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turismo activo | ARANCHA SANTIAGO. EMPRENDEDORA DE «LA SENDA»

«Pensar en alternativas económicas no es dar la espalda a la mina»

 

jesús f. salvadores -

ana gaitero | caboalles de abajo
16/08/2012

Arancha Santiago trabajó durante cinco años en el Centro de Interpretación del Urogallo de Caboalles de Arriba. Con los recortes de personal —de tres a un trabajador— se quedó sin empleo. Siempre ha vivido rodeada de caballos y de ganado, está formada en información y comercialización turística y quería quedarse en Laciana. Con estas mimbres se propuso crear su propio empleo: una empresa de turismo activo con rutas a caballo, a pie y en bicicleta por Laciana y una pequeña granja en su pueblo para mostrar a los urbanitas que «los pollos no nacen colgados en un supermercado» y cómo se ordeña una vaca, dar de comer a un cordero leche y, en el futuro, hacer queso.

El título que había obtenido en León no era suficiente. Tuvo que estudiar un módulo de actividades físico deportivas en Gijón. «Es imprescindible para ciertas empresas como la mía, por los caballos», explica.

En octubre de 2011 empezó con el papeleo y ha superado la prueba definitiva —el número de empresa turística— hace una semana. «Por fin podré empezar a funcionar», decía ilusionada después de colgar el teléfono cuando le avisaron desde León.

«Te dicen que es fácil ponerte por tu cuenta, pero no es así. Igual es fácil montar un bar, pero en mi caso para pedir unos permisos tienes que esperar a otros», explica. Para la licencia de apertura esperó tres semanas en el Ayuntamiento de Villablino, pero lo más lento es la licencia medioambiental —desde abril hasta julio— y la autorización turística.

La joven destaca la buena atención recibida tanto en la oficina de desarrollo local municipal como por el grupo de acción local Cuatro Valles. También las juntas vecinales fueron atentas y rápidas en atender sus peticiones, ya que el uso de los montes depende de las entidades locales menores.

Arancha Santiago nació en 1982 y su vida ha esta marcada por la mina y los ritmos de los mineros. «He vivido al lado del pozo la María toda la vida. El pito que daba las horas de salida y entrada a los mineros regía nuestras vidas», recuerda.

Ahora quedan pocas personas de su generación en la comarca». «Quedamos los de aquí, pero llevamos unos cuantos años con el clima muy enrarecido y la gente se echa para atrás: es meter el dinero y no saber lo que va a pasar. Yo me he arriesgado: espero vivir de la gente que viene de fuera», explica.

La joven subraya que «pensar en alternativas económicas no es dar la espalda a la mina» y cree que quien quiera permanecer en el valle, como ella, «van a tener que pensar en otras cosas que no sea la mina, sobre todo la gente de mi edad».

La nueva ‘empresaria’ lacianiega echa en falta acciones de musealización de la historia minera del valle. «La gente lo reclama, falta algo específico que muestre la historia del valle», añade.

Arancha Santiago pertenece a la generación de jóvenes formada con las becas Miner que se han ofertado a la población de las cuencas mineras, pero no ha recibido ayudas para poner en marcha La Senda. «Está la cosa negra, como el carbón», comenta. Había una convocatoria para emprendedores que ofrecía 4.000 euros y el IVA, pero «no me la dan porque no hay dinero».

En la cuadra de su abuelo, donde guarda los caballos, hay pintadas amenazas en color verde. Arancha no dice nada. «Es por mí», dice el padre, antiguo sindicalista que ahora milita en el ecologismo anti cielos abiertos.

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