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EL CRIMEN DE ISABEL CARRASCO

La mujer dura abatida por la chica afable

La frustrada carrera política y profesional de Triana Martínez, una chica «agradable pero introvertida», urdió la conjura para matar a tiros a Isabel Carrasco, la mujer más poderosa de León y de 'mano de hierro'

 

Lienzo de Isabel Carrasco en la galería de retratos de la Diputación Provincial con dos rosas rojas en homenaje. El cuadro fue pintado por Modesto Llamas Gil - RAMIRO

ANA GAITERO | LEÓN
18/05/2014

Isabel Carrasco mandó colgar su retrato en la galería de presidentes de la Diputación del Palacio de los Guzmanes hace dos años. El cuadro se colocó el 4 de marzo como si fuera un regalo de cumpleaños, sin dejar hueco para el de su antecesor, Javier García Prieto.

«Me gusta», le dijo al pintor Modesto Llamas cuando vio el resultado. La imagen que quería dejar para la posteridad fue borrada el lunes 12 de mayo de 2014, una tarde soleada y fría, en la pasarela de La Condesa sobre el Bernesga por un charco de sangre.

A las 17.17 horas una mujer la mató a tiros, a sangre fría. Otra contemplaba fríamente la escena. Y una tercera esperaba, disimulando, unas calles arriba. La militante del PP, Montserrat González, apretó el gatillo cinco veces —aunque sólo salieron tres balas— su hija, Triana Martínez, también afiliada al partido y ex trabajadora de la Diputación, recogió el revólver y una agente de la Policía Local, Raquel Gago, lo mantuvo oculto durante treinta horas.

Una víctima y tres ejecutoras, según ha determinado la jueza que instruye el caso. La mujer más poderosa de León acababa sus días envuelta en un macabro suceso con rasgos folletinescos pero «puñeteramente real». Un crimen fuera de lo común con cuatro mujeres y tres policías como protagonistas.

«¡El marido de la asesina es inspector de Policía de Astorga!», exclamaba un joven por el móvil al lado de la pasarela aquella tarde aciaga. En la comisaría astorgana, el inspector marcó el número de un antiguo compañero de promoción en la Academia de Policía.

—«Estoy destrozado. La que me he caído encima, ésto me sobrepasa», confiesa.

—«Ponte a las órdenes de la comisaria jefe», aconseja el amigo.

Pablo Antonio Martínez, un policía de 61 años, con una «cabeza privilegiada» tiene el semblante entre asustado e incrédulo, pero conserva la mente fría. «La pistola la tengo conmigo», se apresura a decir a la alcaldesa de Astorga cuando Victorina Alonso llega a la Comisaría.

Mucha gente se hace preguntas sobre el papel del padre y esposo que en dos años de preparación del crimen parece que no ha tenido ni la más mínima sospecha de los planes de Montse y Triana, ni sobre sus movimientos en los bajos fondos de Gijón donde, según las pesquisas policiales, compraron el revólver a un toxicómano.

En la ciudad portuaria asturiana la familia vivió 20 años y el inspector estuvo al frente de la brigada judicial y de la unidad de estupefacientes. Amigos y compañeros le defienden y definen como un «buen profesional y buen policía» y aún más, como «un buenazo, muy querido por los compañeros».

«Pablo es una víctima más, no es corporativismo», afirma el criminólogo y policía Ricardo Magaz. Le conoce por su origen, es natural de Santa Marina del Rey, y coincidió con él en Asturias.

La conjura mortal

La conjura de tres mujeres corrientes para matar a tiros a Isabel Carrasco, la mujer más poderosa de León, y la presencia de dos policías en el escenario y el entorno familiar dan al crimen tintes espeluznantes. Matan las que menos matan habitualmente, las mujeres, y además son mujeres vinculadas a los cuerpos que tienen encomendada defender la ley y proteger la vida humana.

El magnicidio sacudía el corazón político y social de León, una capital de provincias castigada por la crisis y demasiado tranquila, y salpicaba a Astorga, destino profesional de Pablo Antonio Martínez en los últimos diez años. El único que se ha arraigado y ha vivido en Astorga.

A lo largo de aquella tarde fría, la capital maragata se desvelaría también como el epicentro de la frustrada carrera política de la joven ingeniera de telecomunicaciones. «¡Es Triana!», decía el mensaje que llegó un antiguo militante del PP. Si ya era difícil asimilar que Isabel Carrasco había sido tiroteada en mitad de una pasarela sobre el río, ahora había que encajar que nada es lo que parece: «Esa chica era incapaz», afirman quienes la trataron en el despacho que ocupó durante casi cuatro años en el Palacio de los Guzmanes.

Una joven «afable», aunque «introvertida» a quien conocen alcaldes de toda la provincia y de todos los partidos porque realizó los planes de implantación de la TDT desde la Diputación, además de numerosos trabajos particulares para los que fue ‘recomendada’ cuando todavía contaba con el favor de la presidenta.

