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EL MISTERIOSO CASO DE MARI TRINI Y SU HIJA

La Policía vuelve sobre el rastro de las desaparecidas de Matadeón

«Que aparezcan por lo menos para saber a dónde llevarles flores», claman los vecinos de Trinidad Suardíaz y su hija Beatriz, cuya última pista se pierde en un Alsa y en la rúbrica que dejó la mujer en la Audiencia de León en 1987 junto a la de su marido y agresor.

 

MARI TRINI YA TIENE QUIEN LA BUSQUE. La Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (Udev) de Gijón inicia una nueva búsqueda de la vecina de Bárzana (Asturias) que vivió un tiempo en Matadeón con su marido, el ciudadano portugués Antonio María da - Silva.

21/01/2018

ANA GAITERO / ISOLINA CUELI | León / Asturias / Portugal

¿Qué será de Mari Trini? ¿Vivirá la niña? Los corrillos a la puerta de la iglesia de Selorio, esbelta muestra del románico asturiano, repetían las mismas preguntas después de la misa que amistades y familiares lejanos ofrecieron en memoria de Carlos Manuel, un vecino que vivía en la calle en Gijón y era el único pariente de María Trinidad Suardíaz y su hija Beatriz Da Silva Suardíaz, ambas en paradero desconocido desde el 15 de julio de 1987.

Es una mañana soleada del mes de enero. Un domingo ordinario en el que luce el sol de forma extraordinaria en las parroquias del concejo de Villaviciosa. Por estos pueblos verdes de fondo azul, transcurrió la vida de la infortunada maliyesa, una joven a la que todo el mundo recuerda a pesar de que desapareció hace ya 30 largos años, cuando ella contaba 25 y su niña, la que tuvo con el Portugués, que tenía 13 meses de edad.

La Policía vuelve sobre el rastro de Trinita y su hija, después de que la jueza de instrucción número 4 de Gijón, Ana López Pandiella, decidiera reabrir el caso de la maliayesa que fue buscada infructuosamente en Matadeón de los Oteros en marzo de 2016.

La última vez que alguien del pueblo vio a Mari Trini fue el 13 de julio de 1987. María Rosa, una vecina natural de Bárzana, como la desaparecida, lo recuerda sin dudarlo porque «era lunes de Loreto en Colunga», explica, festividad que coincide con el lunes anterior al Carmen. María Rosa tenía una tienda en Colunga y aprovechó la fiesta local para llevar a su hija al médico a Oviedo. Por eso no se le escapa la fecha.

Al subirse al autobús en La Reguerina, Bárzana, el Alsa de Ribadesella a Oviedo, María Rosa se encontró con Mari Trini, la niña y el marido y padre, Antonio María Da Silva. «Los tres ya venían en el autobús», asegura. Se bajaron en Oviedo, igual que ella. A la mujer le llamó la atención que se dirigieran a la oficina que había en la estación para viajes internacionales. De hecho, siempre que se hablaba de la desaparición le decía a su madre que Trini estaba en el extranjero, pues supuso que fueron a comprar billete a aquella ventanilla.

«No era de extrañar», apostilla otra vecina de Bárzana, Marité Cueli. Mari Trini fue a Suiza con el Portugués y huyó de sus palizas tras avisar por conferencia a la abuela Feli, la mujer con la que se crió en el pueblo de Castiello de Arriba. Todo el mundo recuerda a la desaparecida como apocada y de pocas luces, la joven tuvo arranque para subirse a un tren y volver a España. Fue antes de quedarse embarazada de Beatriz y después de que su marido las arrojara, a ella y a su abuela, por un barranco entre Castiello y Lué en el coche, tras simular que había pinchado la rueda, abrir el maletero y prender fuego a unas latas de gasolina que llevaba atrás. A la abuela le quedaron secuelas de por vida. «Le quedó la ropa pegada al cuerpo y sufrió quemaduras», aclara Marité.

Nadie se explica por qué no se actuó entonces. Ni por qué la infortunada volvía una y otra vez con su verdugo, pese a las advertencias de su madrina y padrino. «Si vuelves con él, no cuentes con nosotros para otra vez», le dijeron tras rescatarla en Matadeón en la primavera de 1986. «Las monjas me dijeron que era mejor que volviera con él», explicó a Marité cuando fue a despedirse con la niña en brazos. No hay duda de que el 15 de julio de 1987 Mari Trini y Antonio María Da Silva, dos días después de que fueran vistos en el autobús, se personaron en la Audiencia Provincial de León. Tenían que firmar una citación judicial. Sus rúbricas aparecen en las diligencias que instruye la juez gijonesa Ana López Pandiella y que han vuelto a tomar vida tras una investigación periodística de Diario de León, publicada en julio del año pasado.

