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León afina las artes en el CHF

Casi 3.000 personas se forman y disfrutan de la música, la danza y el teatro en la escuela municipal, que cumple 15 años con ‘superávit’ de demanda ciudadana y tiene ante sí el reto de autofinanciarse para sobrevivir

ANA GAITERO | LEÓN
15/06/2014

 

Hace 30 años se apagaron las voces jóvenes en el mítico Colegio de Huérfanos Ferroviarios de León. Y desde hace quince suenan en su interior los acordes de la música, se deslizan pasos de danza y reverberan las voces del teatro. El CHF se quedó huérfano y se ha convertido en el padre adoptivo de las artes en la ciudad. El buque insignia de la cultura popular. Desconchado y maltrecho por fuera, esconde una joya.

Casi 3.000 personas están involucradas en este proyecto que se llama Escuela Municipal de Música, Danza y Teatro de León. Un centro de referencia de España que coloca a León al filo de las recomendaciones de participación ciudadana en formación musical (3% de la población), ‘copiado’ en otras ciudades.

La crisis no ha mermado la demanda. Al contrario, para el curso 2014-2015 se prevé un aumento del alumnado del 10%. La escuela no puede atender todas las peticiones. Sólo uno de cada tres niños y niñas que han pedido plaza para los cursos de iniciación, 163, lograrán matricularse. Para aprender a tocar un instrumento, de 360 peticiones sólo 50 tendrán respuesta positiva.

Las especialidades más demandadas son piano, guitarra clásica, oboe, guitarra eléctrica y batería. «En el resto de especialidades suelen terminar matriculando todos aquellos solicitantes que quedan en lista de espera», aclara la directora.

Sin embargo, la escuela ha sido catalogada como «competencia impropia» del Ayuntamiento de León y tiene ante sí el reto de convertirse en un centro rentable, o al menos no deficitario, según el último plan de ajuste municipal.

«Me encontré con un déficit increíble: dos millones de gastos y 400.000 euros de ingresos. La escuela se tambaleaba porque no había dinero», afirma el concejal de Educación, Javier Reyero. La escuela sóo recaudaba un 30% de su coste. Ahora llega al 60-70%. «No tengo miedo. Complementamos el curriculum obligatorio, puesto que en el conservatorio no hay plazas suficientes», argumenta el concejal. La preocupación de que el centro se vea afectado por el tema presupuestario está entre el alumnado, un 20% de la matrícula son personas adultas. «La escuela cumple una función cultural y social que merece la pena que el Ayuntamiento de León lo soporte», afirma Luis, farmacéutico hospitalario y alumno de guitarra clásica.

Un total de 1.521 personas están matriculadas este año. Otras 615 han participado en los talleres de teatro en centros educativos y 685 en las aulas corales de los colegios. «El índice de bajas es casi nulo», subraya la directora de la escuela, Isabel González.

«Es un centro de referencia de las enseñanzas artísticas para niños, jóvenes y adultos. La gente está muy involucrada. Vienen por afición, pero reciben una formación de calidad», añade. En música clásica, «la única carencia son los vientos metales», admite.

En junio la escuela está en efervescencia con las audiciones y actuaciones de fin de curso. Sale del CHF y del colegio González de Lama, centro que alberga el área de Cultura Tradicional, y llega a los espacios más diversos de la ciudad.

Del Albéitar, que acogió la obra Carmen, Carmen, de Antonio Gala, a la plaza de Botines, donde se hace el jueves el festival de Cultura Tradicional. El Auditorio y Espacio Vías, el Museo de León y el Recreo Industrial... La escuela ‘llena’ el programa cultural de junio y el de las fiestas.

El Carmina Burana, de Karl Off, vuelve con las voces blancas del Coro de Niños Ciudad de León, reforzadas por las adultas más virtuosas. Los retos crecen de curso en curso y cada año hay que empezar de cero con la gente nueva. Ya son clásicos los musicales del área de moderna (Hair, Grease, West Side Story), dirigidos por Rut Marcos y el festival del Patio del Castillo, a cargo de Kike Jiménez, Cardiaco, el viernes 20 de junio.

