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El error de los yihadistas en Alcanar evita la mayor masacre de Europa

Los terroristas iban a atentar el jueves con tres furgonetas cebadas con ‘madre de Satán’.

 

Bomberos trasladan bombonas de butano de la casa donde se produjo la explosión. JAUME SELLART -

21/08/2017

M. Sáiz-Pardo | Madrid

Un error fatal para los yihadistas pero providencial para Barcelona, que aun así terminó sufriendo el zarpazo terrorista en las Ramblas, pero que se libró de tres atentados simultáneos de muchísima mayor envergadura que el atropello masivo del centro de la ciudad condal y del ataque de Cambrils. Los expertos del Area de Desactivació d’Artefactes Explosius Tedax-NRBQ de los Mossos d’Esquadra tienen ya evidencias que apuntan a que la célula falló en el «ultimísimo paso» de la fabricación en el laboratorio de la casa de Alcanar (sur de Tarragona) del potente explosivo que iban a distribuir en las tres furgonetas que habían alquilado y con las que pretendían atentar el mismo jueves pasado o, a lo sumo el viernes, en tres lugares emblemáticos de la capital catalana.

Según revelaron mandos de la investigación, los terroristas no podían haber aplazado mucho más allá los atentados porque el potente explosivo con el marchamo del Daesh que pretendían usar (TATP, triperóxido de triacetona, más comúnmente conocido como peróxido de acetona o ‘madre de Satán’) pasadas 24 horas pierde parte de sus cualidades, al margen de volverse mucho más inestable. Estos plazos coinciden con las confesiones de Mohamed Houli Chemlal, el único superviviente de los tres o cuatro terroristas que la noche del miércoles fabricaban por tandas el TATP y que se salvó porque, en ese momento, no se encontraba en el improvisado ‘laboratorio’. Las estimaciones iniciales de los Tedax («todavía sujetas a precisiones») apuntan a que la noche del miércoles en la casa Alcanar estalló algo menos de un kilo de ‘madre de Satán’. Esos cálculos, a su vez, son «coherentes» con los planes de la célula de los yihadistas de distribuir el centenar de bombonas de butano y propano (hasta ahora se han recuperado 130) que almacenaban en la vivienda y que no deflagraron en la explosión en las tres furgonetas que ya habían alquilado a la empresa Telefurgo. Según los artificieros del cuerpo autonómico, en cada vehículo deberían ir una treintena de bombonas que serían activadas por entre 250 y 300 gramos de TATP. Para conseguir esa cantidad de explosivo, la tarde-noche del miércoles los terroristas tenían que haber repetido una treintena de ocasiones la peligrosa operación de sintetizar el explosivo, ya que de una tacada no se puede extraer más de unos 30 gramos de polvo. En la fosa séptica de la casa de Alcanar los agentes han recuperado un innumerable número de filtros de café que los terroristas estaban usando para depurar el explosivo en muy pequeñas cantidades.

Y cada una de esas maniobras —apuntaron los Tedax— es extremadamente delicada por la inestabilidad del explosivo, especialmente sensible al calor y la fricción. Y —señalan sin género de dudas los especialistas— fue en uno de estos movimientos, durante una noche especialmente cálida, cuando estalló la mortal mezcla, provocando que los terroristas improvisaran los atentados de las Ramblas y Cambrils y aprovechando que ya tenían las furgonetas en su poder.

Seis meses

Las imágenes de los peajes de la autopista cercanos a Cambrils, muestran ya a uno de los terroristas (cuya identidad no ha querido ser desvelada por los mossos) el pasado 10 de agosto con la furgoneta recientemente alquilada en Santa Perpetua de Moguda, viajando en dirección sur hacia el cuartel general de la célula en Alcanar. Las mismas cámaras de seguridad han grabado los continuos viajes a esa misma casa a través de la AP-7 de los terroristas en el Audi A3, propiedad del detenido Mohamed Aalla, que luego fue usado para el atentado de la madrugada del viernes en Cambrils. La revisión de esas cámaras de seguridad ha permitido conocer a los investigadores que la casa de Alcanar estaba siendo usada por los terroristas desde hace al menos seis meses, aunque los yihadistas seguían residiendo en su lugar de origen, la localidad gerundense de Ripoll, para no levantar sospechas.