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TRIBUNA

Una oportunidad para la Universidad

ENRIQUE LÓPEZ GONZÁLEZ CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD DE LEÓNENRIQUE LÓPEZ GONZÁLEZ CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD DE LEÓN
03/04/2004

 
LAS ELECCIONES de rector son una oportunidad para mejorar la Universidad. La convocatoria de estas elecciones se produce en un momento de cierre de una etapa y de apertura de otra, marcado en primer término por cuestiones tan relevantes como la implantación, aunque previsiblemente sea revisada, de la LOU y la creación y puesta en marcha del Espacio Europeo de Educación Superior e Investigación. En realidad, es toda la sociedad la que vive una época de cambio. Lo que ocurre es que la Universidad siempre se ve especialmente afectada por las transformaciones sociales, políticas, tecnológicas o culturales que se producen a su alrededor. Eso es así porque nuestra institución es un espejo de doble reflejo: es el resultado de la sociedad en que se desarrolla, pero, a la vez, influye en ésta de forma determinante para orientarla al futuro, siendo esa doble condición la que profundiza en ella los efectos de los períodos de crisis o de reacomodo social, como en el que estamos inmersos en los últimos años. La Universidad es en sí misma un elemento central de los cambios sociales: En ella enseñan quienes se encuentran a la vanguardia del pensamiento, de la creación o de la innovación tecnológica que los propician. En nuestras aulas se transmiten los conocimientos más recientes y en nuestros laboratorios y seminarios se experimenta con lo que en poco tiempo cambiará de nuevo el signo de nuestras vidas. En nuestros campus se forman los jóvenes que terminan por dirigir la sociedad, los que asumen las tareas profesionales más complejas. Además, en el ejercicio de su función movilizadora de la inteligencia y transmisora del conocimiento, la Universidad se convierte en protagonista principal e impulsora de los cambios sociales, viviéndolos tan de cerca que siente las convulsiones de la sociedad como si fueran suyas. Nos encontramos ante un nuevo escenario universitario definido, entre otros, por el descenso demográfico, los crecientes requerimientos formativos del entorno social y el surgimiento de nuevas demandas educativas, con una clara voluntad de los stakeholders en el quehacer universitario; por la pertenencia a la Unión Europea, con el incremento de la movilidad, la estandarización de los sistemas universitarios, el Espacio Europeo de Educación Superior y de Investigación y la acreditación de las universidades; por la contención del crecimiento de los recursos presupuestarios públicos y la aparición de una financiación pública selectiva basada en criterios de calidad, condicionada a los rendimientos y vinculada al cumplimiento de objetivos y la necesidad por el incremento de la capacidad de autofinanciación; por el impacto de las nuevas tecnologías en todo el proceso del conocimiento que suponen el abaratamiento y posibilidad de aplicar nuevos métodos pedagógicos, lo que conlleva la rotura con el modelo formativo tradicional presencial; por una mayor exigencia de los usuarios por transparencia y resultados y por el incremento de la calidad como estrategia de diferenciación y la creciente competencia entre universidades. En virtud de estos cambios, se está configurando un nuevo paradigma que cuestiona algunos de los antiguos fundamentos de la institución universitaria, suscitando nuevos y complejos retos, que concibe bajo nuevos prismas las funciones universitarias, que establece nuevos modos y condiciones para su desarrollo y que está convirtiendo a las universidades en el desempeño del estratégico servicio social de la generación y la transmisión del conocimiento, en una especie de institución multiobjetivo de cada vez más complejo manejo. Es un momento, pues, que nos obliga a repensar muchas cosas. Nos enfrentamos a algo más que a un simple cambio en el gobierno universitario. Nuestro entorno nos está obligando a definir el tipo de Universidad que queremos en este nuevo escenario social en el que estamos, las aspiraciones que deseamos alcanzar y los diferentes procesos que hemos de poner en marcha para alcanzarlas con efectividad y acierto. No nos queda más remedio que afrontar estos retos si queremos estar a la altura de los tiempos y de nuestras responsabilidades. En la Universidad de León todos estos cambios se producen al término de una etapa de gobierno que deja demasiados problemas sin resolver y horizontes por fijar, pero lo grave es que como decía Albert Einstein: «no hay nada que sea un signo más claro de demencia que hacer algo una y otra vez y esperar que los resultados sean diferentes». En nuestra universidad, estos cambios no han ido acompañados de la necesaria evolución en las formas y estructura de dirección y gestión. Las formas de entender la dirección de la Universidad, en lugar de cambiar y evolucionar con la propia Universidad, ganando en agilidad y eficacia, se han perdido en procesos de gobierno caracterizados por el arribismo clientelar, en los que la falta de planificación y coordinación entre servicios, los personalismos y amiguismos, el oscurantismo en la toma de decisiones, la penumbra informativa, el temor al debate y contraste de ideas y, en demasiadas ocasiones, la autocomplacencia, han provocado la desorientación, el desánimo, aumentando la distancia entre la dirección de la Universidad y la propia comunidad universitaria y que muchos duden que la Universidad de León sea la mejor respuesta a los sueños de todos los leoneses. No querría extenderme en esta tribuna haciendo un repaso de las actuales consecuencias que la falta de evolución en las formas y métodos de gestión han provocado. El simple desconocimiento del colectivo universitario de cómo, cuándo y por qué se hacen la mayor parte de las actuaciones de nuestra Universidad es la muestra más evidente de ello. Pues bien, en este marco de cambio, cobra más vigencia que nunca la propuesta de emprender una renovación inteligente y comprometida de nuestra Universidad, sin caer en el diletantismo ni traicionar nuestras raíces universitarias, que sea coherente con los parámetros de una organización que crea conocimiento, que permita que todos se sientan comprometidos y participen, que ofrezca el espacio a los que tienen iniciativas y permita orientar los esfuerzos de forma eficiente y sostenible. Ha de tratarse de una renovación profunda, capaz de situarnos en la posición de liderazgo científico, social y cultural que, por su historia y su presente, le corresponde a la Universidad de León. A la vez, ha de ser tranquila, pues no puede tener mejor fundamento que el buen hacer cotidiano de todos los que, con nuestro esfuerzo, hacemos universidad día a día. Haciendo nuestro el lema de Isidoro de Sevilla: trabaja como si fueras a vivir eternamente.

 

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