Triana Martínez realizó los proyectos de telecomunicaciones de los edificios A1 y A2, Universidad y El Portillo, de Viproelco, la inmobiliaria de Caja España en la que Isabel Carrasco era consejera, admite Cecilio Vallejo.

En Valencia de Don Juan hizo el proyecto para la implantación del wi-fi. «Necesitábamos un ingeniero de telecomunicaciones y la llamé a ella porque la conocí de mi etapa en la Diputación. Ha hecho proyectos para media provincia. La conocemos todos», señala Juan Martínez Majo.

Dependía directamente del entonces vicepresidente 1º de la Diputación Cipriano Elías Martínez. Más concretamente, del Servicio de Asistencia a Municipios (SAM) y Cooperación al que fue adscrita la plaza cuando se creó el 26 de diciembre de 2006 siendo presidente de la institución provincial Javier García-Prieto.

La ingeniera tomó posesión del puesto el 7 de julio de 2007. Once días después, el 18 de julio, Isabel Carrasco tomó el bastón de mando de la Diputación. Triana Martínez se convertía en una herencia que Isabel Carrasco asumió hasta que se hizo con las riendas del poder interno. Al final de este su primer mandato, las diferencias con el antaño todopoderoso Pano eran más que evidentes.

«Fue anecdótico que yo firmara aquella convocatoria, todo el mundo sabe quién toma las decisiones», afirma el diputado en una información publicada el 2 de abril de 2011 sobre la anulación de las oposiciones de 40 auxiliares por parte del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 1 de León (La presidenta ganó el pleito en el TSJ en 2013).

La tensión era mayúscula. El 27 de marzo de 2011, Carrasco firmó el decreto para que el puesto de ingeniero de Telecomunicaciones quedara afectado a Presidencia y Servicios Generales como servicio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones. La modificación de la relación de puestos de trabajo de la Diputación fue aprobada por el Pleno y su publicación en el Boletín Oficial de la Provincia lleva la rúbrica del entonces diputado Marcos Martínez Barazón, por delegación de la firma de la presidenta.

El alcalde de Cuadros, que dio cobijo a Isabel Carrasco en la candidatura de su municipio para poder optar a la presidencia, era ya su hombre de confianza. Triana Martínez «cometió el error de decantarse a favor de Toño (Antonio Silván) y Javier García-Prieto» y en marzo de 2011 tenía los días contados en su despacho del Palacio de los Guzmanes. Aún guardó la esperanza de sacar el puesto en propiedad.

Aparentemente, sufrió los daños colaterales de las luchas internas de poder y de la contestación ‘crítica’ a la presidenta del PP, pero lo cierto es que la joven militante consiguió el puesto de trabajo por «una recomendación de arriba», confiesa un cargo público de los populares.

En la primavera de 2011 se celebra el concurso para el puesto de funcionario y Triana no supera el test de conocimientos. De 33 aspirantes sólo uno, Javier Casado Marcos, pasa la primera prueba y finalmente se adjudica la plaza. Luego pide excedencia y la plaza es amortizada.

En marzo dimite el concejal Andrés Mures en Astorga y ella, como número 7 de la lista, era la llamada a ocupar el puesto. Pero su acta de concejala, misteriosamente, no llegó y las elecciones municipales se echaron encima. El cabeza de lista de Astorga por el PP, Jacinto Bardal, aseguró que «sí se pidió y no sé por qué no llegó».

Tampoco iba a ir en la candidatura para las elecciones del 2011. «Se lo comuniqué en la cafetería Gaudí, le dije que por su trabajo había estado alejada de la ciudad y yo necesitaba gente con compromiso. Nadie me dio instrucciones», asegura Bardal.

La ‘guerra’ abierta entre Isabel Carrasco y Triana Martínez era vox populi en el PP. A un compañero que lo fue también en la Diputación se lo encontró una noche en la calle Ancha hace un par de meses y le dijo: «Estoy en pleitos, me tiene perseguida». En León a miles de jóvenes sobramdamente preparados les perseguía el paro y salían, y salen, en busca de una oportunidad mientras Triana Martínez y Montserrat González viajaban en un biplaza de lujo.

La ex trabajadora de la Diputación recurrió al abogado Francisco Javier Solana para defender sus intereses cuando en octubre de 2011 la presidenta dio orden de reclamar el complemento de exclusividad de los cuatro años que trabajó en la casa: 11.046,78 euros. La joven ganó el pleito en 2012. El Juzgado de lo Contencioso número 2 de León señala que el cobro del complemento fue un error de la Diputación que, al reiterarse en el tiempo, se convirtió en un acto «declarativo de derechos». «Actualmente, Triana Martínez no debe nada a la Diputación», asegura el letrado experto en derecho administrativo.

En febrero de 2013, la junta de Gobierno aprueba un decreto de la presidenta para ir a un procedimiento de declaración de lesividad y el 28 de junio tiene que declarar lesivos los decretos de la presidencia que aprobaron las nóminas bajo el argumento de que «perjudican el interés provincial». Finalmente, la Diputación reclama a la ex trabajadora la cantidad de 6.583,80 euros pues el resto de las cantidades ya han prescrito.

