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PRESIONES ANTES DEL DEBATE

La hora previa más tensa

Puigdemont cambió su discurso sesenta minutos antes del inicio de su comparecencia y encendió los ánimos en el independentismo.


12/10/2017

 

cristian reino | barcelona

La jornada del martes en la Cámara catalana pasará a los anales de la historia por su trascendencia porque por primera vez un presidente de la Generalitat asumió el mandato de que Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de república, aunque acto seguido propusiera suspender la declaración de independencia. La jornada fue de vértigo, sobre todo para Carles Puigdemont, que fue interpelado incluso por el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, pero fue especialmente tensa la hora previa al debate.

Movimientos de última hora en el flanco independentista obligaron al jefe del Ejecutivo catalán a solicitar a la presidencia de la Cámara que retrasara una hora el inicio del pleno. De las seis a las siete. Esa fue la explicación oficial de fuentes próximas a Carme Forcadell. Sin embargo, desde la CUP desmintieron ayer esa versión y afirmaron que fueron ellos quienes forzaron el retraso del debate. El problema estaba en el texto que iba a leer el presidente de la Generalitat.

Según fuentes independentistas, seis horas antes del debate, Puigdemont, Junts pel Sí y la CUP tenían consensuado el discurso. Era más o menos el que acabó pronunciando el presidente de la Generalitat. Había declaración de independencia, pero la CUP asumía su inmediata suspensión para abrir una ventana al diálogo. La condición, luego no respetada por el presidente de la Generalitat, era que el periodo de mediación estuviera acotado en el tiempo. Dos semanas, pedían los anticapitalistas. Eran las 12 del mediodía y no había sobresaltos.

Pero a partir de ahí empezaron las presiones a Puigdemont. Más traslados de empresas, la declaración de Tusk y rumores (luego desmentidos) de que el propio Jean Claude Juncker o Kofi Annan habían telefoneado al dirigente catalán. En el independentismo se mascaba la tragedia. Temblaban las piernas y mil periodistas esperaban un bombazo en el hemiciclo catalán. No todos los días se asiste a la declaración de independencia de un país. Puigdemont cambió el guión. La CUP lo leyó y montó en cólera. Faltaba una hora para el inicio del debate y los anticapitalistas amenazaron con no ocupar sus escaños.

Amenaza Fuentes de la formación antisistema señalaron que el texto que quería leer Puigdemont no llevaba la frase «asumo el mandato que Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de república». Según detalló Quim Arrufat al final de la jornada, el presidente les informó en la reunión de última hora que ante la aparición de mediadores internacionales «hoy no toca declarar la República catalana». La CUP se plantó. «O incluyes la referencia a la independencia o no entramos al hemiciclo», dijeron sus diez diputados. La cara de los diputados cuperos a la salida de la reunión con el estado mayor del proceso era todo un poema. La tensión era máxima. Ante el riesgo de quedarse solo, Puigdemont rectificó y volvió al plan inicial.

Fuentes de la CUP criticaron ayer a Junts pel Sí por su gestión «improvisada» de la que estaba llamada a ser una jornada histórica y acabó no siéndolo tanto porque se convirtió en una ceremonia confusa. En esta improvisación, se incluye la declaración de independencia que firmaron los diputados de Junts pel Sí y la CUP al final del pleno, en una sala de la Cámara catalana. Un texto simbólico y sin efectos jurídicos, que proclamó: «Constituimos la república catalana, como Estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social». «El plan inicial era que lo leyera Puigdemont en su discurso», según los anticapitalistas.

En la reunión de última hora en el Parlamento, a la que acudieron Puigdemont, Junqueras, Pascal, Mas, Rovira, Arrufat, Salellas, Riera y los presidentes de la ANC y Omnium discutieron si es la Cámara catalana quien debe «declarar la independencia» o el presidente de la Generalitat. Según fuentes parlamentarias, las discrepancias fueron tan fuertes que la republicana Marta Rovira amenazó con dimitir. Finalmente, el texto no se incluyó en el discurso de Puigdemont y la firma de la declaración se programó para después del pleno.

 

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