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el decano de la prensa leonesa

Una historia escrita a diario

El Diario de León cumple 110 años siendo, cada día, un referente informativo, un espejo de la vida y de las inquietudes de los leoneses que desde siempre ha velado por defender los intereses de esta tierra.


03/02/2016

 

PABLO RIOJA | LEÓN

«Una necesidad social». Así definía el periodismo uno de los primeros artículos que empaparon las páginas del hoy decano de la prensa leonesa. Era un 3 de febrero de 1906 y aquella necesidad se convirtió casi en obsesión para aquel grupo de ‘gallitos’ que, bajo la dirección de Eloy Blanco del Valle, llegaron dispuestos a comerse el mundo retratando la historia de un León que a partir de entonces se escribiría a diario. Ahora, 110 años después, este gigante de la comunicación camina con pies de plomo reinventándose una y otra vez para que colarse en cada casa continúe siendo eso, una necesidad social.

Con la consigna de defender los intereses de la Iglesia y de España dentro del humanismo cristiano, el Diario de León se hizo un hueco en una sociedad ávida de cambios, de ideales que no siempre terminaron por llegar. Isaac Martín Granizo recogería el testigo de Blanco del Valle al frente del rotativo que, por aquel entonces, ya tiraba en torno a los 1.700 ejemplares. Sus cuatro páginas daban preferencia, sobre todo, a ingeniosas consignas publicitarias, de manera que la información, recogida en gacetillas, parecía algo complementario. Y es que los anunciantes tuvieron claro desde el principio cuáles eran las preferencias de los leoneses. La instalación en 1916 del primer teléfono, que respondía al número 110, y la incorporación dos años más tarde, como colaborador, de Carmelo Hernández Moros, Lamparilla, constituyen hitos en la historia del decano. ‘El divino sordo’, apodo por el que también se conocía al periodista leonés más popular de todos los tiempos, fue la referencia de la saga de los Pinto Maestro, Filemón de la Cuesta, Pérez Herrero o Victoriano Crémer. Genios sin lámpara cuyos deseos por contar la verdad de lo que sucedía se contagiaron como la mejor de las pandemias.

Nadie dijo que el camino iba a ser fácil y en 1917 Diario de León iba a vivir una de sus primeras crisis, en ese caso por culpa del papel y el racionamiento de la tirada. Hecho que afectó especialmente al periódico de 1919 a 1921 porque la Sociedad de Tipógrafos reclamó un aumento salarial del 50% para los que ganaban seis pesetas diarias y del 60% para los que percibían menos. Las huelgas de 1931 volvían a impedirle salir a la calle, lo que también ocurriría en vísperas de la Guerra Civil. La contienda trajo consigo el relevo provisional de Filemón de la Cuesta. Lo sustituyó Antonio González de Lama, y bajo la tutela de éste el periódico consiguió sobrevivir a duras penas. La sede fue asaltada por el Frente Popular y requisados sus medios para fines militares. Después desempeñarían los cargos de director José Luis Pérez Herrero, de nuevo González de Lama y Marcos Oteruelo, ya en las décadas de los 60 y los 70.

Un grupo empresarial, Sarpe, asume el reto del cambio. Por primera vez desde su nacimiento, el Obispado queda en minoría en la propiedad. En abril de 1973 se abandona la imprenta, que desde Gutemberg apenas había evolucionado. Los cajistas, las linotipias y la rotoplana dejan paso a una nueva técnica de la que el Diario de León fue casi pionero en España, pues en su momento sólo había cuatro periódicos en todo el país que hubieran adoptado el nuevo sistema de impresión denominado offset. Con la pequeña rotativa canadiense Ghost se acababan aquellas planas interminables de plomo en las que había que ir añadiendo o quitando líneas hasta completar el espacio dado, y se abría paso un nuevo método de trabajo en el que tenía cabida un personaje que hasta entonces no existía en los periódicos: el diseñador, también llamado maquetista. Se encargaba de dibujar cada página y establecer los elementos que iban a tener cabida en ella. El primer diseñador que tuvo aquel DL de pequeña cabecera casi cuadrada y manchada de rojo fue Luis Infante, periodista salido de la Universidad de Navarra que en la última década del siglo XX sería director del diario deportivo Marca.

De aquella, la plantilla del Diario se nutría de periodistas y colaboradores como Marcelo Martínez Aláez, César Trapiello o Ángel Herrero Conde. Una vieja guardia a la que pronto se sumarían nuevas caras como las de Manuel Antonio Nicolás, Carlos Bernal y Pedro García Trapiello, sin olvidar a José Luis Aguado y a Eduardo Carbajo, quienes junto con el fotógrafo Fernando Rubio eran todo el personal de una redacción a la que ese verano llegaron para hacer prácticas Antonio Núñez y Camino Gallego, esta última aún hoy redactora jefe y artífice de que muchas de las tradiciones gestadas intramuros de la redacción no caigan en el olvido. No hay Navidad sin Pobrín ni Semana Santa sin su limonada a media tarde.

Mayor de edad

La década de los 70 supuso un antes y un después para un periódico que se hacía mayor echando la puerta abajo. Dicen algunos de los históricos que han pasado por aquí que fue el momento clave en el que dejó atrás aquella vieja imagen de hoja parroquial cuyo sambenito seguiría colgado durante mucho tiempo entre un sector de la sociedad. Con Alfredo Marcos Oteruelo no sólo había llegado el offset a León, sino también un concepto nuevo de periodismo hecho por periodistas. Titulados en la Escuela Oficial y, posteriormente, en las facultades de Ciencias de la Información, tuvieron cabida en la nómina, pero además se buscaron colaboradores de importancia y así se podía encontrar en sus páginas las firmas de Francisco Umbral, Bernardino M. Hernando, Jesús Torbado, José Antonio Carro Celada, César Aller o Ernesto Escapa, por citar algunos. El 6 de noviembre de 1973 Javier Olave Lusarreta toma posesión del cargo de director. Con sólo 26 años, fue el director más joven de un periódico en España. En esta etapa se moderniza la presentación de los contenidos, pero sobre todo se destaca el rigor informativo, aumentando considerablemente la credibilidad.

