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«He venido a León a escuchar»

El ministro de Educación visita cinco aulas del instituto Lancia

 

Los estudiantes de Música interpretan el Himno de la Alegría ante Ángel Gabilondo. - norberto

s. c. anuncibay | leóns. c. anuncibay | león 09/11/2010

Ángel Gabilondo obvió ayer cualquier discurso de corte político durante la visita al instituto Lancia. Sabía que las divisiones maniqueas son el mejor de los somníferos para quienes viven aún lejos de este tipo de debates. Quiso saltar al coso de la educación, entrar en las aulas y conocer la opinión de los profesores. El domingo hizo lo mismo con los padres en la clausura del Encuentro Estatal de Ceapa. «He venido a León a escuchar», afirmó.

Llegó al centro perseguido por la habitual cohorte de cargos públicos. Estaban el consejero del área, Juan José Mateos, la directora provincial, Mercedes Fernández y el responsable de Planificación, Ordenación e Inspección Educativa, Emilio Gutiérrez; también le esperaban el delegado y subdelegado del Gobierno, Miguel Alejo y Francisco Álvarez, respectivamente; el representante de la Junta, Eduardo Fernández; y los concejales del PSOE, María Rodríguez, Miguel Ángel Fernández Cardo e Ibán García del Blanco.

Los saludó al llegar, charló con ellos un par de minutos escasos y se arrimó al director del instituto Lancia, Secundino Llorente, y al responsable del ramo en el Ejecutivo autonómico. Junto a ellos visitó cinco de las clases de este centro, donde estudian unas 450 personas y existe un plan específico para erradicar el fracaso escolar. «Algunos de nuestros alumnos reciben clase por la tarde de Ciencias, Inglés, Lengua o Matemáticas», le explicó Secundino Llorente al ministro mientras charlaban con los estudiantes de 2º de ESO. Ninguno tenía quejas pese a la insistencia de Gabilondo por conocerlas. Javier Estrada, profesor de inglés, intentaba tranquilizar a sus alumnos. ¿Tenéis alguna pregunta? repetía el director. Finalmente uno de los estudiantes rompió el silencio. «Yo quiero que me firmes un autógrafo», gritó. «Pensé que el famoso era mi hermano Iñaki, no yo», contestó el ministro.

La responsable del gabinete de prensa se acercó al chico, le pidió la dirección y le prometió una fotografía personalizada.

Salieron de este aula y entraron en la del tercer curso. Miniportátiles en cada una de las 23 mesas. Aquí sí hubo alguna queja. «La conexión va demasiado lenta», trasladó el profesor José Vicente. Gabilondo asintió y asumió que ésta es una de las cosas que deben mejorarse para aprovechar el programa Escuela 2.0, Red XXI en Castilla y León.

Preguntó a los escolares si les ayudan las nuevas tecnologías para aprender. Dijeron que sí; tenían la lección bien aprendida. «Es más divertido», coincidieron.

También entró en el aula de Biología. Allí esperaba el docente Florentino Bayón. «Qué te parece tu trabajo», demandó uno de sus alumnos. «A mí me parece muy exigente, pero debe de tener algún atractivo cuando un montón de gente quiere ocupar mi puesto», respondió. Les recordó la importancia de la educación y felicitó al director del centro por «tener unos profesores tan implicados». «Desde hoy soy hincha de este instituto y pediré sus resultados académicos», expuso. Antes de proclamarse admirador del Lancia, acudió a 2º de bachillerato e interrumpió la clase de inglés. «Amar y cuidar mucho el lenguaje», predicó. «Tenéis la suerte de poder formaros en idiomas», aseguró después. Él tuvo que admitir que no maneja el inglés.

La última parada, después de una hora de visita, lo llevó al aula de Música. Ana Belén López ensayaba con un grupo de 17 alumnos el Himno de la Alegría, o novena sinfonía de Beethoven. «¿Creéis que me voy a marchar sin escucharlo?». Sonó la trompeta, las flautas, el xilófono.... Y después los aplausos. «Lo han hecho bastante bien», valoró la profesora. «Vais a ser las estrellas de León», asintió él.

Tocó despedirse. La misma cohorte lo acompañó hasta el coche. Gabilondo dejaba atrás dos días en León, dos días en los que estuvo «cerca de los padres, los profesores y los centros».

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