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AMANCIO GONZÁLEZ ANDRÉS | ESCULTOR

«León vive de la cultura y los gobernantes no lo ven»


29/01/2017

 

ANA GAITERO  I TEXTO
F. OTERO PERANDONES I FOTO

La entrevista transcurre en el taller de Amancio en Lorenzana, bajo la atenta mirada de una gata y el ruido de un martillo, el de su compañero Cosme Paredes, golpeando el cincel. Metálico y repetitivo como el sonido de los trenes que el escultor dejó atrás, como ferroviario, para volcarse en la escultura. Cuando cobró el primer sueldo en la Escuela de Aprendices de Renfe se matriculó en la academia de Alejandro Vargas y en el Conservatorio. «De alguna manera, sabía que tenía que buscar otra cosa que me llenara. Descubrí que no tenía oído, pero Alejandro Vargas despertó en mí la pasión por el arte».

—¿Qué siente al formar parte del paisaje de León o de otras ciudades en México y Turquía?

—Cuando estás acertado en la obra y ésta se hace cómplice de la ciudad y de las cosas que pasan en la ciudad sientes una especie de satisfacción interior. Hay personas muy receptivas a esos personajes. Son diálogos que hacen que me sienta orgulloso de mi oficio.

—¿Cómo ha evolucionado León desde el punto de vista escultórico?

—Apenas hay referencias hasta el siglo XIX. Posiblemente el primer intento escultórico, más bien con carácter ornamental es la fuente de Neptuno. Pasan otros 100 años hasta que se ponga la que hoy es la escultura más importante de la ciudad, Guzmán. Y luego otros 100 hasta la siguiente, la Ventana de la luz en el Paseo de La Condesa. Gamoneda hace el primer intento de llevar la escultura a los espacios públicos con la creación de una bienal de escultura. A partir de esa ya se han puesto otras 50.

—¿Cómo ha cambiado la ciudad con esta esclosión escultórica?

—Una escultura no es un mueble. Trasciende más que una farola o un banco. Son lugares donde suceden cosas, donde una pareja se besa, ocupan lugares importantes y acaban convirtiéndose en objetos de nuestra memoria.

—Sin duda La Negrilla va a formar parte de la memoria de las generaciones más jóvenes.

—Es una historia curiosa. Ha pasado a formar parte del mundo mitológico de los niños. Es el gigante. Estaba pensada para un parque escultórico de Trobajo del Cerecedo y acabó en Santo Domingo. Desde el primer momento fue aceptadaa pesar de que es un hombre desnudo, grandote, deforme, colocado en el centro de una ciudad burguesa. La desnudez es el único ‘fallo’ que me han recriminado. No la escultura en sí. Era arriesgado y se puso ahí como prueba, a ver qué pasaba. Una decisión valiente de Cecilio Vallejo y de Javier García Prieto. Más tarde me enteré que la Avenida Ordoño II se llamaba Paseo de Las Negrillas.

—Un nombre femenino materializado en una potente figura masculina.

—Es una figura masculina porque yo trabajo el cuerpo masculino, pero no hablo solo del hombre. Hablo de las personas. Es un homenaje al árbol de mi pueblo, Villahibiera de Rueda, una negrilla. En León a los árboles les ponemos sexo: si crecen en horizontal y con fronda son femeninos y si crecen hacia arriba de forma erecta masculino, como el Negrillón de Boñar. Los árboles en los pueblos son como las esculturas de las ciudades, lugares muy emblemáticos.

—¿Le hablan los materiales?

—Los materiales hablan. Si no te dicen nada no te atreves a trabajar. De repente, un día, no sabes por qué, decides atacar una madera o una piedra concreta porque ha existido esa llamada. No podemos trabajar aquello que nos es hostil. Es bueno hacerse amigo del material y llevarte bien con él.

—¿De quién ha aprendido?

—Soy autodidacta. En los almacenes de Renfe de Talavera de la Reina, donde me dejaron trabajar, cometí todos los errores que se pueden cometer. El aprendizaje en solitario es más lento pero a la larga es más seguro.

—¿En qué influencias se reconoce como artista?

—El mundo clásico me interesa mucho y algunos referentes contemporáneos, como Francis Bacon. En la Antigüedad no existe la pretensión de hacer una escultura. Eso nos permite llegar a un museo y poder contemplar obras desde la sinceridad. Son una fuente de inspiración porque no hay trampa.

—¿Quiénes son en realidad sus personajes?

—Prácticamente es el mismo personaje. Hay muy pocas diferencias entre los primeros y los que hago ahora. Lo que tienen que transmitir con su apariencia externa es la vida interna y emocional. No me interesa tanto particularizarlos, hacerlos diferentes, porque no hablo de personas individualmente, sino del colectivo. Y me centro en un personaje que es capaz de llegar a todo el mundo. Por eso lo repito, lo que altero la mayoría de las veces es la composición. Últimamente estoy trabajando la repetición del personaje en diferentes composiciones.

