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Jesús Posada. presidente del congreso de los diputados

«Va a ser una legislatura muy viva e interesante»

Jesús Posada fue de los que apostó fuerte por Mariano Rajoy cuando el propio PP cuestionaba el liderazgo del gallego desde instancias más que poderosas. Ahora, el presidente del Gobierno le ha devuelto la confianza y sitúa al soriano como presidente del Congreso de los Diputados. A nivel institucional, Posada es de este modo la tercera persona más importante del país. Pero, ante todo, es un todoterreno de la política y un experimentado ex presidente de la Junta de Castilla y León, ex ministro de Agricultura, de Administraciones Públicas, ex gobernador civil de Huelva… Muchos cargos, también en el PP para este soriano militante.

 

Jesús Posada, durante la entrevista exclusiva concedida a DIARIO DE LEÓN en su despacho del Congreso de los Diputados. - RAQUEL P. VIECO

PABLO R. LAGO/PACHO RODRÍGUEZ. MADRID
04/02/2012

Casado, con tres hijos, ingeniero de Caminos, Jesús Posada es un valor seguro en ese equipo de notables en la sombra que Rajoy ahora dota de las más altas responsabilidades; su figura será de vital importancia en las próximos cuatro años años que, como él mismo intuye, van a ser de gran actividad parlamentaria.

—Después del rey y el presidente del Gobierno, usted es la tercera autoridad del país. ¿Cree que los ciudadanos perciben la importancia del cargo de presidente del Congreso?

—Creo que en la estructura política que tenemos en España sí se ve al presidente del Congreso como una autoridad que preside algo tan importante. Y, por tanto, que tiene una clara presencia en la vida política española. Y también se ve claramente que forma parte del partido gobernante. Eso no tiene ninguna duda. Yo soy presidente del Congreso porque Mariano Rajoy decide que puedo ser un buen presidente. Los ciudadanos se dan cuenta de que yo no formo parte del Gobierno y que tengo una función conciliadora y una trascendental, que es conseguir que las diferentes voces sean oídas y valoradas según el peso que tienen en las cámaras.

—Pese a la mayoría abrumadora del PP, ¿cree que ha sido fundamental, además de su trayectoria política, que Rajoy haya tenido en cuenta su devenir conciliador?

—Lo que sí seré es fiel a la trayectoria política mía desde hace muchos años. Conocida en España y, principalmente, en Castilla y León. Hay una opinión y forma de comportarme a la que pienso seguir siendo fiel. Porque ha sido mi manera de ser, y debo decir que los ciudadanos y los partidos políticos la han recibido con agrado. Se trata más de integrar que de confrontar, y de buscar acuerdos políticos en lugar de disensos. Eso no quiere decir que yo, como presidente del Congreso, no tenga como principal misión hacer que se cumpla el reglamento. Mi papel como presidente del Congreso también será que todas las voces sean oídas, además de dirigir las votaciones.

—Precisamente, por esa importante mayoría del PP, ¿piensa que se pueda generar que el Congreso pierda intensidad y fortaleza en los debates?

—No lo creo. Hablar del futuro es aventurado, pero creo que lo bueno, lo excelente que tiene el Congreso, y que yo lo defiendo, es que independientemente de las elecciones, en las discusiones, en la confrontación política, lo que prima es el argumento. Creo que va a haber debates muy vivos e interesantes en el Congreso. Auguro, por eso, una legislatura viva e interesante.

—¿Es fácil satisfacer a las fuerzas políticas en el Congreso cuando cada una parece interpretar a su manera el reglamento?

—Yo quiero dejar esto muy claro. El reglamento está para que lo cumplamos. El presidente organiza los debates y tiene un cierto imperio, en el sentido romano de la palabra. Pero es precisamente para que los debates sean bien conducidos y fructíferos para el Congreso y los ciudadanos. Pero el presidente no es una figura al margen de las mayorías. Existe el órgano verdaderamente importante y significativo, en la organización del Congreso, que es la Junta de Portavoces. Y la mayoría que conlleva. Ahí se expresan los portavoces de los grupos, con esa mayoría como referencia, y son los verdaderos protagonistas de la vida parlamentaria. Como presidente, dentro de esa función de buscar el consenso, yo tengo muy claro que tengo que actuar según la voluntad de esa junta de portavoces.

—El anterior presidente inició un proceso de transparencia en el Congreso de los Diputados. ¿Va a continuar en esa línea teniendo en cuenta que a veces en la gente ha cuajado una idea de que los políticos sólo van al Congreso a cobrar?

—Yo pretendo continuar esa labor de transparencia, de mostrar el trabajo de los diputados. Que no es sólo lo que se ha hecho en esta última legislatura, sino en épocas anteriores. El Congreso y sus diputados van siendo más transparentes. Su labor y forma de actuar va siendo más conocida por los ciudadanos. Pero yo no voy a establecer normas que quiten libertad al diputado para que esté donde tenga que estar. El diputado no siempre trabaja sentado en el escaño. Los mismos ciudadanos demandan otras actuaciones, reuniones o trabajos que no se hacen desde el escaño. Es imposible, y no sería ni conveniente, que el trabajo del diputado fuera sentarse a escuchar.

