de resistencia, pero le ponía mucho empeño a todo», en palabras del que fuera su profesor de Educación Física en los Jesuitas. Pero el chaval sin grandes habilidades para el deporte era brillante en los estudios. Y de mayor estudió Derecho y se convirtió con 23 años de edad en el registrador de la propiedad más joven de España, liderazgo que estuvo a punto de arrebatarle su hermano pequeño. En esta etapa, como en lo sucesivo, la figura de su padre ha sido determinante. Uno de sus compañeros de carrera, ahora registrador en Alicante, recuerda que el magistrado Mariano Rajoy Sobredo, padre del nuevo presidente del Gobierno, fue quien preparó a su hijo para las oposiciones. «Lo hizo antes de acabar la carrera». No es de extrañar que con este método Rajoy Sobredo consiguiera preparar a tres reputados registradores (dos hombres y una mujer) y un notario. Rajoy, el que será sexto presidente de la democracia española tras el debate de investidura que arranca hoy, tuvo como primer destino profesional Villafranca del Bierzo. Sólo ocho años después de partir de León, el destino le devolvía a este privilegiado rincón donde conoció a algunos de los mejores amigos que le ha dado la vida. Entonces vivía como un señorito de provincias: de lunes a viernes se acomodaba en una habitación del actual Parador Nacional y los fines de semana se trasladaba en su pequeño utilitario —en Villafranca creen recordar que se trataba de un Seat Panda— hasta Pontevedra, donde vivía su familia.Por eso eligió este destino. «Buscaba un sitio que estuviera cerca de Galicia, de mi familia y mis amigos», admite Mariano Rajoy en su autobiografía En confianza, publicada por Planeta. Y el registrador se hizo político. Dice un amigo personal que le empezó a entrar el gusanillo a finales de los años 80, tiempo después de cumplir la mili. Rajoy tuvo que hacer un parón de doce meses en su carrera para realizar el servicio militar. Le tocó como destino la Capitanía General de Valencia, cuya máxima autoridad era Milans del Bosch. Cumplió en octubre de 1980, sólo unos meses antes de que el teniente general sacara los tanques a la calle durante el intento de golpe de Estado del 23-F. Niño piadoso, empollón, extraordinariamente disciplinado, buen jugador del tute cabrón, socarrón cuando quiere, sereno, respetado, siempre rodeado de gente inteligente, con rigor mental. Es como le dibujan los que le conocen. «Desde luego es el hombre que fue siempre».

Primera infancia

El paseo hasta el colegio despertó su interés por el arte y la historia

Mariano Rajoy Brey es el mayor de tres hermanos y una hermana. Nació en Santiago de Compostela en 1955, pero él mismo ha contado que sus primeros recuerdos de infancia están en León. Tenía cinco años de edad cuando su padre, Mariano Rajoy Sobredo, fue destinado como titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de la capital leonesa. Su nombramiento fue publicado en octubre de 1960. «Vivía en la sede actual de la Audiencia Provincial, donde había viviendas para el juez decano, para le presidente, para el fiscal jefe y para el agente judicial», recuerda el senador leonés Juan Morano Masa por lo que tantas veces ha escuchado en boca del que considera «un buen amigo».

El padre del nuevo presidente del Gobierno fue un reputado juez. Hay varias referencias en la prensa de la época acerca de los casos instruidos de manera impecable por este juez que después llegaría ser presidente de la Audiencia Provincial de Pontevedra. Una de las notas más llamativas reproduce la cena-homenaje que le dieron sus compañeros de profesión cuando cambió de destino en 1970. En una de las pocas entrevistas concedida hace años por parte del padre de Mariano Rajoy admite que, entre los conocidos de aquella época, estaba Juan Rodríguez Lozano, padre del presidente del Gobierno saliente José Luis Rodríguez Zapatero. Rajoy Sobredo era juez y Rodríguez Lozano era abogado, por lo que la coincidencia no es extraña. «Nos tratamos mucho. Amigos íntimos no éramos, pero enemigos tampoco. La verdad es que nos conocíamos mucho y a nivel personal nos llevábamos muy bien», dijo hace tres años el padre de Rajoy.

Era la época en la que Mariano había sido matriculado de Maternales —ahora Infantil— en el Colegio Las Anejas de León. En aquel momento era el centro con las instalaciones más novedosas de la ciudad puesto que acababa de ser inaugurado. No quedan recuerdos de su paso por estas aulas. Tan sólo la dedicatoria que María Cruz Martínez, actual directora, y María Gracia, jefa de estudios, consiguieron en el libro de firmas del colegio cuando Rajoy dio su último mitin en León. «A mis amigos del Colegio Las Anejas con todo mi afecto y cariño. Mucha suerte», escribió.