El valor de danzar

Cita esperada es el festival de Danza. Las dos profesoras, Teresa Benéitez y Natalia Redondo, preparan de principio a fin, y hasta el último detalle, la muestra de fin de curso con casi 150 alumnas y alumnas. Y colaboran con otras actuaciones, como la zarzuela Música Clásica, que se estrena mañana en el Auditorio de León.

«Cultivamos la motivación intrínseca de la danza y damos valor a la adquisición de la técnica y el plus artístico de subirse a un escenario, actuar en público, trabajar en equipo, seguir una clase. Todo lo necesario para bailar en un escenario y que sean capaces de seguir sus movimientos», apunta Benéitez.

La danza clásica es la más demandada, especialmente por niñas desde los seis años. También hay algún niño, como Jaime, para quien bailar es una de las cosas más importantes de su vida. «Me gustaba la gimnasia rítmica y me aconsejaron que probara la danza. Estoy en clásico y en español», dice el muchacho.

Hay danza española para personas con formación clásica y tres cursos de danza contemporánea que culminan con el taller coreográfico. En esta especialidad, la mayoría son mujeres adultas. José Luis, un joven con síndrome de Down, es uno de los alumnos más veteranos.

El alumnado ha recibido clases magistrales de gente como Corella, Gelabert y los directores del Ballet Nacional de Georgia y han participado en espectáculos profesionales como la Bella Durmiente y el Cascanueces.

El área de danza estuvo ‘desterrada’ durante varios años en el local del Obispado en el antiguo Intercolegial. Con el últimatum de la diócesis para desalojar sus locales en marzo de 2012, el Ayuntamiento adaptó una sala y se recuperó la abandonada sala del Centro Coreográfico que abrió Alfonso Ordóñez, un espacio privilegiado para la danza, «diáfano y sin columnas», apostilla la directora.

Lo que une la música

La escuela es cantera de agrupaciones estables. El Swinging Combo, que ofrece el repertorio más completo de los años 30 y 40, es además la simiente del festival de Jazz de Villamañán. En clásica hay grupos de vientos, banda de música, conjunto instrumental, el conjunto de flautas traveseras Espaylera, un grupo Folk, JazzGrupación, Orquesta infantil, Orquesta de adultos, Orquesta de Cámara, PequeBand, Combos Instrumentales y el Coro Ciudad de León.

One day a week, una vez a la semana, es el nombre de otro grupo nacido al calor del CHF donde confluyen una maestra de inglés (Yaiza Reyero), un abogado (Fernando del Riego), un comercial (Jon Andrés) y un secretario de ayuntamiento (Fernando Aguado). One day a week es la frecuencia con que asiste a clase mucha gente adulta a un instrumento.

«En mi vida había pensado entrar en un grupo de música moderna», admite Del Riego. «Tenía la guitarra en casa y no avanzaba. Es increíble lo que he aprendido aquí», asegura Reyero, también cantante del grupo. «Entró por sorteo en 2011, ese año salió la R», apostilla Kike Jiménez. Entrar en algunas especialidades es cosa de suerte. Pronto saldrá la letra afortunada del próximo curso.

Hay quien toca dos instrumentos. Como Pepe Llamas, de 67 años, que está en 4º de guitarra y en primero de piano. Jubilado de la Renfe después de 44 cotizando dice que «antes metía ruido con la guitarra, ahora ya puedo decir que sé tocar».

Lourdes, licenciada en filología inglesa que ha ejercido de ama de casa, se enganchó a la escuela cuando sus hijos se hicieron mayores. «Siempre había querido tocar la guitarra y me compré una, pero con las niñas no tenía tiempo. Me encanta», dice emocionada antes de la actuación.

Miguel, delineante y prejubilado de Telefónica, tocó la batería en varios conjuntos leoneses como Odisea y Caravana. Ahora ha cambiado las baquetas por las cuerdas: «Hacemos lo que no pudimos hacer antes». «Y ejercitamos la memoria», añade Lourdes.

Andrés, de 13 años, quiso aprender a tocar el violenchelo porque vio a sus amigos interpretar música en un filandón. Ahora lo que más le gusta es «tocar música clásica, más que escuchar, lo paso bien tocando delante de la gente», afirma. El sueño de tocar un instrumento es cuestión de «disciplina y tiempo», apostillaJorge Caro.

