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MARÍA MARCOS SALVADOR. COMISARIA PROVINCIAL DE LEÓN

«Denunciar es duro, pero el silencio no resuelve el maltrato»


14/05/2017

 

ANA GAITERO | TEXTO.
F. OTERO PERANDONES | FOTO

Pasaron 155 años desde que se creó la policía en España hasta que entraron las primeras mujeres, en 1979, en el cuerpo y 190 hasta María Marcos Salvador (Villafáfila. Zamora. 1961) rompió el techo de cristal en la Comisaría de León. La seguridad del 50% de la población de la provincia y una plantilla de casi 600 policías y funcionarios, depende de esta mujer menuda, de sonrisa amplia y paso firme que se hizo policía por casualidad y acertó: «No tengo tradición familiar, pero un pariente cercano quien me dijo, estando en la universidad, que había oposiciones y que podían entrar mujeres». Más tarde, se graduó en la Universidad Autónoma de Barcelona en Prevención y Seguridad Integral y Gestión de Riesgos. Se especializó en gestión pública y lleva a gala, y con humor, su talante austero: «Es que soy de Villafáfila y catalana». Tiene una hija y su marido, un ponferradino, también es policía.

—Cuando solicitó el traslado a León, ¿valoró que fuera una provincia tranquila?

—No valoré nada porque no solicité el traslado. El director general de la Policía me dijo que tenía que venir destinada aquí y me pareció muy bien.

—¿Qué visualizó al oír León?

—León lo conocía porque mi marido es de Ponferrada y tener aquí amigos era una ayuda.

—«Cuenten conmigo como comisaria, como mujer y como leonesa». Lo dijo hace tres años al tomar posesión. ¿Está cumpliendo expectativas?

—Como comisario siempre es difícil. Cualquier profesional quiere hacerlo siempre lo mejor posible. Yo me esfuerzo. Como mujer, he procurado sentirme parte de la sociedad y como leonesa me han hecho sentir que soy una más.

—¿Cómo se vive llegar a una ciudad pequeña como León cuando se viene de Madrid y de haber sido directora del CICO?

—Cualquier destino nuevo es un reto. Mi vida profesional se ha desarrollado en su mayor parte en dos grandes ciudades, Barcelona y Madrid, aunque también estuve destinada algún tiempo en Pamplona que es una ciudad también mediana. No ha sido muy diferente.

—A la luz de aquella etapa ¿Qué radiografía puede hacer de la mafia en España?

—La mafia se circunscribe a un determinado país, nosotros lo llamamos crimen organizado. Hace más de cinco años que no estoy en ese puesto, eso lo tiene que decir el actual director.

—¿Y en su época?

—En general todos, la trata de seres humanos, el tráfico de drogas, el blanqueo de capitales... Todos son importantes y todos son peligrosos para la sociedad.

—¿Qué significó para usted poner en marcha este centro?

—Fue un hito muy importante para la seguridad porque supuso la coordinación de la inteligencia con los gabinetes especializados que ya existían. Para mí como policía supuso un desafío personal y profesional.

—¿Se toma en serio en la Policía el tema de la explotación sexual teniendo en cuenta la visibilidad que hay de los burdeles?

—Para nosotros siempre ha sido un objetivo prioritario, pero tenemos que tener en cuenta que la prostitución en España no es un delito, es delito el proxenetismo y la trata. Detectar y conseguir llegar a finalizar una investigación y la condena es muy difícil. A veces las propias víctimas ni tan siquiera son capaces de reconocer la situación. Llegan a estar tan amenazadas, tanto ellas como sus familias, aparte de la deuda que creen que han contraído, que algunas veces no son capaces ni de salir. Lo primordial es la prevención y luego la actuación con las víctimas.

—¿Ha cambiado la mentalidad de la policía en este tema?

—Ya hace muchos años que se lucha contra el delito de proxenetismo, cuando aún no estaba tipificado el delito de trata.

—¿Cómo ha encajado la sociedad leonesa a una mujer al frente de un puesto tradicionalmente masculino?

—Me he sentido muy bien y muy aceptada. Sobre todo por las señoras mayores que me han parado por la calle para felicitarme: ‘Muy bien, hija’, ‘Muy bien, así nos gusta: una mujer’. Tengo anécdotas de los primeros días en León de señores que me veían de uniforme y me paraban para saludarme.

—¿Ha cambiado mucho la Comisaría de León con usted?

