EMILIO GANCEDO | texto EMILIO GANCEDO | texto 07/12/2003
AMALIO (DEL LIBRO «EL BIERZO»)
NO, NO ES LA ALDEA DE ASTÉRIX. ES EL PUEBLO DE PARADASECA A FINALES DE LOS AÑOS SETENTA
Hace unas décadas, los habitantes de un condado del suroeste inglés descubrieron lo que parecía ser un extraño círculo de piedras hincadas en la tierra. Al lugar se desplazaron con carácter de urgencia un nutrido grupo de investigadores, etnógrafos, antropólogos, historiadores, arquitectos y arqueólogos para examinar con detenimiento el curioso hallazgo. Tomaron notas y discutieron acaloradamente sus hipótesis en jornadas y simposios. Finalmente concluyeron que el círculo de marras no era sino los restos de una antiquísima vivienda redondeada ¡que estaba techada de paja u otro material vegetal!
El descubrimiento causó expectación en toda la zona: el lugar se cercó y protegió; en sus inmediaciones se creó un museo etnográfico y se elevó una reconstrucción de la ya famosa «casa de paja»; los comerciantes de la ciudad vendían pequeñas maquetas de la misma en sus tiendas y su imagen, convertida en símbolo de la comarca, podía verse en carteles, camisetas y pósters. Es el emblema de nuestra identidad cultural, aseguraban con orgullo sus habitantes. Quizá un parque temático completo no, pero sí un poco de respeto, protección y valoración social es lo que necesitan las construcciones más arcaicas de León, que son tanto más símbolos culturales nuestros en cuanto que hasta hace nada han venido cumpliendo el servicio y la función precisa por la que hace ya miles de años fueron ideadas. Y no nos estamos refiriendo sólo a la famosa palloza berciana, que, pese a los múltiples desmanes que ha sufrido y las desapariciones irreparables de ejemplares a las que hemos asistido, es bien conocida y estudiada, apreciada y muchas veces bien reutilizada en nuestros días con fines turísticos, principalmente hosteleros y etnográficos. Hoy resulta gratificante y hasta rentable para sus propietarios el disfrutar de ese ambiente ancestral, comunitario y sugestivo de compartir una comida o un trago de orujo con amigos bajo la enorme y fascinante bóveda de cuelmos de centeno. Es una salida digna y útil a la palloza remozada, que hoy podemos encontrar en restaurantes como los de Canteixeira, Balboa, Carracedelo y a las puertas de la propia capital leonesa. Pero hay muchas más construcciones de parecida tipología que aunque puedan estar clasificadas aún no están especialmente protegidas y se vienen abajo en medio de la indiferencia social o quizá también por falta de medios económicos o conocimientos técnicos. Estos edificios sorprendentes perduran hoy en valles alejados de rutas de comunicación, pero a principios del siglo XX en todas las comarcas (principalmente del Norte y Occidente, aunque hasta en el Páramo había) la mitad de las casas de las aldeas estaban techadas de centeno. Hay construcciones de este tipo en la Cepeda Alta (principalmente cuadras o pajares, muchos medio derruidos), también en Maragatos y, especialmente cubriendo hórreos, en la zona de Barjas y frontera con Lugo. En Cabrera subsisten casas y el peculiar payar colmáu , y en los puertos del Norte de León, el chozo de pastor para albergar al pastor encargado de cuidar las ovejas. Las viviendas humanas de techumbre vegetal reciben en la provincia el nombre exclusivo de casas de techo , de teitu o de teito , no tanto de pallozas; pallaza es otro de los peculiares nombres que se les aplica.