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cumpleaños amargoEl CCAN encara los 40 años con un desalojo

El ‘Cancán’ tiene vida de gato

El CCAN tiene de plazo hasta mañana para desalojar la buhardilla de la casona de Puerta Castillo, sede del club desde que alquiló el inmueble en enero de 1975 .

 

ana gaitero | león
15/01/2012

—«¿Qué pinta ahora el CCAN?», pregunta un fundador.

—«Muchísimo: aparte de la oferta cultural, que es amplísima, acoge a todo tipo de gente», responde Pati Casas, la impulsora del comedor vegano, uno de los últimos proyectos gestados bajo la penumbra protectora del Club Cultural de Amigos de la Naturaleza.

El CCAN encara su 40 aniversario en una encrucijada. La emblemática buhardilla de Puerta Castillo asiste, más fría que nunca, a la mudanza del club a un destino incierto. No suena la música ni se enciende la estufa. El Ayuntamiento de León les echa después de dos años con el contrato de alquiler prorrogado por silencio administrativo. Las negociaciones, iniciadas en la etapa del pacto PSOE-UPL, no cuajaron. Ahora el PP aplica el «reglamento vigente». Mañana expira el plazo dado por el Ayuntamiento para desalojar la buhardilla. El CCAN ha interpuesto un recurso de reposición y esta tarde celebra una asamblea para decidir su futuro inmediato.

Tres generaciones de sueños libres y decenas de proyectos, cientos de actos culturales, políticos y sociales, personajes de renombre y anónimos despreciados en la calle; poetas, músicos, payasos, teatreros y titiriteros, ecologistas, feministas, pintores, comunistas clandestinos, socialistas bailones, y hasta algún socio con carné del PP han ascendido a los cielos del CCAN desde que el 13 de enero de 1975 se instaló en este local, entonces propiedad de Catalina Fernández Llamazares, esposa de Víctor de los Ríos.

«Iba a ser mi casa, porque quería independizarme. Al final decidimos que la buhardilla era el local idóneo para el CCAN», recuerda Nana Montañés, socia fundadora y maestra de ceremonias en la reunión celebrada el 7 de octubre de 1972 en un piso de la calle Obispo Almarcha. La casa de Ricardo y Loli. Mientras Luis Sáenz de la Calzada, Justino Burgos, Antonio López Peláez y Ricardo Vega Martínez firmaban el acta fundacional, un nutrido grupo de personas asistían al nacimiento del CCAN. Se cuidó que ninguno de los que daban la cara estuviera «fichado» por la temida brigada político-social. Luis Sáenz de la Calzada, compañero de Federico García Lorca en el grupo de teatro La Barraca y uno de los leoneses que pasaron por la Residencia de Estudiantes, fue presidente del club hasta 1981.

El objetivo era formar «una plataforma ciudadana antifranquista, para que la sociedad estallara por todas partes», recuerda Vega. Era la estrategia del PCE, muñidor del proyecto. Se descartó reproducir tal cual el modelo de clubes de la Unesco que se había puesto en marcha en otras ciudades como Oviedo «porque ya había muchos y andaban (la policía) detrás de ellos», agrega. «Le pusimos el apellido de naturaleza porque los pajaritos no asustan a nadie. Luego alguien se dio cuenta de que esto nos podía limitar y se antepuso el apelativo de cultural», apunta.

El «Can Can» echó a andar con estas mimbres en un local de la calle Cipriano de la Huerga, en San Claudio. La buhardilla se convirtió en un hervidero cultural y político-social. En abril de 1975 se inauguró con una exposición de pintores leoneses. Había un cuadro de Modesto Llamas, un hombre de espaldas que en la cabeza tenía un llamador. «Muy simbólico...Sí, es el llamador del destino que llama, contestaba Modesto al delegado de Información y Turismo», recordaba Roberto Merino en el 20 aniversario.

Amelia Valcárcel, filósofa y consejera de Estado, recuerda muy bien esta exposición y en particular los cuadros surrealistas. A sus veinte y pocos años, recién licenciada, pasó por León, donde estudió dos años y luego dio clase, aquella Semana Santa. Poco después fue invitada al club junto con otras mujeres a ofrecer una conferencia sobre feminismo. «El CCAN era un lugar muy vital que abría las puertas a que la gente se sintiera parte de la comunidad. Por allí entró el ecologismo, el feminismo, el pacifismo y me gustó mucho que entre los que exponían la mayoría fueran gente del lugar», apunta.

Montones de cosas prohibidas. «Era un sitio donde pudimos hacer montones de cosas que estaban prohibidas», recuerda Carmen Paniagua, entonces estudiante y hoy profesora de la Universidad de León. Era una «tapadera» y poco a poco empezaron a ebullir en la olla todo tipo de colectivos (Urz, Flora Tristán... en la primera etapa; Amigos de María, Cogale, en los últimos años). Las movilizaciones contra la central nuclear proyectada en Valencia de Don Juan se gestaron en el Cecán. «El Club dio la alarma al Ayuntamiento con un fabuloso informe de Olga Castrillo, Carmen Paniagua y Pepa González», apunta Nana Montañés.

En la buhardilla se presentó la Junta Democrática y el CCAN recibió el Pimiento de Oro en el Bierzo, como reconocimiento a la difusión del patrimonio leonés a través de una serie de reportajes publicados en DIARIO DE LEÓN. El libro de Gómez Moreno, un inventarió de 1906 del patrimonio de la provincia, sirvió de cicerone para visitar y dar a conocer las joyas leonesas. Juan Carlos Ponga y Luis Pastrana escribieron los reportajes. «En el club encontré a mis mejores amigos. El grupo de arte somos todos amigos», apunta Ponga, partidario de que se ceda local al CCAN en la casona cuando se rehabilite.