Lo que para Isabel Carrasco era defender el «interés provincial», para Montserrat González y su hija se convirtió en una «persecución». Se desató una guerra de poder. «En este país hay dos millones y medio de militantes del PP y del PSOE que por el hecho de pertenecer a un partido en el poder se creen con el derecho a tener privilegios a la hora de optar a puestos de trabajo», afirma el diputado provincial no adscrito, Matías Llorente.

Triana Martínez entró en la Diputación gracias a una influencia y no estaba dispuesta a admitir que había sido derrotada en un concurso para acceder a la plaza fija. La jefa del servicio para el que trabajaba, Rosa Larráinzar, se apartó del tribunal alegando amistad con la trabajadora y se incorporó a su puesto de suplente una mujer de confianza de Carrasco, Isabel Fernández, quien fue candidata del PP a las elecciones municipales del 2007 en San Andrés y está en la ejecutiva provincial como vicesecretaria de Políticas Sectoriales.

«Yo a la gente le digo las cosas a la cara y en vida y, lamentablemente, todo lo que denuncié empieza a salir ahora», dice con pesar y consciente de que «si no se hubiera descubierto desde el primer momento que eran de los suyos yo tendría que estar escondido», por las críticas que ha hecho. Ya le intentaron ‘salpicar’ cuando la casa del presidente del PSOE y diputado provincial Luis Rodríguez Aller en Pajares de los Oteros fue pasto de las llamas.

Hace diez meses, Matías Llorente preguntó en un pleno por qué había un guarda de seguridad en la puerta del despacho de la presidenta de la Diputación. «Quería saber si existía algún tipo de amenaza, para saber si era como presidenta del PP o como presidenta de la Diputación porque implicaba un gesto a mayores. No me contestaron», añade.

Poco después fue llamado al despacho del vicepresidente y actual presidente, Marcos Martínez, y le pidió que «no volviera a preguntar , existe algún problema de seguridad». Ante lo cual el diputado, asegura, dijo que no tenía nada que decir. Llorente lamenta que «en todo este tiempo nadie haya dicho una palabra».

También asocia a estos temores el «cambio de comportamiento» de la presidenta hacia una posición de «mayor consenso» en la Diputación, si bien es cierto que en la etapa de Carrasco uno de sus éxitos fue lograr aprobar los presupuestos por unanimidad. «No hay oposición», dicen trabajadores que se han sentido amenazados, sometidos a las famosas «llamadas de control» de la gente de confianza de Isabel Carrasco y abandonados a la deriva por los diferentes grupos políticos.

El abogado Francisco Solana corrobora que en la era de Isabel Carrasco «ha habido un aumento de la litigiosidad» de funcionarios y trabajadores de la Diputación. Conoce bien los entresijos de la institución puesto que prestó sus servicios en la misma como abogado hasta el año 2007.

A Isabel Carrasco se le reprochaba en la calle que detentara doce puestos de responsabilidad y varios sueldos, aunque ella siempre llevó a gala que «gano menos que algunos de mis diputados y de diputados de la oposición». Ejercía el poder «con mano de hierro» y a sus enemigos no les daba tregua, ya fueran del suyo o de otro partido.

El lunes 12 de mayo a primera hora de la mañana a la presidenta le dieron una mala noticia. El Tribunal Superior de Justicia había anulado los cambios de secretario e interventor en uno de los consorcios de la Diputación. Carrasco quedó para el martes con el alcalde de San Justo, Avelino Vázquez, y vio un informe sobre un problema ambiental de primera magnitud: las balas de basura de Santa María del Páramo, cuyo proyecto de sellado está anulado por el TSJ.

El sistema de ordeno y mando empezaba a dar reveses a la presidenta. Isabel Carrasco fue una niña pizpireta, de carácter fuerte y que, según cuenta una amiga de la adolescencia, «cada día de su vida se lo planteaba como un reto para demostrarse a sí misma hasta dónde podía llegar».

En los veranos cuando iba a la finca de su familia: «No paraba, lo mismo se ponía a hacer punto que nos contaba las lecciones del preparador de oposiciones. Eso sí, siempre tenía que ser la protagonista». En el instituto conoció a José Luis Rodríguez, quien se convertiría en su marido y en el padre de su única hija, Loreto Rodríguez Carrasco.

La antigua amiga, que conoce bien a las hermanas, admite que «de cerca era una persona agradable y podía ser hasta simpática, pero recuerdo que hasta el día de su boda estuvo enfadada». Sacó la oposición de inspectora de Hacienda a pulso y trabajando con José María Aznar quedó «fascinada».

El pintor Modesto Llamas, retratista de otros presidentes, señala que no se dejó influenciar por lo que le contaban de ella. Recuerda su «trato amable» y también que le sugirió que pusiera en marcha un museo de los pintores leoneses del siglo XX que «falta en nuestra ciudad».

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