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Vida y memoria de la provincia

Cumplidos cien años y con el privilegio de haber escrito un siglo de la historia de León, el periódico extiende la mirada a un futuro irrenunciable orgulloso de un pasado irrepetible

 

Ramiro | Jesús | Javier -

B. Fernández | Camino GallegoB. Fernández | Camino Gallego 03/02/2006

Defender los intereses de la Iglesia y de España dentro del humanismo cristiano. Con esa consigna, y bajo el auspicio del obispo de la diócesis, Juan Manuel Sanz Sarabia, era concebido el Diario de León. En el número 5 de la calle del Paso, con más voluntad que medios, un grupo de aficionados daba vida al primer número del periódico. Tenía su redacción y administración en la calle Los Pasos. Junto a la fecha inolvidable del 3 de febrero de 1906 es referencia inevitable el nombre de Eloy Blanco del Valle, su primer director, «hombre de vasta cultura, de piedad acrisolada y de convicciones hondas». De aquel equipo quedan vagas referencias y un testimonio especialmente significativo: «Los primeros días del nacimiento fueron un desastre tipográfico. Se tiraba en un taller que tenía en la calle La Paloma el señor Tejedor, y aquella imprenta, vieja y destartalada, nos estropeaba los artículos más afinados». Aquel vespertino, en el que enseguida tomó el relevo en la dirección Isaac Martín Granizo, constituía el cuarto proyecto nacido del frenesí editorial que, a caballo de uno y otro siglo, dio luz a La Democracia y El Porvenir, ambos de ideario republicano, y León de España , defensor de las consignas liberales. Pese a la competencia y al duro golpe que supuso el fallecimiento en 1909 de Martín Granizo, a los 28 años de edad, el Diario de León ya acreditaba nada menos que 1.700 ejemplares de venta diaria. Sus cuatro páginas daban preferencia, sobre todo, a ingeniosas consignas publicitarias, de manera que la información, recogida en gacetillas, parecía ser algo complementario. La instalación en 1916 del primer teléfono, que respondía al número 110, y la incorporación dos años más tarde como colaborador de Carmelo Hernández Moros, Lamparilla , constituyen hitos en la historia del decano de la prensa leonesa. El divino sordo , apodo por el que también se conocía al periodista leonés más popular de todos los tiempos, fue la referencia de la saga de los Pinto Maestro, Filemón de la Cuesta, Pérez Herrero y Victoriano Crémer. Este último fue pasante de abogado, mancebo de farmacia y tipógrafo antes de alcanzar los reconocimientos que adornan su carrera literaria y el exquisito trabajo que nos regala cada día de una vida que nace y se desarrolla en estrecho paralelismo con este periódico, visto ahora que uno y otro se asoman al siglo de existencia y servicio inquebrantable a los leoneses. Discípulo aventajado de esa promoción es Francisco Umbral. Aun muy joven, el posterior premio Cervantes anunciaba ya actitudes y recursos literarios extraordinarios, felizmente recogidos durante algún tiempo en las páginas de este periódico. Antes, en 1917, el Diario de León hubo de hacer frente a la crisis del papel y el racionamiento de la tirada, que afectó al periódico entre 1919 y 1921. porque la Sociedad de Tipógrafos reclamó un aumento salarial del 50% para los que ganaban seis pesetas diarias, y del 60% para los que percibían menos. Las huelgas de 1931 volvían a impedirle salir a la calle, lo que también ocurriría en vísperas de la Guerra Civil. La contienda trajo consigo el relevo provisional de Filemón de la Cuesta. Lo sustituyó Antonio González de Lama. Bajo la tutela de éste, el periódico consiguió sobrevivir a duras penas. La sede fue asaltada por el Frente Popular y requisados sus medios para fines militares. Después desempeñarían los cargos de director José Luis Pérez Herrero, de nuevo González de Lama y Marcos Oteruelo, ya en las décadas de los sesenta y setenta. Primer cambio tecnológico Un grupo empresarial, Sarpe, asume el reto del cambio. Por primera vez desde su nacimiento, el Obispado queda en minoría en la propiedad. En abril de 1973 se abandona la imprenta, que desde Gutemberg apenas había evolucionado. Los cajistas, las linotipias y la rotoplana dejan paso a una nueva técnica de la que el Diario de León es casi pionero en España, pues en su momento sólo había cuatro periódicos en todo el país que hubieran adoptado el nuevo sistema de impresión denominado offset. Era era una ventana abierta al futuro. Con la pequeña rotativa canadiense Ghost se acababan aquellas planas interminables de plomo, en las que había que ir añadiendo o quitando líneas hasta completar el espacio dado, y se abría pasa un nuevo metodo de trabajo en el que tenía cabida un personaje que hasta entonces no existía en los periódicos: el