—¿Podría ser usted mismo?

—En todas las obras hay un sedimento personal, pero hablo del ser humano, ya sea hombre o mujer.

—¿Qué escultura falta en la ciudad?

—Falta sobre todo un poco de humildad en los dirigentes y asesoramiento. El esfuerzo económico es el mismo, pero a veces no son acertadas. O falla la colocación falla. O la escultora se pone bien y luego se abandona, como la de Zurdo en el Conservatorio. No tenemos cultura escultórica. Cuando vas a un sitio y ves escultoras con criterio transmite es un respeto a la ciudad y a la gente, a la que no podemos engañar.

—¿Y su colección de escritores?

—Es un proyecto de hace siete años que financié hasta dónde pude. No se ha hecho no porque haya habido un desacuerdo económico, es que ni siquiera se han interesado por él. Mi idea era que ocuparan la Avenida de los Reyes Leoneses porque nuestros literatos nos representan mundialmente.

—¿De escritoras, sólo Elena Santiago?

—Contamos con más. Amando Casado hizo las fotos y se lo pedimos a Josefina Aldecoa, pero ya estaba muy mayor. Concha Casado no quiso. Y contamos con Janick Le Men, la autora del gran diccionario de leonés. Si hace dentro de unos años posiblemente habrá muchas más mujeres porque hoy están marcando el paso.

—¿Se han puesto esculturas de parque temático en León?

—Evidentemente hay algunas desafortunadas y pueden ser también las mías.

—¿Trabajar con Castorina marca fue un hito en su vida?

—La oportunidad que me brindaron de prestar las manos a Castorina es un regalo de la profesión. Castorina es un ser excepcional. Me sentí como un niño trabajando con ella. Yo sabía que mi papel era el trabajo físico y ella hacía la obra. Debatíamos, le consultaba todo. Mi obsesión era que reconociera la obra como suya. Eso me permitió acercarme a ella como artista y como ser humano. Es una mujer de carácter, con una obra caracterizada por trabajar materiales muy humildes y expresar lo máximo con la mínimo. Si yo necesito 400 golpes para que una piedra sea capaz de decir algo, ella intenta hacerlo con 20. Coger un canto rodado y hacer una pareja, un abrazo... solo lo pueden hacer los grandes.

—Una gran desconocida pese a su larga trayectoria.

—Precisamente, porque es muy humilde. No se ha ocupado más que de trabajar y eso te genera un cierto anonimato. Afortundamente, la Maternidad es una obra significativa de su trabajo y si los gestores culturales aplican el sentido común intentarían conseguir más obra de Castorina.

—¿A las mujeres les cuesta más ser visibilizadas?

—Castorina fue una pionera, era la única chica en su facultad. Pasaba en todo, ahora desde la distancia pienso en las mujeres que entraron a trabajar en la Renfe en mi época y pienso que tuvo que ser difícil para ellas.

—¿España está saliendo de la crisis como dice el Gobierno?

—En los últimos tres años se ve más tendencia a comprar arte o por lo menos a interesarse. Si eso es un indicativo de salir de la crisis, pues sí.

—¿Cómo ve el país desde el 15-M hasta el Gobierno actual?

—El panorama es menos aburrido y políticamente responde a los efectos de la crisis. La irrupción de Podemos y Ciudadanos hacen posible que muchas personas tengan su espacio crítico.

—¿Conoce bien el proyecto de la plaza del Grano?

—Conozco el proyecto en parte y en profundidad el espíritu. Desde la buena fe intentan mejorar algunos entornos de la ciudad y el resultado es desafortunado. El último caso sangrante fue la plaza de Santa Ana que podría formar un conjunto monumental de arquitectura popular y modesta a nivel nacional con la plaza del Grano. Hoy es una plaza anodina, fría y sin romanticismo. Hay que tener muy presente la palabra irreversibilidad. ¿Se podrían volver a reconstruir las casas de la plaza de Santa Ana? No. La plaza de Fontán, de Oviedo, posiblemente rivalizara en belleza y autenticidad con la plaza del Grano de León y con el mismo criterio se arregló. Ahora es una plaza más de Oviedo, no es un lugar que conserve ni magia, ni romanticismo. Es más accesible, sí; pero no tiene poesía. La plaza del Grano es posiblemente lo único que quede auténtico de nuestro pasado. Nos podemos equivocar mil veces en la Avenida Fernández Ladreda, es un tema económico, pero la plaza del Grano si la tocas es para siempre. No nos podemos equivocar. La única manera de conservarla es seguir los cánones tradicionales de restauración. Pero siguen un patrón de libro: dejar que se deteriore para que la gente diga que hay que arreglarlo. Cuando se habla de proyectos que afectan al sentimiento colectivo no se lo pueden encargar solo a un arquitecto.