La Policía inició las pesquisas en 2002 tras la denuncia que presentó Carlos Manuel Suardíaz. El marido de Mari Trini y padre de Beatriz vive en Portugal y nunca ha sido interrogado por los policías de la Udev de Gijón: «Nada me gustaría más que encontrarme cara a cara con ese hombre», afirmó el jefe de la investigación a este periódico. El hermano de Mari Trini falleció a primeros de diciembre en un hospital de Gijón víctima de la cirrosis y las secuelas que su cuerpo, de solo 47 años, arrastraba de la vida de carrilano que discurría entre las calles gijonesas, a veces otros lugares, y los bares del barrio del Coto.

Carlos Manuel Suardíaz murió sin saber el paradero de su hermana y sobrina, a quienes un día de aquel verano de 1987 fue a visitar, como tenía por costumbre, a La Casita de Las Adoratrices. «Me dijeron que se había ido con ‘el criminal’», relató a Diario de León en un encuentro en septiembre de 2017.

A la segunda cita no acudió. Desapareció del barrio y dos meses después moría. Iban a verle los compañeros de partida y otros conocidos como el dueño del bar Linda, de Hermanos Felgueroso.

Pesquisas en Barcelona

Este hombre cuenta que Carlos buscó a su hermana en Barcelona hace un par de años, pero nada halló. Por aquellos días, en febrero de 2016 la jueza ordenó excavar en el solar de la casa de Matadeón de los Oteros donde Mari Trini estuvo con Da Silva después de casarse y de la que fue rescatada por su madrina. Es la misma vivienda, solar desde 1997, en la que vivió el Portugués con su primera esposa, Teresa Vieira, y varios de los hijos de este primer matrimonio, entre 1981-82. La mujer confesó a este periódico el pasado verano que huyó del pueblo mientras su marido estaba en Francia, a donde viajaba a menudo. Con tres críos de la mano y otra en el vientre, pidió ayuda a la Guardia Civil y al Consulado de Portugal en León para regresar a Meadela, en Viana do Castelo.

La Unidad Militar de Emergencias (UME) de León realizó los trabajos, que resultaron infructuosos. No encontraron nada salvo algunos restos de ropa infantil y la placa de una moto matriculada en Ginebra (Suiza). Nada más, salvo tierra y basura.

Ahora la búsqueda de Mari Trini y su hija retoma vida con la reapertura del caso. La magistrada López Pandiella reactivó las diligencias, que había archivado provisionalmente en febrero de 2017, poco después de las informaciones publicadas en Diario de León el pasado verano.

La investigación periodística, realizada entre León, Portugal y Asturias, desveló la doble vida de el Portugués, al descubrir otra familia de Da Silva con siete hijos en el país luso, así como la casa de Berbes (Ribadesella), propiedad de Da Silva, que fue la última morada de Trini y la pequeña Beatriz antes de su desaparición.

La mitad de la vivienda está arrumbada. Desde la ventana desvencijada queda a la vista la única habitación de la primera planta que no se ha hundido. Una cuna oxidada, una maleta roja dispuesta sobre la cama y otra negra en el suelo como si alguien acabara de llegar o estuviera a punto de marcharse, ropa, sobre todo pantalones y camisas de hombre, y un paraguas, sobresalen entre los escombros colgados de una barandilla.

Salida precipitada

La escena hace intuir una salida precipitada. El Portugués, que andaba siempre subido por los tejados, echó también una capa de cemento sobre la fosa séptica. En el pueblo recuerdan a la desaparecida maliyesa con la niña y también la imagen del Portugués subido en el tejado y pintando de amarillo una ampliación que hizo de la casa.

«Hacía cosas raras, pintaba el tejado del lavadero de colores, hizo una chimenea sin tiro, construyó por encima de la tubería pública y cerró la ventana con una terraza», detalla una vecina. «No estaba bien», piensa, aunque «no se metía con nadie», apostilla. También recuerda Carmen que el extraño hombre iba a Valencia de Don Juan cada poco. Hasta que un buen día desapareció y no volvieron a saber más de él. «Se vende», dice una pintada desvaída.