diseñador, también llamado maquetista. Se encargaba de dibujar cada página y establecer los elementos que iban a tener cabida en ella. El primer diseñador que tuvo aquel DL de pequeña cabecera casi cuadrada y manchada de rojo fue Luis Infante, periodista salido de la Universidad de Navarra que en la última década del siglo XX sería director del diario deportivo Marca . Pues bien, Luis Infante estableció unos parámetros que se mantuvieron más o menos rígidamente en aquella vieja redacción de Pablo Flórez que entonces dirigía Alfredo Marcos Oteruelo y en la que también trabajaban periodistas y colaboradores como Marcelo Martínez Aláez, César Trapiello y Ángel Herrero Conde, Roherre , que formaban la vieja guardia del Diario de siempre pero al que más recientemente se incorporaría una nueva hornada de gente joven como Manuel Antonio Nicolás, Carlos Bernal y Pedro García Trapiello, sin olvidar a José Luis Aguado y a Eduardo Carbajo, quienes junto con el fotógrafo Fernando Rubio eran todo el personal de una redacción a la que ese verano llegaron para hacer prácticas Antonio Núñez y Camino Gallego, hoy redactores jefes. En esos años setenta el Diario de León dio el estirón. Se convirtió en un auténtico periódico, alejándose de aquella vieja imagen de hoja parroquial cuyo sambenito seguiría colgado mucho tiempo entre un sector de la sociedad. Con Alfredo Marcos Oteruelo no sólo había llegado el offset a León, sino también un concepto nuevo de periodismo hecho por periodistas. Titulados en la Escuela Oficial y, posteriormente, en las facultades de Ciencias de la Información tuvieron cabida en la nómina, pero además se buscaron colaboradores de importancia y así se podía encontrar en sus páginas las firmas de Francisco Umbral, Bernardino M. Hernando, Jesús Torbado, José Antonio Carro Celada, César Aller o Ernesto Escapa, por citar algunos. El 6 de noviembre de 1973 Javier Olave Lusarreta toma posesión del cargo de director. Con sólo 26 años, fue el director más joven de un periódico en España. En esta etapa se moderniza la presentación de los contenidos, pero sobre todo se destaca el rigor informativo, aumentando considerablemente la credibilidad. El asesinato de Carrero Blanco ocurre al poco de llegar Olave a la dirección, comenzando entonces una época política apasionante, el preludio de la Transición. Casi cuatro años justos después de su llegada, se marcha a Madrid Javier Olave y pasa a desempeñar la dirección Íñigo Domínguez. Mantiene la misma estructura, si bien potencia algunos aspectos como las corresponsalías en las principales localidades de la provincia y la redacción del Bierzo. Eran, sin embargo, tiempos muy difíciles para el Diario de León, injustamente sometido por el franquismo, como tantos otros periódicos, a la despiadada competencia desleal de la llamada Prensa del Movimiento, o más sutilmente Medios de Comunicación Social del Estado, que en León tuvo su expresión en el diario Proa (que luego adoptaría la cabecera de La Hora Leonesa ) respaldado por el Gobierno y generosamente mantenido por los Presupuestos Generales del Estado. Fueron años de penurias económicas, de generosidad infinita del patrón estatal y de una abnegación insospechada por parte de los trabajadores. Tiempos de ansia de libertad y de rabia contenida que alentaban la audacia y la apuesta por la democracia frente al acomodo y el conservadurismo de la competencia. El rótulo «hasta aquí llegará el champán», remarcado con una raya roja a cuarenta centímetros del suelo en una pared de los talleres, sin duda en alusión a la celebración de la entonces todavía hipotética caída de la Prensa del Movimiento, expresa mejor que cualquier otra frase la fe de los empresarios y el anhelo de los trabajadores del Diario de León, entonces ya, y desde hacía algunos años, en su sede de Pablo Flórez, al lado de la Catedral, por hacer un periódico libre, en las formas y en el fondo, para afrontar el final de siglo. El gran salto La década de los ochenta supone un cambio importante en la historia del Diario de León. Deja la presidencia del consejo de administración Ángel Panero, en aquella época también presidente de la Federación Leonesa de Empresarios. Lo releva el también constructor Servando Torío de la Heras. Cesa Íñigo Domínguez (que pasaría a dirigir La Gaceta de Salamanca ) y asume la dirección en funciones Fernando Aller González, con la consigna de aumentar el prestigio del periódico ante el reto que se avecinaba con la subasta de los Medios de Comunicación Social del Estado. El reto fue superado. En marzo de 1984, Diario de León acude en solitario a la subasta y compra La Hora Leonesa por 130 millones de pesetas. Dos meses después el periódico adquirido es cerrado. El Diario de León se traslada a la sede de