—No puedo valorar el cambio de cómo estaba antes y cómo está ahora. Los cambios que hemos hecho (programa Séneca, localización de vehículos, transformación del SAF en Unidad de Atención a la Familia y la Mujer) vienen dados por la propia Dirección General de Policía. Es cierto que todos imprimimos un estilo al equipo al que nos incorporamos, con algo bueno y algo malo. Pero son mis compañeros quienes lo pueden decir mejor.

—¿Cómo mujer aporta algo diferente?

—Cada uno lo hace diferente, pero no por ser hombre o mujer. Influyen los destinos que has tenido, lo que hayas estudiado... Estamos en un cuerpo jerarquizado y las órdenes se cumplen, pero es buena la diversidad y que haya cambios. Que un comisario no permanezca mucho tiempo en un destino y los equipos no sean siempre los mismos. Así es como nos hemos adaptado al cambio en la Policía en 193 años de historia.

—La plantilla de policías de León se ha rejuvenecido ostensiblemente. ¿Qué ha supuesto para la seguridad?

—El rejuvenecimiento es lo mejor que puede ocurrir, siempre manteniendo un equilibro con la veteranía. En León ahora estamos en ese punto ideal. La media de edad está en unos 44 años, y eso quiere decir que la proporción entre juventud y veteranía es la adecuada. No sería bueno tener una plantilla recién salida de la escuela.

—¿Qué porcentaje de mujeres hay en la plantilla?

—Estamos como a nivel general, un 20% más o menos.

—Pues parece que son más.

—Somos una minoría pero estamos repartidas en todas las áreas y somos muy visibles. La secretaria general de la Comisaría de Ponferrada es una inspectora. Hay otra en la Brigada de Policía Científica, y otra más Extranjería, la jefa de la UDEV es una mujer, al igual que la jefa de los Grupos de Atención al Ciudadano —los zetas que se ven por la calle— es una inspectora. En Astorga también hay una inspectora. Ahora mismo en León, estamos en todos los sitios.

—Siendo una minoría hay una presencia notoria de mandos, algo que aprovechan ahora las series televisivas. ¿Están más motivadas para la promoción?

—Lo que pasa es que no hay ninguna restricción para acceder a la promoción. En la Policía no vamos por antigüedad, sino por oposición pura y dura. Creo que más que una cuestión de género es que somos una profesión muy competitiva, para la investigación y para el trabajo. Se vive todo muy deprisa, estamos siempre muy alerta y se valora mucho el ascenso.

—En la policía no hay machismo, entonces.

—Existirá, pero, en cuanto a promoción a las pruebas me remito: he llegado y he ascendido en paralelo con mis compañeros. No ha habido distinción.

—En 1982 era una rareza ver mujeres en la Policía.

—En mi promoción entramos cinco mujeres en una oposición restringida. Nos presentamos muchísimas, pero sólo dejaron cinco plazas para mujeres. Tuvimos la suerte de que la Escuela de Policía de Ávila era nueva, los profesores eran muy jóvenes y nos trataban con absoluta naturalidad. Incluso el comisario, un hombre un poco más mayor, que era el jefe de régimen interior, no le recuerdo ni paternalista ni lo contrario. Nos trataba como uno más.

—¿Qué le dijeron en casa?

—Les pareció estupendo. Mi madre nos inculcó a los tres hermanos que teníamos que ser independientes y la independencia económica viene por primero por el estudio y luego por el trabajo. Le gustó de verdad. Y mi padre, encantado de la vida, entre otras cosas, porque es bombero. Sólo me dijeron: «Pues vas a tener que estudiar mucho. Siempre, siempre conté con su apoyo».

—¿Cómo ha influido en su labor la llegada de una mujer a la Subdelegación del Gobierno y otra a la Audiencia?

—Teresa Mata y Ana del Ser son unas personas entrañables y me vanaglorio de tener muy buena relación con ellas. Es verdad que tengo que trabajar en los ámbitos y es muy fácil trabajar con las dos.

—¿Qué estereotipo detesta de la Policía?

—Que le digan a un niño que si se porta mal, llaman a la Policía. Nuestro fin último es ayudar y proteger a toda la sociedad y a todas las personas. A todas. Con independencia de quienes sean y de dónde vengan.

—¿Cuáles son los puntos críticos de León desde el punto de vista de la criminalidad?

