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un día para los ‘frikis’

La vida es un número

La extraterrestre del anuncio de Loterías del Estado no estaba ayer en el Teatro Real, pero hubo quien pasaría por encima a un marciano.

 

El Teatro Real de Madrid se llenó de pintorescos personajes, entre ellos Felipe Bernardino Rodríguez, de Cofiñal (derecha), un asiduo a este evento. RAQUEL P. VIECO -

El hostelero leonés Juan López y Manuel Álvarez, de Babia. R.P. VIECO -

23/12/2017

pacho rodríguez | madrid

Uno siempre lleva papeletas, aunque hay días que parece que las tiene todas... A las 7 hay 6 grados en Madrid. Y el 1 de la fila es Jesús Manuel Ruiz, de Novales (Cantabria), 14 años de experiencia de lotería en directo y que, para ser el primero en entrar, ha esperado la friolera de 26 horas. Con números así también saldría un buen Gordo. Si es 22 de diciembre, esto es la Lotería Nacional. El Teatro Real, Ópera, Madrid... El núcleo de la suerte. El ruido de las bolas girando en el bombo. Un bombo que retumba por toda España. El mundo más friki del mundo. La fila que, de entrada al Teatro Real, actual sede del célebre sorteo, es un real esperpento. El rito de lo no solemne, ante notario. La jornada comienza la noche que no acaba. Empieza cuando la esperanza de que alguien va a convertirse en millonario no es una alucinación, porque ayer pudo pasar. La extraterrestre del anuncio no está pero hay mucho ejemplar que pasaría por encima a un marciano. A esas horas siempre hay una pareja de regreso a casa repartiéndose el frío entre sus brazos. No cambian esa suerte por 400.000 euros. O sí.

Manuel Álvarez, de Babia, sí que la cambia por rescatar lo suyo: «Nuestra lotería sería recuperar el dinero de Forum y Afinsa. Es la primera vez que vengo y no juego nunca», asegura este leonés jubilado, de 69 años, que junto a otros ha hecho de la cita un acto de protesta con carteles y pancartas.

Otros leoneses sí que acuden a disfrutar. Como Juan López, que cree que va de obispo. Se puso a la cola a mediodía de ayer. Y, como propietario de un bar de La Palomera especializado en contratar artistas de dudoso arte (El Dioni, Malena Gracia...), se le ve ágil en el mundo del frikismo habitual en este sorteo. «Por mi bar conozco a muchos famosos y ahora me quiero dar yo a conocer. Aunque ya tengo mucha gente que me sigue», afirma López, que debuta con disfraz en la platea del Real.

Entre medias se ve a un Papa de Málaga, una joven que sería una astronauta de la Nasa con base en Utrera... Un Chiquito de la Calzada o un mensajero de la fortuna, procedente de Olivenza (Badajoz), llamado Antonio Antúnez, y que, sentado, apenas da guerra a la espera de a ver si el Gordo le toca en directo. Hay mucho solitario. Como si esa suerte fuese el último comodín del futuro. Y aparece entonces el experto de Cofiñal. Felipe Bernardino Rodríguez. Maneja cifras que casi serían mejor que fueran un farol. 41 años viniendo y 1.500 euros jugados este año. Al menos, eso dice. En la calle, a esas horas del comienzo del sorteo aún hay una buena cola con gente dispuesta a esperar para entrar. Hay que desanimarles. A los que se suman trabajadores de seguridad del Metro de Madrid que explican que llevan tres meses sin cobrar. Hay que animarles. Entre la gente normal (por así decirlo), que la hay, como muestra hay dos chicas que asisten con cara de ilusión, bastante ajenas al lío de disfraces. Ana Pardo, madrileña, dice que «no me importaría que tocara, claro. Pero vengo porque hace dos años me tocó un quinto premio que me regaló mi hermana la noche anterior. Y quiero ver cómo pasa en directo», cuenta.

En el escenario, los preparativos se suceden con riguroso control y sin incidentes. «No hay premios para tantas bolas», se lamenta un fotógrafo mientras suenan cayendo al bombo miles y miles. Pero hay que reconocer a Loterías y Apuestas del Estado que este jaleo está muy bien organizado para que no ganen los de siempre. Juan López, el hostelero leonés, tiene tiempo hasta para promocionar la capitalidad gastronómica, que se lo prometió a un amigo. Si es el sitio o no, que lo diga la suerte. Pegue o no pegue, porque hay días que la vida es un número.


   
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