—¿No le interesa la accesibilidad de la plaza?

—Si a alguien le interesa la accesibilidad es a mí. La ampliación de aceras, el acceso a minusválidos… está muy bien. Pero no creo que no existan soluciones reversibles.

—¿Espera que den marcha atrás?

—No, pero tiene que haber una conciencia crítica en la ciudad. Cuando tiraron los Cubos o el instituto Padre Isla no hubo conciencia crítica. El empeño que tienen con la plaza es algo maniático.

—¿Quiere decir que es algo simbólico más allá de la plaza?

—Creo que va con la erótica del poder, intentar poner una placa para que quede constancia. Pero volcar recursos económicos que son muy limitados en lugares que no se necesitan es aplicar muy poco el sentido común.

—¿León conseguirá vivir del turismo?

—Cada vez veo más claro que sí. Con Madrid a dos horas en tren y el potencial de una ciudad pequeña, abarcable, con bares y restaurantes volcados en ofrecer al turista lo mejor, el Romántico, el Húmedo... Siempre he dicho que León vive de la cultura a pesar de que no lo acaban de ver. Que la gente venga a León tiene que ver con lo cultural: el Musac, la Catedral, la Semana Santa, la plaza del Grano, Purple Weekend, la gastronomía...

—¿Y por el grial?

—Si sirve para atraer a la gente... Como si encuentran la partida de nacimiento de Cervantes. Las raíces de que venga la gente a León son culturales, lo que no sé es por qué no se explota más un Auditorio de primer orden. Tenemos una política cultural de consumo local que sólo atrae a la gente de aquí. Quizá hay que parchear menos y hacer cosas para traer a León 50.000 personas más.

—Pero la gente joven se va.

—Perdemos gente. Se nos van, como siempre, los más capacitados. Los formamos, dejan lo mejor sí en otros lugares y cuando se jubilan regresan. Es así desde hace mucho tiempo. Si tienen iniciativas, no son acertadas.

—¿Qué haría en León que considere imprescindible?

—Mimaría muchísimo los barrios, les daría una identidad para que fueran lugares especiales e intentaría darle una oportunidad a la escultura en la ciudad. Una escultura importante en un barrio modesto de la ciudad lo puede transformar.

—¿Las instituciones han hecho mutis por el foro con la cultura con la excusa de la crisis?

—El presupuesto de Cultura ha quedado reducido al mantenimiento de la calefacción en los edificios. Han dejado morir a la ciudad. Prefirieron gastarse el dinero en reparar baches que coger el toro por los cuernos y haber desarrollado la mayor parte presupuestaria en Cultura. No lo ven y si no viene gente a León, se muere.

—¿Comparte la opinión de que León es victimista?

—No lo creo. Somos victimistas aquí igual que en Valladolid, somos ciudades mesetarias que llevamos cientos de años pasándolo mal y eso nos ha hecho ser victimistas y rencorosos. Ha despertado en nosotros mezquindades de provincia. El problema del gestor político es que piensa que como le han puesto los ciudadanos está capacitado para todo. Sí, está capacitado para gobernar. Pero necesita ideas y estar bien asesorado. Por ser concejal de Cultura no se sabe de cultura. León tiene un potencial literario impresionante, pero les da miedo la crítica.

—¿La política de la Junta efavorece a Valladolid desplazando alli el centro del Noroeste con las plataformas logísticas?

—Valoramos más que la industria se la lleve Boecillo o que el eje ferroviario no pase por aquí y nos olvidamos de lo que tenemos delante. Nuestra mina de oro es el paisaje. Necesitamos un cambio de actitud, de mentalidad, y pensar en grande.

—¿Qué debe hacerse frente a la violencia hacia las mujeres?

—Hay que visibilizar el problema, pero se conseguirá frenar más si se visibiliza el papel de la mujer en la sociedad, el trabajo que hace. El maltratador se cree superior y no es algo de ciertas capas sociales, ni de los mayores. Gente joven criada en el ambiente democrático tiene ese comportamiento. No se entiende muy bien en qué estamos fallando en la educación, pero veo que el mundo laboral está lleno de personas que no están contentas. Otro mal de la sociedad moderna es que a los jóvenes les obligan a decidir lo que van a ser de mayores cuando no están preparados. Jóvenes que acaban en una sala de operaciones y a lo mejor serían más felices de mecánicos. Dalí no sacó ni la carrera de Bellas Artes y Gaudí era un mal arquitecto cuando terminó los estudios.

 

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