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QUEMA DE NEUMÁTICOS

"El debate sobre industria, turismo y agricultura no existe en Europa"

Dimas Vallina es el gerente de la Fundación Laboral del Cemento y el Medio Ambiente

 

Dimas Vallina, en una imagen en las instalaciones de la Fundación del Cemento y Medio Ambiente. DL -

M. C. CACHAFEIRO | PONFERRADA
11/10/2018

La Fundación Laboral del Cemento y el Medio Ambiente está formada a partes iguales por la industria cementera y los sindicatos mayoritarios. Vallina es su voz, también la que defiende el proyecto de neumáticos de Cosmos, en el caso del Bierzo.

—El Bierzo está en pleno debate sobre el proyecto de Cosmos de incineración de neumáticos. ¿Por qué quemar neumáticos en las fábricas de cementos?

—Hay distintas razones. En primer lugar, porque cuando utilizamos un neumático en una fábrica de cemento tenemos un doble aprovechamiento: por una parte, el poder calorífico del neumático, que es superior al del carbón; y por otro, y es un tema muy importante, porque a la vez que se hace esa recuperación energética también se hace una recuperación material. Es decir, se recuperan los minerales que están dentro del neumático: hierro y aluminio, entre otros, que coincide que son dos minerales necesarios para fabricar clínker, que es el material intermedio necesario para fabricar cemento. En Europa está reconocido que del total de los neumáticos que se emplean en fábricas de cemento, el 25% se reciclan materialmente.

Otra razón es que los neumáticos tienen un contenido en biomasa del 29%, y eso son datos que ha estimado la Oficina Española de Cambio Climático, con lo cual un sector como es el cementero, que es emisor de CO2, debe de emplear cada vez más residuos total o parcialmente biomasa para poder cumplir con los objetivos que se derivan del acuerdo de París en materia de cambio climático.

Y en tercer lugar, porque la industria cementera a nivel mundial, no sólo española y europea, es la principal solución al problema de los neumáticos. Europa genera tres millones de neumáticos fuera de uso al año, de los que el 40% se recuperan material y energéticamente en fábricas de cemento.

—Los colectivos que se oponen dicen que las partículas que se emiten a la atmósfera son altamente contaminantes para otros sectores como la agricultura, en el caso del Bierzo.

—Tengo que decir varias cosas. Si fuera así no se llevaría haciendo esta práctica desde hace 40 años en Alemania, Suiza, Noruega... que son algunos de los países más avanzados del mundo desde un punto de vista medioambiental. Es significativo que el Partido Verde en Alemania, cuando tuvo responsabilidades de gobierno a nivel nacional, avaló y potenció el uso de neumáticos en fábricas de cemento. Repito, si fuera así, sería inviable que esta práctica se llevara haciendo 40 años en la UE y 25 años en España. En segundo lugar, en cada país europeo donde se inició esta práctica, se hicieron estudios independientes sobre emisiones y en todos los casos se demostró que el uso de neumáticos como combustible no modifica las emisiones de las fábricas, ni genera ningún riesgo añadido para la población, el entorno o los cultivos. Frente a estudios específicos de nuestro sector, avalados por organismos nacionales e internacionales del máximo prestigio, tenemos en cambio acusaciones genéricas de contaminación que no están avaladas por la realidad de los datos. Todo ello sin perder de vista que somos una actividad absolutamente controlada por los organismos ambientales de las distintas Comunidades Autónomas.

—Y si es así, ¿por qué hay esa contestación a que se quemen los neumáticos en las fábricas de cemento?

