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El imán de Ripoll radicalizó a la célula en un año

Abdelbaki Es Satty dio clases coránicas y de árabe a decenas de menores de edad.

 

Un Mosso d’Esquadra en Ripoll, donde se han llevado a cabo controles policiales. ROBIN TOWNSEND -

21/08/2017

M. Sáiz-Pardo | Madrid

Los servicios antiterroristas de los Mossos d’Esquadra aseguran ya tener «evidencias» de que el imán de Ripoll Abdelbaki Es Satty sometió a una docena de jóvenes del pueblo a un «proceso exprés» de radicalización para convertirlos en yihadistas que duró menos de un año y que fue plenamente exitoso. Los especialistas del cuerpo autonómico revelaron que Es Satty usó la nueva mezquita del pueblo que dirigió durante unos meses como gancho para captar a los futuros terroristas, pero que luego continuó el adiestramiento de los jóvenes marroquíes, casi todos por debajo de los 30 años, fuera del entorno del centro religioso para evitar infiltraciones.

«Fue una operación de captación, adoctrinamiento, radicalización y entrenamiento militar» muy medida y «alejada de cualquier improvisación» que lleva el marchamo del Daesh, según explican mandos del operativo.

Es Satty llegó a Ripoll en 2015, pero no comenzó, ni mucho menos, su labor de captación de yihadistas de inmediato, aunque sí que mantenía ya contactos con el más radical del pueblo, Moussa Oukabir, muerto a tiros en Cambrils y que por entonces apenas contaba con quince años.

Su plataforma para reclutar mártires para sus planes de llevar a cabo la cadena de atentados mayor de Europa no llegó hasta 2016 cuando aprovechó las disputas internas en la comunidad musulmana del pueblo sobre la posibilidad de abrir una segunda mezquita para sustituir al pequeño oratorio creado en 2008 para encabezar la idea de alquilar un segundo local más grande. El año pasado, uniendo dos garajes, se creó la mezquita Annour y Abdelbaki Es Satty se hizo de inmediato con el control del centro. Sus mensajes públicos —apuntan los Mossos— no eran salafistas, ni siquiera radicales. Es Satty se cuidó mucho de no exponerse a seguimientos policiales por su extremismo desde el púlpito. El imán —explican los investigadores— se volcó desde el verano pasado en los más jóvenes de la comunidad, hasta el punto de que durante meses dio clases coránicas y de árabe a decenas de menores. Allí conoció hace un año a la totalidad de los que convertirían en su célula terrorista. El grupo era bastante cerrado. Muchos de ellos eran familia y el colectivo estaba muy cohesionado.


   
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