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CAÍDA DEL FRENTE NORTE | LA CRUENTA BATALLA DE LOS PUERTOS

Setenta y cinco años de soledad

Los historiadores reivindican la resistencia republicana a la ofensiva franquista en los Puertos como la principal batalla del Frente Norte y exigen la puesta en valor del patrimonio bélico en su 75 aniversario.

 

Las trincheras del coto de Castiltejón se asentaron sobre un castro protohistórico de la Edad del Hierro. - arqueomalacologia león

ana gaitero | león
13/10/2012

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El Frente Norte en el León de la Guerra Civil.

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«Bien de mañana llegaba a Riaño la comitiva del jefe del Estado, que fue recibido por el general Aranda y su Estado Mayor». Son los primeros días de octubre de 1937. Franco visita Tarna, Lillo y el Pontón para felicitar a sus tropas. Está a punto de lograr su objetivo.

El Frente de los Puertos fueel último foco de resistencia de los republicanos en el norte después de la caída de Santander y de Bilbao. A Franco se le resistió. Envió 140 unidades para abrirse camino a Asturias, lo que significaba acceder a la producción de carbón y de armas, frente a las 80 que empleó en el cerco de Bilbao. «La última batalla en las provincias de Asturias y León fue la más importante de toda la contienda del Frente Norte», subraya el historiador Luis Aurelio González López.

«Fortificar es vencer», conminaban las autoridades republicanas en el frente asturleonés cuando en abril de 1937 movilizaron a la población civil de más de 16 años para levantar trincheras. Era la única forma de intentar parar a un ejército superior en armas y hombres.

Fracasaron. Las tropas sublevadas lograron romper el frente asturleonés en una batalla cruenta que tuvo su punto álgido en los últimos días de septiembre y los primeros de octubre. El día 7 de octubre toman Tarna y el 10 alcanzan Redipuertas por la carretera de Vegarada.

Entre el 16 y el 19 se hacen con Pedrosa, Valverdín y Canseco, otro pueblo arrasado por las llamas ante la llegada de soldados requeté. El 20 entran en Cármenes, el barrio de la Tercia y Golpejar. Los puertos están despejados. Las tropas nacionales cruzan hacia Asturias y el 21 de octubre con la entrada de la brigada navarra en Gijón desaparece el Frente Norte.

Pero no fue un paseo militar, ni mucho menos. «La brava resistencia republicana y el sistema de fortificaciones y trincheras retrasaron el avance de las tropas franquistas», afirma González al reivindicar la memoria de Peña Laza, en Villamanín.

A casi 1.700 metros de altitud, los republicanos de la Brigada Montañesa echaron abajo del plan de las tropas sublevadas de adentrarse en Asturias por Pajares y situarse en tres días en Mieres. «Por la noche los republicanos tomaban posiciones y por el día las fuerzas franquistas las recuperaban con ayuda de la aviación», explica.

En Cerro Águila, en el Fontún, «la resistencia de los republicanos llega a su fin cuando solamente queda un reducido grupo de unos 20 hombres que hicieron estallar los cartuchos de dinamita de sus cinturones, tal y como contó el general franquista Antonio Sagardía Ramos, que iba al frente de la columna, en su libro Del Alto Ebro a las fuentes de Llobregat: 32 meses de guerra de la 62 división», agrega el impulsor y coautor del libro La Maginot Cantábrica.

Por eso el 25 de septiembre deciden reventar la resistencia desde Riaño, por el puerto de Ventaniella, traladando las tropas a San Isidro y Tarna con Muzñoz Grandes a la cabeza. Al romper el frente en Tarna las tropas nacionales llegan a la zona de Infiesto alcanzado la retaguardia del ejército republicano en Asturias. Otro hito de esta batalla final fue la resistencia en Peña Aguja y Toneo. «Las tropas franquistas tuvieron que entrar a carga de bayoneta y su comandante muere», agrega.

No acaban aquí los episodios heróicos de la batalla en el Frente de los Puertos. Cuando toman Ventaniella desde Valdosín se encuentran con una trientena de hombres que se resisten y no hay forma de echarles. «Tuvieron que utilizar los aviones caza en forma de noria. Uno detrás de otro ametrallaban la posición para que no pudiesen salir de las trincheras. La infantería franquista avanzó así hasta 50 o 60 metros de la posición republicana, cuando ya ponían en peligro a su propio bando. Los de Mateoti se defendieron a bayoneta calada y con bombas de mano», cuenta González.

A su vez los fortines sirvieron para retrasar y hacer menos cómodo el avance de las tropas franquistas. Luis Aurelio González destaca el importante papel que jugó el de Arboleya en San Isidro, una de las construcciones bélicas más espectaculares por su tamaño.

«Allí no hubo lucha pero impidió que las tropas franquistas pasaran a San Isidro por la carretera. En lugar En lugar de atacar por la carretera tienen que avanzar por el monte hasta el pico Mahón dando una gran vuelta entre Rucayo y San Isidro. Para abastecer a las tropas tuvieron que utilizar entre 600 y 700 mulas», explica el historiador.

Los fortines y búnkeres galerías, calados en roca viva por los milicianos, muchos de ellos mineros, se situaron en puntos estratégicos de comunicaciones», subraya. El fortín de el Regaldín, sobre el desfiladero de Los Beyos, «impidió que Franco acometiera la entrada en Asturias a través del Pontón, que controlaban sus tropas».

Los héroes, como los soldados leoneses del batallón Iskra, o los del 241, dirigido por Silvino Morán, han sido olvidados. El patrimonio que aún queda en las montañas, el más importante en la provincia de León, «representa lo que lucharon y el esfuerzo de la población civil que participó en su construcción», agrega González. Trincheras, búnkeres, casamatas, parapetos, cuarteles cumplen 75 años de soledad en las montañas leonesas.

La Junta de Castilla y León no ha elaborado un inventario del patrimonio de la Guerra Civil. Como tampoco está protegido, está expuesto a su destrucción sin que ni siquiera se llegue a documentar como ocurrió con el cuartel general del ejército republicano en Castiltejón (Puebla de Lillo), apuntan Víctor Bejega y Eduardo Álvarez, coautores de la investigación de este enclave del Frente de los Puertos dentro del proyecto «Arqueología del Fascismo: Materialidad y Memoria», financiado por el Csic, y del Ruin Memories Project, del gobierno de Noruega.

«La mejor protección son las normas urbanísticas de cada municipio», precisa el jefe del servicio territorial de Cultura de la Junta, Jesús Álvarez Courel, quien anima a todos los ayuntamientos a incluirlos en sus planeamientos urbanísticos. Los expertos consideran que esta medida es insuficiente porque respecto a los restos de la Guerra Civil «la tónica general es despreciarlos».





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3 Comentarios
03

Por --- 15:19 - 13.10.2012

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le remordera la conciencia por eso no quiere oir hablar de historia

02

Por ---navy 15:16 - 13.10.2012

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Que es que no te gusta la historia? pues no la leas asi de sencillo. lee ciencia ficción te gustara mas.

01

Por ya esta bien 9:51 - 13.10.2012

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Y mi tatarabuelo fallecio a manos de los franceses en el corral de san guisan, YA ESTA BIEN DE HISTORIAS PASADAS! este periodico parece el abuelo cebolleta

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