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Y enséñame a leer en la diversidad

 

19/12/2010

Espíritu áspero. Poesía reunida (1965-2007)

Agustín Delgado. Prólogo de Juan José Lanz. Trama Editorial, Madrid, 2010. 576 pp.

JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ

Ya con el 2010 coleteando hacia su final, aparece uno de los libros poéticos más significativos del año: Espíritu áspero. Poesía reunida (1965-2007) , de Agustín Delgado. En Filandón nos hemos ido ocupando de sus libros y de su poesía, otorgándole el peso que merece en la lírica actual, dentro de la cual parecía que la de Delgado ocupaba un lugar marginal o periférico. Confiemos en que la reunión de su obra toda en un hermoso tomo de más de quinientas páginas la empuje definitivamente hacia el lugar central que por derecho propio le corresponde. A ese avance hacia el centro contribuye considerablemente el aprecio crítico mostrado por Juan José Lanz, que en 2005 publicó un estudio formidable sobre la revista Claraboya , de la que Delgado fue fundador e ideólogo. De ahí que cualquier estudio referente a Delgado haga alusión a aquella aventura que entre 1963 y 1968 alentó nuevos impulsos líricos, dio voz a la generación joven, planteó nuevos modos de entender la relación de la poesía con la realidad, etc., etc. Es un capítulo que Lanz sintetiza en el prólogo a este Espíritu áspero que recopila la poesía de Delgado en su totalidad. El prólogo de Lanz, como todos sus estudios sobre poesía y poetas contemporáneos, es excelente y buena puerta de entrada a la lectura directa del poeta. Quizá las líneas más interesantes sean aquellas en las que traza la poética de Delgado, que puede entenderse como un «proceso de constante indagación lingüística, de constante cuestionamiento de los modelos en que el poder se muestra y oculta a través de estructuras lingüísticas consolidadas, a través de los moldes poéticos establecidos». Es un proceso que avanza desde el «espíritu áspero» y el «discanto» (canto divergente, negación del canto principal), al «sansirolés», género lírico instituido por Delgado, breve frente al retoricismo del poder, investigador frente al discurso consabido, complejo frente a la simpleza asumida, siempre en el límite entre el decir y el silencio, entre el espíritu áspero y el espíritu lúdico y mofador.

Delgado ha estructurado el conjunto de su poesía en varias partes. La primera, «De la diversidad (1965-1980)», responde a la primera recopilación de su poesía en 1982; la segunda recibe el nombre de «Ciclo de Sansirolés (1981-1985)», con tres libros, Sansirolés , Mol y Zas ; la tercera parte se reduce al libro ¿Y? , de 2007; finalmente, una addenda recoge Las coplas de Fidelio . El profesor Lanz recorre críticamente cada uno de los libros, empezando por El silencio , que con Nueve rayas de tiza (1968) y Cancionero civil (1970) «constituye un tríptico narrativo crítico de la realidad española de la época». Aurora boreal (1971) apunta a un cambio poético que se cumple con Espíritu áspero (1974) y se materializa en Discanto (1983): contención expresiva, depuración lingüística, carencia de elementos narrativos, densidad conceptual, cuestionamiento del propio discurso. Todo camina hacia el sansirolés: enigmas, alusiones crípticas, collage, juego verbal, ironía, crítica, burla... Por ese camino, ¿Y? desinfla lo consabido para imponer otra manera de poetizar en la que vale la sorna y el sarcasmo para denunciar indirectamente la banalidad de los discursos del poder.

«Poesía disidente» llama Lanz a la de Delgado. No cabe mejor definición. Siempre a la contra, su poesía disiente de los discursos de cada momento para instaurar otro que refuta aquellos o los niega, los disuelve, los anula o los silencia. Todo con una voluntad de investigación permanente en torno a los límites del lenguaje y de la propia poesía.

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