—Hay una mezcla de factores. De lo que se habla es de incineración de residuos, lo que es un error de partida. En una fábrica de cemento, no incineramos residuos sino que, para fabricar cemento, lo que utilizamos es mucha energía, y parte de ese poder calorífico viene de combustibles preparados a partir de residuos que como sociedad no hemos podido ni reutilizar ni reciclar. Eso desde un punto de vista técnico se denomina valorización, que es una diferencia clara con los procesos de incineración. Lo que se hace, en mi opinión, es trasladar a la sociedad mensajes muy simplistas. Como en España la incineración tiene mala fama, automáticamente se dice que vamos a transformar una fábrica de cemento en una incineradora y eso es absolutamente falso. Insisto, esto tiene mucha normalidad, lo que se pretende realizar en el Bierzo, es exactamente lo mismo que ya hacen una veintena de cementeras en España y más de un centenar en Europa.

—¿Implica también una modernización de las fábricas?

—Sí, implica inversiones en instalaciones de almacenamiento y alimentación de combustibles, pero sobre todo lo que implica es un cambio de que como sociedad, dejemos de ver los residuos como algo inservible, destinado al abandono, y veamos a los residuos como recursos, en línea con los principios de economía circular que vienen desde la UE. Debemos reciclarlos, reutilizarlos y aquella parte que no se pueda tenemos que aprovecharla energéticamente. Es poner soluciones prácticas, fiables y con todas las garantías de seguridad y salud encima de la mesa. Lo que no es de recibo es hablar de «residuos cero» cuando en España estamos generando más de 125 millones de toneladas de residuos de todo tipo: municipales, industriales, de construcción y demolición... Deberíamos ser un poco más rigurosos

—Y con neumáticos se emiten menos emisiones...

—Realmente, cuando se utilizan los neumáticos en las fábricas de cemento se reducen las emisiones de óxidos de nitrógeno; tenemos una ligera mejora del comportamiento medioambiental de la fábrica.

—En el Bierzo un sector muy preocupado son las DO, que se han posicionado en contra.

—Creo que se está planteando un debate que no existe en el resto de Europa, como que hay que elegir entre turismo, agricultura e industria. En ningún otro lugar se hace. Todos los sectores son necesarios. El modelo de desarrollo sostenible lo que implica es una sostenibilidad económica, ambiental y social. Hay muchísimas zonas cuyos vinos son referencia internacional como la de Borgoña, o la zona de Champán, en Francia, donde hay fábricas de cemento que lleva 25 años utilizando neumáticos fuera de uso, aceites usados, harinas cárnicas...en una convivencia absolutamente pacífica con los agricultores. En Austria y Alemania también tenemos ejemplos. Estamos generando un debate artificial, contraponiendo dos modelos que deben ser complementarios.

—¿Y qué inversiones se tienen que hacer para adaptarse a la quema de neumáticos?

—Tienen que hacer una serie de inversiones para la alimentación de residuos, como son fosos, grúas, cintas transportadoras... e inversiones en otras instalaciones auxiliares. El funcionamiento a nivel del horno es el mismo que si se utilizaran combustibles fósiles. Una de las diferencias que tiene nuestro sector es que tiene las temperaturas más altas de cualquier instalación industrial: 2.000 grados en la llama principal. A esa temperatura la destrucción de los compuestos orgánicos de los residuos es absoluta. El hecho de introducir neumáticos no modifica las emisiones de nuestras fábricas.

—No hay otros usos que se le puedan dar a los neumáticos que no sea quemarlos.

—Sí los hay, recauchutado, relleno de césped artificial, suelas de calzado, mezclas bituminosas... Pero la realidad de los datos es que en nuestro país apenas existe mercado de ruedas recauchutadas, o que el destino de neumáticos a obra civil es prácticamente anecdótico a fecha de hoy, con 25 toneladas. Los parques infantiles o el calzado fabricado a partir de neumáticos gastados no son capaces de absorber nuestros volúmenes de generación. La industria cementera aporta una solución de alta capacidad para un volumen de generación de 300.000 toneladas anuales en nuestro país. En España al igual que en Europa las fábricas de cemento son la principal solución al problema de los neumáticos, absorbiendo entre un 30 y 40% del volumen generado.

—Cuál es la última fábrica

—En España, el grupo Ciment Molins, en las afueras de Barcelona.






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