—Muy parecido a cualquier lugar. El mayor número de delitos son los robos y lo que es llamativo son los timos. El toco mocho y la estampita son habituales y con mucho dinero, sobre todo a las personas mayores. Hay menos lesiones y el tema de la violencia de género, en fin, que está también en todas partes.

—En León los timos tienen un filón con tanta población mayor. ¿No hacen algo para prevenirles?

—Lo hacemos. A través del plan director del Mayor tenemos contacto con asociaciones de vecinos y de todo tipo porque como policía judicial forma parte de nuestras competencias.

—¿Se resuelven?

—Son muy difíciles de resolver, porque es gente que hoy está aquí, mañana en La Coruña y pasado en Cádiz.

—¿Qué le diría a una mujer que no se atreve a denunciar por miedo?

—Comprendo que tengan miedo y todas las razones que puedan tener. Es muy duro hacer una denuncia por malos tratos, pero el silencio no resuelve. En la Policía vamos a poner todos los medios a nuestro alcance para ayudar y proteger a esa mujer y con sólo llamar al 091 es suficiente, actuamos de oficio. Ni siquiera tiene que poner denuncia. También pueden denunciar otras personas conocedoras de la situación. Eso es muy importante.

—¿Hay tantas denuncias falsas como dice algunos?

—El porcentaje de denuncias falsas es mínimo en ese tema. Y no lo digo yo. Lo dice la Fiscalía y la judicatura. Hay muchas denuncias falsas en otros delitos.

—¿Qué pensó cuando supo que las primeras detenidas por el asesinato de Isabel Carrasco eran familia del jefe de la Comisaría de Astorga?

—Fue todo impactante desde el primer momento. Cuando supe quién era la víctima por ser una persona influyente en León y porque la conocía. Cuando supe que las dos detenidas eran la esposa y la hija y luego cuando supe que la tercera detenida era una policía local... Me preguntaba a dónde iba a llegar todo. Menos mal que León era una ciudad tranquila.

—Y para rematar, el policía que hace el seguimiento a Montserrat había estado a las órdenes del padre de Triana.

—Bendita casualidad que Pedro Mielgo pasara por allí y que hiciera una actuación policial impecable porque hizo el seguimiento.

—Una actuación muy cuestionada en el juicio, al igual que la de otros policía. ¿Cómo se lleva una situación así?

—Con serenidad. Trabajamos lo mejor que podemos y sabemos, lo llevamos al proceso penal, continúa el trabajo cuando en la vista oral prestamos declaración como testigos y termina cuando se conoce la sentencia.

—¿Y qué vinieran unos policías de Burgos a dirigir el caso?

—Nadie vino a dirigir. El caso fue dirigido por la jefa de la UDEV (Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta).

—De apoyo, entonces

—Participó mucha gente no solamente de León. Lo mismo que cuando tenemos que custodiar un partido de la selección o se hace una operación de tráfico de drogas o de trata. O en el caso de la peregrina de Astorga. La Policía es nacional, todos colaboramos y yo no estoy sola, tengo detrás a toda la organización.

—El caso de la peregrina dejó en evidencia la rivalidad entre Policía y Guardia Civil.

—No fue así, aunque se dijeron muchas cosas. Para hacer una detención hay que tener pruebas y hay que preservar la investigación. Rivalidad, ninguna, cada uno tenemos nuestra competencia y hay trabajo para todos.

—El caso Carrasco, ¿ha sido el caso más complicado de su vida profesional?

—No. Ha habido otros más complejos. Diría que ha sido el más peculiar.

—En la serie Muerte en León se dice que hay unas llamadas de Triana a un alto cargo de la Junta que nunca se investigaron.

—Eso es lo que dice ese programa. Yo no puedo hablar de las investigaciones.

—¿Le dieron la medalla al mérito policial con distintivo rojo, o sea pensionada, por ello?

—Para nada. Esa medalla me la dieron año y medio después y no tuvo que nada ver. Se les dio la medalla por este tema, un año antes que a mí, a la jefa de la UDEV y al policía jubilado.

—¿Qué medalla lleva con más orgullo? No me diga que todas.

—La medalla que más orgullo te da es cuando un ciudadano te da las gracias por el trabajo que has hecho. Es es la mejor.

—Ahora que es comisaria principal ¿León es un lugar de paso o un sitio para quedarse?

—León es un lugar maravillloso para vivir. Yo siempre estoy a disposición de la Dirección General de la Policía.

—¿Qué huella querría dejar?

—Que no me olviden, pero que no sea por lo malo.

 

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