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de locos a personas con derechos

Un cuarto de siglo cumpliendo sueños

La asociación de familares, amigos y enfermos mentales de León cumple 25 años con la inauguración de la residencia, un sueño que se hace realidad después de siete años de obras ralentizadas por la crisis .

 

Un cuarto de siglo cumpliendo sueños - JESÚS F. SALVADORES

26/03/2017

ana gaitero | león

Se reunían en las cafeterías cuando la reforma psiquiátrica empezó a ‘expulsar’ a gente de Santa Isabel. «No nos imaginábamos qué hacer con nuestros enfermos. Ni Diputación ni Caja España se hacían cargo y todo era un caos: no teníamos información y estábamos muy preocupados».

Ascensión Sedano tenía a su marido ingresado en el viejo manicomio y vivió la creación de Alfaem desde el minuto uno. Ahora es la presidenta. El próximo 11 de abril se cumplen 25 años de la constitución formal de un colectivo que ha pasado «de la ayuda mutua a la profesionalización de la atención a las personas con enfermedad mental», afirma la gerente, Rosa Conde.

Un total de 1.038 personas son atendidas en los diferentes programas que desarrolla el grupo Alfaem a través de sus tres ‘patas’ —Alfaem Salud Mental León, la Fundación Alfaem y Alfaem La Senda, su centro especial de empleo— que suman 99 trabajadoras y trabajadores. Pocas empresas hay en León que rocen el centenar de personas empleadas.

Son 25 años derribando muros mentales y sociales y otros tantos arrimando el hombro para la construcción de la nueva red de atención en salud mental en León. La nueva residencia de Alfaem en Las Ventas, después de siete años de largas obras ralentizadas por la crisis, pone el broche de oro al cumpleaños, aunque los retos se renuevan a diario «con cada persona» que llama a sus puertas.

Charo es una de las residentes que estrenó el nuevo servicio en julio. Era un caso prioritario que estaba en lista de espera desde casi dos años atrás. «Vivía con mi hermano y no hacía nada, me había abandonado. En Alfaem he notado un cambio exagerado: me han entrado más ganas de vivir y de salir adelante».

«Ha sido una liberación y Charo ha mejorado mucho», comenta su hermano. Con el trabajo y sin más apoyo en casa no podía atender a todas las necesidades de una persona con gran dependencia, que precisa ayuda para vestirse y ducharse.

Marifé Soriano, recepcionista, vive en uno de los pisos  de Alfaem Salud Mental León. JESÚS F. SALVADORES
Una residente arregla su cama en el nuevo alojamiento para personas con enfermedad mental. JESÚS

Más allá de sus necesidades de cuidado, a Charo le ha cambiado la vida. Después de años rodando por la calle, ahora se siente rodeada de «gente que me quiere», afirma con esa mirada suya que se clava en el alma de fuerte y sincera que es. Esta mujer de 49 años ha encontrado un lugar en el mundo. «Yo era politoxicómana. Empecé a los catorce años y hacía a todo», confiesa. La enfermedad mental vino después. No sabe muy bien cuando, aunque la muerte de su hermano a consecuencia de las drogas es uno de los tormentos que visitan su mente. Pasó por diferentes programas de rehabilitación, cumplió dos años de prisión de por un intento de atraco y logró normalizar su vida en Asturias. Tras la muerte de su madre sufrió una recaida y fue cuando su hermano se hizo cargo de ella. Pero no dieron con el lugar adecuado hasta que una amiga les habló de Alfaem en León.

La residencia cuenta con 44 plazas y desde julio hasta ahora se han cubierto de manera progresiva. Son 18 hombres y 13 mujeres que proceden casi en su totalidad del área de salud de León, excepto dos casos del Bierzo. Un total de 20 personas llevaban largos años ingresadas en el hospital psiquiátrico Santa Isabel.

Al igual que el resto, que proceden de otras residencias, de una vivienda tutelada en Ponferrada y de su domicilio, han sido derivadas al por el equipo mixto provincial formado por la Gerencia de Servicios Sociales, los servicios de Salud Mental de Sacyl y las corporaciones locales que gestionan competencias sociales en la provincia.

La nueva residencia no es un mero alojamiento, ni un dispositivo sanitario. Es un lugar para «vivir con calidad y con una atención integral» de las personas con discapacidad por enfermedad mental. La promoción de la autonomía personal es su máxima, al igual que en los restantes servicios de Alfaem y dispone de programas de habilidades sociales, estimulación congnitiva, integración comunitaria, ocio y tiempo libre y atención individualizada, apunta su directora, Vanesa Granja.

Lectura y creatividad en el programa diario. JESÚS F. SALVADORES
La 'Resi' ya es todo un símbolo de la residencia. JESÚS F. SALVADORES

Las 44 camas se distribuyen en cuatro unidades de convivencia, con 36 habitaciones individuales y cuatro dobles. Los colores amarillo, azul, verde y rosa elegidos para cada unidad sirven de orientación y dan calidez al nuevo hogar. «Representan las estaciones del año. En el área verde, de la primavera, se encuentra también la cocina que, además de servir para abastecer al centro cuenta con una cocina de entrenamiento porque, salvo excepciones, las estancias son temporales y se busca que las personas puedan integrarse de nuevo en sus domicilios, en pisos supervisados o independientes», explica.