‘Musiquiatras’

Ana y Alberto se reengancharon a la música tras desistir de estudios profesionales. «Era un sistema muy rígido, aquí he acabado enganchada», afirma la joven maestra. «La música es el vínculo que nos une», agrega Alberto, jubilado como ingeniero técnico. La escuela también es el salto al conservatorio profesional para una treintena de personas que cada curso preparan las pruebas de acceso. «La mitad de la gente que entra nueva es de la escuela», asegura Jorge Caro.

Israel Quintana es de Santander y profesor en la escuela desde hace nueve cursos. «Cuando llegué me llamó la atención la afición musical que hay en León, el alumnado, las agrupaciones y la continuidad. La ciudad debe estar orgullosa. No he conocido escuelas como ésta fuera de aquí. En Santander no la hay», apunta.

La escuela, coincide profesorado y alumnado, cumple «una función cultural y social». «Somos musiquiatras», bromean los profesores. Jubilados, mucha gente de sanidad, enseñanza, amas de casa y las profesiones más diversas conforman el abanico de personas adultas.

«Cuando la gente te comenta sus vivencias te das cuenta de la repercusión que tiene», comenta el profesor de guitarra clásica Amancio Álvarez. La mayor parte del profesorado, 33 personas de 62, son del área Música Clásica ya que además de los instrumentos se ocupan de asignaturas como lenguaje musical, armonía, agrupación instrumental o vocal e iniciación y formación básica.

Copia de León en Altea

Los instrumentos que se ofrecen son violín, viola, contrabajo, flauta travesera, flauta de pico, clarinete, saxofón, oboe, trompeta, acordeón, canto clásico, piano, percusión y guitarra clásica. Son 618 alumnos y alumnas, más 229 de 4 a 8 años en Música y Movimiento.

El área de Música Moderna cuenta con nueve profesores y 255 personas en sus diferentes especialidades: informática musical, guitarra eléctrica, bajo eléctrico, teclado o piano moderno, batería, lenguaje musical, canto moderno, agrupaciones de música moderna, aula de interpretación y comedia musical. La semilla de esta especialidad, singular de León, prende en otras ciudades donde se ‘copia’ el modelo por el atractivo popular que tiene. En Altea la ha puesto en marcha un antiguo alumno de saxo de la escuela, señala Kike Jiménez.

La cantante Rut Marcos, profesora de canto moderno y agrupaciones musicales, se emocionó al presentar Los Musicales de Nuestra Vida hace una semana en el Nuevo Recreo Industrial. Dedicaba el espectáculo a uno de los profesores, Toño Caminero, recientemente fallecido. La sala de informática musical sigue abierta, pero se siente el vacío de su ausencia.

Como Caminero, que tocó en La Fuga, casi todos los profesores que dan clase en este área proceden de grupos musicales leoneses con más o menos aura. Desde el mítico Los Cardiacos a Fundición Odessa, Los Platillos Volantes... «Abarcamos un espectro musical generacional muy amplio», señala Jiménez. «Es la experiencia trasladada a la enseñanza», agrega.

‘Andiamo avanti’

La escuela recogió y acoge el fenómeno inédito de las aulas corales, que cuentan con una plantilla de 8 profesores que rotan por los colegios (685 niños y niñas) y ofrece especialidades tan singulares como improvisación musical, de la mano del creador de Dadá Jazz y otras agrupaciones, Ildefonso Rodríguez.

La escuela municipal quiere seguir adelante Andiamo avanti, como dice, muy significativamente, el nombre de la agrupación de cuerdas que dirige el profesor Iván Braña. El concejal quiere profundizar en la estructura de centro educativo aunque, por ahora, no se ha dado cabida a la participación de padres y madres que suelen compartir alegrías en las actuaciones y quejas en los corrillos de espera alrededor de la escuela.

«Da pena ver el abandono del edificio por fuera, no tanto por dentro, y que sean los propios profesores los que, en algunas especialidades, pongan la publicidad para cubrir la matrícula y mantener el trabajo. Tienen dinero para lo que quieren,», comenta un padre. Otra voz que merece ser escuchada

 

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