Antonio María Da Silva, nacido en 1944 en la aldea de Sao Francisco de Asís, en Covilha, Portugal, era albañil de profesión y aunque en realidad vivía de actividades ilícitas como el contrabando, el tráfico de armas y otros trapicheos que le relacionan con la prostitución, mostró una afición inusitada por hacer obras en las tres casas que compró en sus andanzas por Asturias y León. «Era un ñapas», recuerda el alcalde de Matadeón de los Oteros, Miguel Ángel Lozano.

En la casa que compró en el pueblo una vecina cuenta que puso un azulejo de San Antonio y que tenía pensado poner otro de Santa Teresa, por su mujer. Por eso, en Matadeón todo el mundo recordaba el nombre de Teresa y se pensó que era la misma persona que Trinidad.

Muerte en La Peral

En La Peral, pequeña aldea de Illas cercana a Avilés, también vivió con Teresa y algunos críos pequeños. En el cementerio del pueblo está enterrada la bebé que perdieron después de un intento infructuoso de socorrerle en el hospital.

Teresa recordaba este óbito con lágrimas al rememorarlo conversando por teléfono con una vecina de La Peral el pasado verano. María Fernanda Silva y Vieira nació el 19 de diciembre de 1980 y falleció el 30 de abril de 1981. En la partida de nacimiento de esta niña aparece el matrimonio de Antonio con Teresa, que celebraron civilmente en Haute Saoi (Francia) 1 de enero de 1971. Nunca inscribieron el enlace en el consulado de Portugal y en las partidas de nacimiento de sus hijos en Portugal aparece indistintamente como soltero y casado.

La mujer afirma que el matrimonio Da Silva-Vieira marchó poco después. Se fueron a vivir a la provincia de León, al pueblo Matadeón de los Oteros. No se sabe cómo ni por qué cayó Da Silva por esta zona del sur de León. El hombre que le vendió la casa recuerda que apareció en el coche con una mujer y algunos críos, preguntando por casas y enseguida apalabraron la venta.

Isolina, de La Peral, guarda buena memoria de los golpes y la ‘mala vida’ que el Portugués daba a su mujer. Una historia que se repitió en León, con Teresa primero y con Mari Trini después. Da Silva se casó con la joven maliayesa de forma misteriosa el día de Reyes de 1985, en la iglesia de la Oliva de Villaviciosa. Se ve que tenía preferencia por las navidades para celebrar sus bodas.

Maltratada como su madre

En Berbes relatan episodios de malos tratos con las mismas mimbres de Matadeón de los Oteros y La Peral. Las vecinas repiten que Mari Trini pedía auxilio al vecinario de una forma muy particular: «Tiró un papel por la ventana y vino la Guardia Civil, pero como no se habían metido con nadie era cosa de ellos», comenta una mujer.

Un caso de libro de violencia de género que en aquellos años se vivía con naturalidad por la mayoría de las víctimas y más aún por su entorno. Trini repitió la vida de malos tratos que recibió su madre, Marujina ‘la Cestera’: «Cuando se murió fue negra para el cementerio», dice una vecina al referirse a los múltiples moratones que tenía al dejar este mundo, el 26 de septiembre de 1986. Ocurrió al día siguiente del bautizo de la niña en la capilla de La Casita, como consta en la partida de la parroquia de la Asunción.

Gonzalo ‘el Criollo’, el padre de la desaparecida, maltrató toda la vida a su esposa. Con Marujina se casó de rebote. Era la novia de un primo. Y llegó a hacerse con la propiedad de la casa que su mujer había heredado, donde nació Mari Trini un 9 de noviembre de 1962. Tuvo dos hermanos, Francisco Javier y Carlos Manuel. Todos están marcados por la tragedia. El primero murió en 1989 atropellado por un coche que se dio a la fuga. La familia no sabía nada de ella ni de la niña ni del Portugués, pero figuran como familiares directos en la esquela. Nadie sospechaba aún que Mari Trini podría haber muerto. A lo sumo, pensaban que viviría una mala vida.

Si viviera Mari Trini, cosa que duda ya todo el mundo, tendría 55 años y su hija, la que unas misteriosas mujeres querían que diera en adopción, ya 31. Son las últimas Suardíaz. Sus nombres van sin la cruz de los fallecidos en la esquela de Carlos Manuel. ¿Que será de Trini? ¿Vivirá Beatriz? Las preguntas se repetían a la puerta de la iglesia. «Que aparezcan, aunque sea para saber donde llevarles un ramo de flores», claman las gentes de Bárzana.

Aspecto de la casa de Berbes, con la cuna de la pequeña Beatriz y las maletas encima de la cama. GAITERO


   
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