Es un centro residencial con contenido rehabilitador, aunque siempre habrá personas que por su grado de deterioro o porque carezcan de apoyos externos necesiten de más tiempo. La mayoría de las personas residentes —22 de 31— tienen entre 40 y 60 años, seis cuentan con menos de 40 años y tres han cumplido los 60 aunque no pasan de los 65.

La idea es que las personas mayores, si logran un avance sustancial, también tengan la opción de ir a un centro residencial de la tercera edad. Lejos de los guetos y ‘almacenes’ de personas que se descubrieron cuando se abrió la caja de pandora de la reforma psiquiátrica, la atención gira en torno a la atención de las necesidades de las personas y el desarrollo de habilidades para potenciar sus capacidades.

Por eso el perfil profesional del personal (27 de plantilla) es muy variado —educadores, psicóloga, técnicos de atención sociosanitaria, cocinero...— aunque algunos residentes siguen llamando ¡enfermera, enfermera! a cualquiera de las profesionales que ven con uniforme en la residencia. «Hay personas que han pasado veinte años en Santa Isabel y les choca que no haya personal sanitario, pero tenemos una coordinación importante con los dispositivos y la red de salud mental», para evitar tanto las urgencias como las recaídas en la medida de lo posible.

En la residencia también trabajan ocho personas con discapacidad por enfermedad mental, como Marifé Soriano Espinosa, la recepcionista.

A sus 59 años por fin consigue trabajo. «Estaba cansada de hacer cursos y prácticas», explica. Hace dos décadas que vive con la enfermedad mental. «Me ingresaron en el hospital y alguien me habló de Alfaem», cuenta. Fue a la asociación por su propio pie y voluntad y empezó a hacer cosas en el taller ocupacional: bisagras para puertas y ventanas, trabajos de costura, manipulados... Hizo de todo con sus manos. También pasó por diferentes empleos con el apoyo de del programa de itinerarios personales de Alfaem «Ya tenía ganas de un trabajo normal», añade.

Los estudios de secretariado que hizo en su juventud y las capacidades que ha ido desarrollando convirtieron a Marifé en la candidata idónea para el puesto. Ahora es la «dueña del megáfono» como dice la directora, medio en bromas, medio en serio.

De su tenacidad y ganas de salir adelante da cuenta el hecho de que hace cinco años se decidiera a sacar el carné de conducir. Y lo consiguió. «Es que en todas partes me pedían el carné para trabajar y dije, pues venga, a por ello», explica.

El trabajo con las personas con discapacidad por enfermedad mental se realiza en talleres y a nivel individual. JESÚS F. SALVADORES
El ejercicio físico es otra de las tareas cotidianas en la residencia de Alfaem. JESÚS
Charo y su hermano José con la chapa de los 25 años de Alfaem. JESÚS 

Marife reside en una vivienda supervisada de Alfaem. Su horario laboral está a punto de terminar y marcha a comer. «Anoche hizo la comida una compañera», aclara, pues en los pisos se turnan para hacer las tareas domésticas y comparten gastos para la compra.

También en la residencia se fomenta el autocuidado de las personas, en la medida de sus posibilidades. José Mariano no sólo se hace su cama, también decora la habitación a su gusto. No quiere fotos y cualquiera que vea cómo tiene decorada su habitación se hará una idea de la fuerte personalidad de este hombre de 58 años que sufre esquizofrenia desde su juventud. Su historia es un libro abierto sobre el drama de la enfermedad mental grave y el aliento que ha supuesto el nuevo enfoque sociosanitario de la atención. «Yo cumplí los 27 años en una cama de Santa Isabel. Fue muy duro porque aquello no era lo que es ahora: antes era un manicomonio, ahora es un psiquiátrico», afirma.

A medida que habla recuerda más detalles de su internamiento. Era el final de la primavera de 1985. Lo sabe bien porque su cumpleaños es el 13 de junio. «Estuve un mes y un día», recuerda. Un tiempo que suena a condena y en el que en el centro, asegura, «todo lo hacían los que se consideraban auxiliares y tampoco lo eran». No recuerda al personal de enfermería.

José Mariano llegó a Alfaem de la mano del doctor Ortega hacia el año 2000. «Era el jefe de psiquiatría y después de un ingreso en el hospital me dijo: Pásate por allí». Recuerda una sede cerca de la plaza de la Inmaculada —actualmente están en la plaza de las Cortes— y sobre todo «el apoyo y la ayuda» que ha supuesto para poder seguir viviendo con la enfermedad.