La Hora Leonesa , en la calle Lucas de Tuy. La utilización de la nueva rotativa lleva consigo el abandono del formato tabloide y la impresión en el actual tamaño asabanado. Fernando Aller dirigió en los seis primeros meses de 1984 uno de los cambios más profundos que ha registrado el Diario de León . Se sustituyó la cabecera por la actual letra gótica. El impulso supuso también un aumento importante de la paginación, pasando de 24 a 40. La ilusión de todo el equipo fue enorme, porque aquel cambio se llevó a cabo sin incrementar la plantilla. Aquella etapa profesional concluyó para Fernando Aller al no aceptar un ensayo editorial sin precedentes en la historia del periodismo nacional, que consistía en eliminar la figura del director del periódico y convertirlo en adjunto al director general para asuntos periodísticos . Probablemente de esta forma el periódico podría responder mejor a las expectativas de un consejo de administración integrado por empresarios que desconocían el mundo editorial y que procedían fundamentalmente de los ámbitos de la construcción, la obra pública y la minería del carbón. Pronto el consejo de administración se fracciona y de aquella escisión nace La Crónica de León . Transcurría 1987. Asumió en esa etapa la responsabilidad empresarial y editorial del Diario de León una persona que unos meses antes había sido nombrada director general: José Luis Rodríguez. Fracasa aquel proyecto y un año después José Luis Rodríguez es cesado. Asume la dirección del periódico de nuevo un periodista, Francisco Martínez Carrión, que cuenta con Fernando Aller González como principal colaborador. La consolidación Un cambio sustancial se produce a finales de los ochenta, cuando Antonio Vázquez Fernández llega a la presidencia del consejo de administración. Poco después comienza a construirse una nueva sede en el polígono industrial de Trobajo del Camino. Es inaugurada en octubre de 1991 y de nuevo se produce otro cambio de imagen del periódico, con nuevo sistema editorial y una rotativa sueca Solna, más rápida, con más paginación y que posibilita la introducción del color. Se recorta el tamaño de las páginas en unos centímetros. Dos personas son las que imprimen el nuevo impulso desde el punto de vista empresarial: Antonio Vázquez Cardeñosa, hijo del propietario y nombrado consejero delegado, y José Gabriel González Arias, que desempeña el cargo de director general. En esta última época la ampliación no es sólo tecnológica, sino también de personal. En el año 1993 nace la Edición Bierzo, con portada propia y más páginas de información dedicadas a esta comarca. El impulso de La Voz de Galicia Este periodo extraordinario adquiere una nueva dimensión con la integración del periódico, en el año 1997, en la Corporación Voz, presidida por Santiago Rey Fernández-Latorre, de la que forman parte varias empresas exclusivamente dedicadas a la comunicación y cuyo buque insignia es La Voz de Galicia , quinto periódico de información general de España. «Sólo información» es la primera y, sin duda, la más significativa consigna transmitida por el nieto del fundador del embrión de uno de los grupos más importantes de la comunicación en este país al equipo que hace cada día el Diario de León. «Profesionalidad, reinversión y sólo comunicación», también textual, es la frase que resume la filosofía de un grupo que da trabajo a más de mil personas. La Voz de Galicia controla desde el primer momento la mayoría del capital social y otorga su confianza a Fernando Aller, como director. Martínez Carrión había abandonado previamente la empresa, y posteriormente Santiago Sarmiento se incorpora como gerente. En el año 2003 la Corporación Voz aumenta su participación accionarial en el periódico y asume la presidencia Santiago Rey Fernández-Latorre. La entrada de la Corporación Voz había supuesto también una apuesta informativa más decida por las comarcas. Se potencia la edición del Bierzo y se crean los suplementos comarcales. El periódico abre delegaciones en Astorga y La Bañeza, dotadas con personal comercial y periodistas. Desde una envidiable posición de solvencia económica y sobradamente acreditado como medio de información veraz e independiente, el Diario de León abrió sus puertas del nuevo milenio con grandes perspectivas de diversificación de su actividad, lo que es posible desde la disponibilidad de dos frecuencias de radio, y sobre todo a partir del progresivo desarrollo de su edición digital. Hoy, 3 de febrero del 2006, cien años después de su nacimiento y con el impagable bagaje de haber sido referencia insustituible y testimonio clave de un siglo de la vida de León y de los leoneses, el Diario de León extiende la mirada a un futuro irrenunciable orgulloso de un pasado irrepetible.