—¿Hay ahora necesidad de lucha?, interroga de nuevo el socio fundador. Y responde: «Hace falta un tejido ciudadano fuerte para resistir a los dos partidos mayoritarios, que conculcan la Constitución permanentemente». Es Manolo Jular, el pintor. El desalojo, recalca, «va en completo acuerdo con la actitud del PP: ataque frontal a todo lo que signifique cultura y más si es cultura popular».

Alfredo Vidal, músico y otro histórico, deja claro que el CCAN, «no sólo es necesario, es vital»: «Nació como revulsivo ante una dictadura sangrienta e inculta» y «en los momentos actuales ha de hacer frente a una dictadura no menos despiadada: la de los mercados».

La buhardilla ha dado el relevo a nuevas hornadas de jóvenes. Igual que los artistas de diversas épocas han redecorado la escarela: Rodera, Juan Rafael, Ampudia, Alex Sáenz de Miera, Caetano, Pablo Parra, Silvia Díez Chica, Javier Ordóñez, Iván Ugidos, Sara Berjón... «El CCAN ha sido un local fetiche», apunta el escritor Vicente Muñoz, uno de los impulsores del ‘fancine’ Vinalia Trippers, cuya vida, 15 años, ha corrido pareja al club. «El Cecán ha sido un refugio. Yo tengo una deuda personal y literaria con este espacio» al que los poetas bendijeron con sus versos en la despedida de Nochebuena. «El CCAN ha sido, fue y es una plataforma para la gente con inquietudes creativas. Me produce indignación y pena que el Ayuntamiento arremeta contra toda una institución cultural cuyo calendario de actividades no creo que sea superado por ningún organismo oficial», sentencia Muñoz.

«Quien crea que aquí se venía a beber y a fumar únicamente tiene una idea muy simplista», agrega. Pero resulta que quien tiene esta idea es precisamente el Ayuntamiento. Es el argumento de la concejala Belén Martín-Granizo para descartar la futura reubicación del CCAN en el edificio restaurado, que tendrá espacios culturales aparte del centro de interpretación del León Romano. «Les hemos ofrecido otros espacios para sus actividades culturales en las mismas condiciones que otras asociaciones», agrega.

El club niega la mayor y alega que las corporaciones anteriores estaban de acuerdo en el retorno, aunque no hay nada escrito. El CHF no les parece una opción para sus 40 años de cultura. Denuncian el trato de favor a otros, como el club Peñalba cuyo Casino ocupa terrenos municipales. «El Laboratorio Social —antiguo Laboratorio Pecuario ocupado en noviembre— constata la necesidad de espacios autogestionados en la ciudad», apunta otro socio.

Polémico ambigú. El ambigú se abrió en 1980 «como un recurso para mantenerlo» cuando «llegó la libertad y cada colectivo buscó su propia sede», apostilla Nana Montañés. Manolo, Aurora, Rafa y Charo «hicieron un trabajo fenomenal y nunca se perdió el horizonte cultural», agrega. Los sucesivos contratos con la barra están supeditados a la actividad cultural. Películas, teatro, conciertos... Por aquellos años se presentó «Las estaciones provinciales» de Luis Mateo Díez, hoy laureado escritor y académico de la Lengua. Agustín Delgado, José Mª Merino, Julio Llamazares, José Carlón, Escanciano... también presentaron libros en el CanCán antes de ganar la fama. Y hubo autores de culto, como Agustín García Calvo.

El Teatro Corsario, con Fernando Urdiales, puso en escena «Háblame como la lluvia y déjame escuchar», de Tenesse Williams. Se apoyó la plataforma contra el campo de tiro de El Teleno y las movilizaciones contra el pantano de Riaño. El 15-M no nació en el CCAN, pero Democracia Real Ya «vino aquí en busca de un espacio» en mayo. Fue al único colectivo al que dieron las gracias.

La buhardilla fue el primer sitio de León donde se pinchó «salsa». Manolo y Rafa crearon escuela con sus discos. Tocaba a menudo la Orquesta Polar Antártica y nació «La Orquestina del CCAN». Años después, durante el 20 aniversario, debutó La Faria Olé Star, versión cazurra de la legendaria y neoyorquina Fania All Stars. El cuarto de atrás sirvió de local de ensayo para otros grupos. Y custodió la Comicoteca, una de las mejores de España con más 4.000 ejemplares, hasta que se dejó en depósito en El Albéitar para disfrute colectivo mediante un convenio con la Universidad de León.

«El CCAN es una institución juvenil y predominantemente cultural. No es una organización ni un centro dirigido, sino nacido y crecido espontáneamente con una actividad que me parece francamente necesaria», agrega el poeta y premio Cervantes Antonio Gamoneda. Aparte de sus intervenciones, su recuerdo más vivo es el concierto del violoncheslita Carlos Piera.

«Aquí manda el pueblo y el gobierno obedece», reza una pintada en la entrada. Parece que el lema caducará antes de que el tiempo o los artistas libres lo borren. Pero no los sueños. Todos confían en que el CCAN no termine aquí su vida: «Cambiaremos de local, pero la idea de club permanece», apunta Vidal. Y entre los músicos circula una versión del clásico de la Fania: «Dijeron que el Cecán había muerto...pero no es verdad. Tenemos vida de gatos y duela a quien le duela hay Cecán para un buen rato...».

   
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