En su segunda infancia, Rajoy ingresó en el colegio de las Discípulas de Jesús, congregación en la que también estudiaría cinco años después José Luis Rodríguez Zapatero; curiosamente dos presidentes del Gobierno consecutivos con la misma formación. Estas monjas ocupaban un edificio antiguo y de aspecto serio. León era una ciudad pequeña, en la que todos se conocían. Iba caminando al colegio —en la calle Pablo Flórez— y en ese trayecto siempre ha mantenido a los suyos que fue donde comenzó su interés por el patrimonio artístico y la historia. La diferencia de edad no le hizo coincidir en clase con Papes, como entonces llamaban al pequeño Zapatero. Pero esta coincidencia sí se dio con Enrique, hermano pequeño de Rajoy que estudió en el mismo nivel que Rodríguez Zapatero. Enrique Rajoy Brey es hoy registrador en Cáceres, aunque ha sido imposible comunicar con él para este reportaje. Eran años en los que los hermanos Rajoy cambiaban cromos en la plaza de Botines, donde se reunía el chavalerío tras la misa dominical. Eso sí, después de colaborar como monaguillos en la celebración religiosa.

El adolescente larguirucho

El clásico empollón que le bastaba con las explicaciones de clase

A los diez años hizo su examen de ingreso al instituto. Siempre ha recordado que aquello impresionaba un poco. Estaba nervioso y preocupado. «Era la primera vez que me encontraba solo fuera de mi entorno familiar y dependía exclusivamente de mí mismo. Aquello me costó pero fue muy formativo», escribe en su autobiografía. Ni que decir tiene que aprobó sin problemas y que entró en los Jesuitas. Allí estuvo hasta los quince años. Es la etapa donde se pueden encontrar más testimonios y recuerdos sobre Mariano Rajoy. Muchos de sus compañeros de clase, equipo de deporte y profesores le recuerdan perfectamente como un «empollón». Ninguno dice estudioso, sino empollón, lo que puede dar idea del rigor de Marianín ya durante sus primeras responsabilidades.

Entre sus compañeros de clase están Enrique Álvarez Mejorado y Cecilio Garrido: «Era el clásico despistado, pero le valía con las explicaciones de clase para sacar matrículas de honor, sin tener que estudiar después. Eso sí, se pasaba el día en el pasillo, como casi todos». «Era sanote y responsable». Un autobús escolar les recogía a las ocho de la mañana y les dejaba en casa a las ocho de la tarde. Los Jesuitas siempre han sido una congregación dedicada a la enseñanza, por lo que uno de sus valores esenciales era pensar equilibradamente en los pros y los contras de las cosas. «De ellos aprendí dos cosas importantes: conocimientos y ganas de aprender, y en segundo lugar, la importancia que tiene el respeto a las reglas del juego, las consecuencias positivas del orden y los principios», comenta Rajoy en sus memorias.

Su profesor de Educación Física y sus compañeros de clase, entre los que también se encontraba el ex alcalde de Riaño Uberto Alonso y los hermanos Quique y Luis Valmaseda, recuerdan a un Marianín larguirucho, mucho más de lo habitual a su edad. Eso le valió ser pivot del equipo de minibasket en el colegio. También era aficionado al ciclismo, deporte que todavía practica hoy. El fútbol, aunque le gustaba, no era su fuerte. En lo demás, todo sobresalientes, menos en dibujo. Fue buen lector de niño y de adolescente. Leía a Emilio Salgari, Julio Verne, Enid Blyton, pero sobre todo clásicos castellanos. Se dice que de aquellos años le queda un especial recuerdo de La vuelta al mundo en ochenta días, que hoy comenta con sus hijos. Le tocó estudiar francés y latín. En todo era bueno. En realidad, en casi todo. «Una vez nos fuimos de excursión —contaba su amigo Enrique Álvarez en una entrevista del 2004—. Era a Madrid. Nosotros nos quedamos hablando con unas chicas y perdimos el autobús de vuelta. Tardamos casi dos horas en llegar hasta el Escorial andando». Por aquella época, Rajoy ya tenía un pequeño margen de maniobra para salir con sus amigos y visitar los domingos Patatas Blas, donde se reunían muchos adolescentes con el aliciente de las gigantescas tapas de patatas fritas.

Leandro de la Sierra fue su profesor de Educación Física. Siempre ha dicho de Rajoy que fue un «alumno excelente» y «muy buena persona». Nadie sabe cómo, pero hace cinco años, cuando Leandro se jubiló como profesor en los Jesuitas, llegó un fax de Mariano Rajoy con un sentido mensaje que concluía diciendo: «Para el profesor que tanto me aguantó».