Con Olave se vive una etapa política apasionante que sobre todo olía a Transición. La libertad de expresión era un peaje a veces demasiado caro. Casi cuatro años justos después de su llegada, se marcha a Madrid Javier Olave y pasa a desempeñar la dirección Íñigo Domínguez. Mantiene la misma estructura, si bien potencia algunos aspectos como las corresponsalías en las principales localidades de la provincia y la redacción del Bierzo. Eran, sin embargo, tiempos muy difíciles para el Diario de León, injustamente sometido por el franquismo, como tantos otros periódicos, a la despiadada competencia desleal de la llamada Prensa del Movimiento, o más sutilmente Medios de Comunicación Social del Estado, que en León tuvo su expresión en el diario Proa (que luego adoptaría la cabecera de La Hora Leonesa) respaldado por el Gobierno y generosamente mantenido por los Presupuestos Generales del Estado. El final de siglo prometía un Diario de León libre, en formas y fondo, que ahora se hacía en la calle Pablo Flórez, junto a la Catedral. Una Pulchra que sin duda lucía mucho más bella que hasta 1975.

otro reto importante

La década de los 80 supuso un cambio importante en la historia del Diario de León. Deja la presidencia del consejo de administración Ángel Panero, en aquella época también presidente de la Federación Leonesa de Empresarios. Lo releva el también constructor Servando Torío de la Heras. Cesa Íñigo Domínguez (que pasaría a dirigir La Gaceta de Salamanca) y asume la dirección en funciones Fernando Aller González, con la consigna de aumentar el prestigio del periódico ante el reto que se avecinaba con la subasta de los Medios de Comunicación Social del Estado. El reto fue superado con creces. En marzo de 1984, Diario de León acude en solitario a la subasta y compra La Hora Leonesa por 130 millones de pesetas. Dos meses después el periódico adquirido echó el cierre. El Diario se traslada a la sede de La Hora, en la calle Lucas de Tuy. La utilización de la nueva rotativa lleva consigo el abandono del formato tabloide y la impresión en el actual tamaño asabanado. Fernando Aller dirigió en los seis primeros meses de 1984 uno de los cambios más profundos que ha registrado el Diario de León. Por ejemplo, se sustituyó la cabecera por la actual letra gótica. El impulso supuso también un aumento importante de la paginación, pasando de 24 a 40 páginas diarias.

rumbo a trobajo

Antonio Vázquez llega a la presidencia del consejo de administración a finales de los 80 y con él uno de los grandes cambios que habría de sufrir el periódico, una nueva redacción en Trobajo del Camino. Sede que todavía hoy es testigo de la actividad diaria de redactores, fotógrafos, técnicos y personal de administración. Si las paredes hablasen contarían mil secretos que no tendrían más recorrido que la propia puerta de la calle, pero que escenifican el ser de una de plantilla donde no caben las relajaciones.

La nueva redacción supuso asimismo otro cambio de imagen del periódico, con nuevo sistema editorial y una rotativa sueca Solna, más rápida, con más paginación y que posibilitaba la introducción del color. Este periodo extraordinario adquiere una nueva dimensión con la integración del periódico, en el año 1997, en la Corporación Voz, cuyo buque insignia es La Voz de Galicia. El 3 de febrero de 2006, el Diario de León se hace centenario con el impagable bagaje de haber sido referencia insustituible y testimonio clave de un siglo de la vida de León.

Los tiempos parecen correr más que nunca. Internet se expande cambiando las reglas de la comunicación sin previo aviso mientras la redes sociales se asoman aún tímidas dispuestas a marcar una nueva era. El papel sigue presente sí, pero lo digital gana terreno. En 2007, el empresario leonés José Luis Ulibarri compra el periódico relanzándolo definitivamente hacia un futuro prometedor. Bajo la dirección de Pablo R. Lago desde verano de 2010, el decano de la prensa leonesa afronta tiempos difíciles. La crisis económica que asola a España se hace notar con fuerza en la capital. Pero, lejos de arrugarse, el Diario capea el temporal con rigor y el esfuerzo de toda la plantilla. La publicidad, termómetro infalible que mide la salud de cualquier medio de comunicación, sufre su particular calvario. Toca atarse los machos, bajar al barro como nunca antes. Y aunque toda pelea deja sus heridas, el Diario de León puede presumir de haber aguantado el tipo como pocos periódicos locales y nacionales en todo el país.

En junio de 2013 se abre otra página en la historia del Diario de León. Joaquín Sánchez Torné asume la dirección del periódico dispuesto a relanzarlo una vez más. La cifras de ventas demuestran pronto su acción. El decano reafirma su liderazgo con 135.000 lectores cada día. El asesinato de Isabel Carrasco, ex presidenta de la Diputación, en mayo de 2014, supone uno de los momentos informativos más relevantes de toda la historia del rotativo.

De nuevo el Diario de León se convierte en referente no sólo para los lectores, sino para el resto de medios de comunicación, que encuentran en el decano de la prensa leonesa el faro informativo a seguir.

Una luz que promete no apagarse —al menos— durante los próximos 110 años.

 

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