—Pero es consciente de que a la hora de reflotar la imagen de los políticos hay que revisar ciertas cosas…

—Cada diputado tiene que explicar, a través de ruedas de prensa o actuaciones políticas, qué logros está consiguiendo. Para eso está su labor en cada provincia. Y sí, el político ha de buscar la fórmula para llegar a los ciudadanos y explicar lo que está haciendo.

—Da la sensación de que va a ser una legislatura intensa en el aspecto legislativo, en cuanto a recomponer o deshacer cosas que había hecho el Gobierno socialista. ¿Cree usted eso mismo?

—Indudablemente. Pero no utilizaría sólo el término rehacer. En algunos casos sí, y en otros, no. Y de la misma manera, en lo que respecta a actuaciones innovadoras. Pero, desde luego, sí creo que será intensa la actividad legislativa, sobre todo en esta primera etapa. En el 2012, espero una actividad legislativa intensa, pero que, como siempre ocurre en el Congreso, y eso es muy bueno, no se puede aprobar de lunes a martes, sino que exige una aprobación y unos trámites. Enmiendas, comisiones, pleno, Senado… Ese proceso de maduración hará que se vea más adelante esta labor legislativa que yo preveo intensa.

—José Luis Rodríguez Zapatero sentó un precedente de muy buena salud democrática en cuanto a la cantidad de comparecencias en el Congreso. El doble, por ejemplo, que Felipe González. ¿Recomendará al presidente Rajoy que no se aparte de esta sana costumbre?

—No necesito recomendarle nada al presidente porque él es consciente de la situación. En el proceso de toma de decisiones se estará viendo su presencia en el Parlamento. Creo que la presencia del Ejecutivo va a ir in crescendo con el tiempo.

—¿Es una exigencia para la trascendencia del Congreso que haya representación a tan alto nivel?

—Hay una dialéctica lógica, como cámara de control del Gobierno, que además incluye la necesidad del Congreso para que ese Gobierno pueda aprobar sus leyes. Y hay, en la actualidad, un Congreso que cada vez quiere más presencia. Las comparecencias de los ministros en las comisiones están despertando un interés enorme. Eso hace que el Gobierno se tenga que volcar. Dentro de esa dialéctica, para los proyectos de ley, el Gobierno necesita al Congreso.

—¿Amaiur debería haber tenido grupo propio?

—Como Mesa del Congreso fue una posición basada en un informe jurídico. La Mesa decidió que no se cumplían las condiciones exigidas para que Amaiur tuviera grupo propio. Fue una decisión jurídica, que la mesa votó, por cinco votos a favor y cuatro abstenciones, y que decidió que no tuvieran grupo propio.

—¿Cómo se ha vivido en Madrid este desembarco de una opción política como la que representa Amaiur?

—Lo mismo que voté en contra de que tuvieran grupo propio, he visto con normalidad democrática que tengan un número de votos que les haya dado representación parlamentaria. Creo que Amaiur, y esto es una opinión personal, está dispuesto a actuar dentro de los límites del reglamento del Congreso.

—¿Qué le aporta su trayectoria y experiencia política a la hora de ser presidente del Congreso?

—Lo que sí me da es una visión en perspectiva de la historia democrática de España. En el 79, era gobernador civil de Huelva. Llevo muchos años en política. He visto muchos grupos políticos y a muchas personas comportarse. Y a muchos presidentes del Congreso, de los que me he fijado en su forma de actuar. Que los demás me hayan visto, también es bueno porque pueden prever cómo puedo ser yo, o pensar o actuar. Y pienso que esa experiencia política larga es buena para este puesto.

—¿Qué le parece que haya habido alguien a quien no le haya gustado que se le haga un homenaje a Manuel Fraga?

—Primero, me produce respeto, porque esa es la característica esencial de un presidente. Pero quiero decir que esas palabras que yo voy a decir son del presidente del Congreso. Van a recoger la labor parlamentaria de Manuel Fraga. Pero también lo quiero hacer con todos aquellos que hayan tenido una labor notable en el Congreso. Porque todos han contribuido a la democracia española. Debemos rendir homenaje a los que nos han llevado a esta democracia. Fraga se lo merece, como también muchos otros con los que puede ocurrir lo mismo.

—Qué opina de ese tópico que siempre dice que ya no hay parlamentarios como antes?

—Siempre ha ocurrido y se ha dicho. Todos los cronistas parlamentarios lo han sugerido. Cánovas y Sagasta, Maura y Canalejas… El paso del tiempo hace que se agiganten esas figuras y, en cambio, miremos con menos interés a las actuales. Siempre ha habido intervenciones brillantes y otras no tanto.