El rito dominical del tapeo

Un butano, calamares y patatas fritas en los bares del Cid

Cuando Mariano Rajoy habla de León y recuerda sus años de adolescente en esta ciudad siempre recuerda la ilusión que le hacía ir a tomar el aperitivo el domingo con sus hermanos Mercerdes, Enrique y Luis —el único que no es registrador, sino que es notario—. Lo tomaban en el bar La Viña, que se encontraba en la calle del Cid. Calamares y patatas fritas con un butano, que es un vaso corto de naranjada. Primero iban a misa a San Marcelo, luego a tomar el vino y después a comer a casa. Seguramente un caldo gallego de su madre, Olga Brey. Rajoy recuerda que el frío de la ciudad les obligaba a colocarse un pasamontañas para protegerse. Lo hacía cuando acudía en invierno al bar para ver los partidos de fútbol acompañado por su padre. Eso hasta que compraron su primer televisor, un aparato en blanco y negro que concitaba en su casa a más de un amigo.

Luego estaban los veranos

Los días de playa forjaron grandes vínculos entre primos hasta hoy

Como toda familia bien de provincias, los Rajoy Brey pasaban los veranos en la playa. Los primeros años fue en Villagarcía de Arosa y luego en Sanxenso. Todo el día al aire libre, bañándose en el mar con los amigos, con sus primos y hermanos, y montando en bicileta. En el grupo ya se encontraba su primo Agustín Rajoy, concejal en el Ayuntamiento de León y al que le une un extraordinario vínculo. Una de las cosas que más les divertía era plantar, cerca de la playa, una pequeña tienda de campaña que sus padres y tíos les dejaban para dormir por las noches. Era la época de Los Brincos, Los Bravos, Los Beatles. Rayaban los discos de tanto ponerlos. A veces todos los primos iban a pescar. Por la mañana cogían las lombrices y por la tarde pescaban con caña lo que en Galicia llaman «robalizas» (lubinas). Con los años, el padre de Rajoy fue destinado a Pontevedra y tuvieron que volver a mudarse, dejando en León parte de la familia. Su primo Agustín, aun con el paso de los años, sigue siendo invitado a eventos familiares, como el celebrado en Pontevedra en el que se nombró Hijo Predilecto de la ciudad al abuelo, Enrique Rajoy Leloup.

Universitario ideal

Profesores y compañeros hablan de uno de los tres jóvenes más brillantes de su promoción

Mariano Rajoy estudió Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela. Allí coincidió con reputados juristas del panorama actual. Uno de sus profesores, el catedrático José Manuel Otero Lastres, asegura que había unanimidad entre el profesorado sobre los tres currículum más brillantes de toda la facultad de Derecho: Mariano Rajoy, Angel Rebolledo, actualmente catedrático de Derecho Civil en Santiago de Compostela, Francisco Millán, diplomático y cuñado de Rajoy.

Y se hizo registrador

Villafranca del Bierzo le recuerda como un hombre hecho y derecho

El último año de carrera —estudió Derecho en Santiago de Compostela—, Mariano Rajoy empezó a preparar las oposiciones de registrador de la propiedad. Sacó la oposición y se convirtió en el registrador más joven de España, con 23 años de edad. Eligió como destino Villafranca del Bierzo. Luis Núñez del Blanco fue alcalde de este municipio de 1975 a 1979 y de 1983 a 1987. Cuando Rajoy llegó al pueblo, él y su hermano trabajaban en el registro. «Era un joven sosegado, pausado; tenía la letra jorobada, pero en aquel momento era normal porque los libros se inscribían con pluma y se cosían a mano». Vivía allí de lunes a viernes y el sábado se iba a Pontevedra. No solía alternar. Vivía en lo que hoy es el Parador Nacional de Villafranca, entonces uno de los albergues más acomodados que había en la localidad. Tenía un pequeño coche, pero tampoco era muy hábil en la conducción. Núñez del Blanco todavía recuerda que Rajoy tuvo que pagar una farola que se cargó con su utilitario. Años más tarde tendría un accidente más grave en las carreteras gallegas. De aquel siniestro le quedan secuelas y cicatrices, especialmente en la cara. Desde aquel momento lleva barba. De la etapa villafranquina le quedan amigos como José Luis Yebra o Fernando Trigo Portela, también registrador.

Trigo Portela fue el sucesor de Rajoy en el registro de Villafranca del Bierzo. Por casualidad, un cuñado preparó la oposición con Rajoy. Desde entonces son muy amigos y se ven de vez en cuando. La última vez fue en Madrid en el mes de marzo. «En aquella etapa estaba soltero y su única preocupación era la oficina. Lo llevaba perfectamente y era un hombre muy respetado por todos. Yo me encontré un registro muy bien formado y preparado para la informatización». Este registrador que ejerce en Alicante es una de las personas del entorno de amigos que probablemente mejor conozca a Mariano Rajoy. Asegura que será un buen gestor, que tiene capacidad para ello y que siempre ha sabido rodearse de gente inteligente. «Pero la herencia que recibe es tremenda». Rajoy, como dice su amigo, aprendió de los Jesuitas que «las cosas se consiguen con trabajo y esfuerzo, así que Mariano es idóneo para este momento». Mariano Rajoy Brey será a partir de mañana el sexto presidente del Gobierno de España desde las once investiduras de la democracia.

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