El pasado 24 de agosto ingresó en la residencia. «Me ha servido para salir del pueblo y ubicarme», admite. Todavía le cuesta trabajo salir a la calle y estar con gente. Confiesa que echa de menos el mar, pero no aún no se ve con valor para romper el muro de su ágorafobia y animarse a hacer un viaje a la costa.En la residencia tiene amistades y gente que le quiere. «Recibes lo que das», dice este hombre que en su tablón de avisos particular escribe frases como ésta: «No es lo mismo que tener nombre que renombre».

Él no quiere renombre ni fama después de 32 años luchando con la enfermedad mental. Lo ha soportado. Le han ayudado, pero él es el protagonista de su resistencia. De los cuidados que dio a su madre mientras vivió. Ahora es su padre, un hombre nonagenario, quien le visita alguna tarde. Viene a León en taxi desde el pueblo. «El enfermo como cuidador de sus familiares es una situación que se da con frecuencia de lo que nos imáginamos», apostilla la gerente del grupo Alfaem.

Profesionales de la residencia con la gerente y la presidenta. JESÚS F. SALVADORES

El impacto que la enfermedad mental tiene en la familia es otra de las vertientes que han movido a Alfaem desde los primeros tiempos. «En mi casa fue un derrumbe total, nadie esperaba que me pasara porque yo era una persona normal», explica Mariano. «Lo pasaron mal aunque yo he salido adelante», añade. Primero no había información y los choques emocionales a veces eran tan fuertes que «la familia en vez de ayudarte te fastidia más», matiza.

Un camino de rosas y espinas, como ha titulado Mariano un libro que aún no ha pasado a la imprenta. «Son mis vivencias y pensamientos, lo que me sale de dentro». Escribía desde que era adolescente, pero los estudios no fueron valorados en un hogar donde se veía la urgencia de trabajar para ganar el pan.

Ascensión Sedano, presidenta de Alfaem desde hace más de 15 años, recuerda que los primeros programas que se pusieron en marcha en la asociación fueron de autoayuda y la psicoeducación familiar. «Se daba la medicación y no te decían nada más y había que hacer algo más», recuerda.

Luego vino la etapa en que los familiares, y la propia asociación, tuvieron que recurrir a residencias privadas no especializadas para dar cobijo a personas que no tenían otro recurso familiar a su alcance. La puesta en marcha de la red de alojamiento alternativo en

La residencia es uno de los sueños que durante 25 años ha construido Alfaem Salud Mental León para dignificar la vida de las personas con discapacidad por enfermedad mental. La entidad se ha extendido por la provincia a través de los servicios que presta en Ponferrada, Astorga y Villablino.

En León capital la entidad presta un total de 743 servicios a través de los programas de promoción de la autonomía personal (466), el centro de día de ocupación laboral y empleo La Senda (210), las viviendas supervisadas (36) y ahora el centro residencial (31).

El centro de día ocupacional La Senda de Alfaem tiene 80 plazas autorizadas y está pendiente de ampliación. JESÚS F. SALVADORES

En Ponferrada, se prestan 232 servicios. El programa de autonomía personal llega a 137 personas, el centro ocupacional El Valle y el programa de empleo a 79 personas y las viviendas supervisadas dan alojamiento a 16. En Astorga y en Villablino se imparte el programa de promoción de la autonomía personal que llega a 40 y a 23 personas respectivamente.

Y más allá de las cifras están las personas y los cambios en el enfoque de la atención a la salud mental. La Junta reconoce en el último decreto sobre atención sociosanitaria el papel del movimiento asociativo, aunque sea de forma tímida.

Quienes han estado a su frente saben lo que han sido las luchas. Ahora recogen los frutos: «Son 25 años de sueños cumplidos, aunque quedan muchas cosas por hacer», señala la gerente Alfaem Salud Mental León, Rosa Conde. «Escuchando necesidades y empatizando nos han ayudado a poner en valor las capacidades de las personas sobre sus limitaciones», agrega.

Y saber que más allá de la oscuridad de un diagnóstico, hay luz. Los retos pasan por ampliar la red de viviendas para personas independientes, con más baja exigencia y un piso de entrenamiento. Seguir con los cursos de certificación sociosanitaria que actualmente forma y tiene contratadas a 9 personas contratadas a media jornada.

La ampliación del centro de día en las instalaciones cedidas por la Diputación en San Cayetano y prestar más atención al empleo dentro del proyecto de vida de las personas con discapacidad por enfermedad mental también forman parte de esa lista. Al igual que preparar a las personas ahora acogidas «para que salgan de la residencia hacia una vida más independiente» es el objetivo central del nuevo recurso que está en marcha en León desde julio.

«Queremos que la ciudadanía tenga conciencia de que Alfaem es un recurso abierto a tantas familias que están en casa con su enfermo y aún no han dado el paso de pedir ayuda fuera», señalan. Alfaem Salud Mental León ha sido una pieza clave en derribar tabús y convertir en personas con derechos a quienes hace tanto sólo tres décadas se les encerraba por locos.

   
1 Comentario
01

Por un peatón por León 14:42 - 29.03.2017

Esa gente pequeña, que hace grandes cosas.