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torre del bierzo

Pasión por la mina

En el Día del Trabajo, hay quien amó tanto su profesión que decidió ser enterrado a pie de pozo, como dos mineros del grupo Casares de Tremor, hoy abandonado, cuyas cenizas se esparcieron en un árbol próximo.

 

A la derecha de la imagen superior, el árbol a cuyo pie fueron esparcidas las cenizas de los dos mineros del grupo Casares. DL -

01/05/2018

m.á. cebrones | tremor

La minería del carbón en el Bierzo Alto ya es historia. Muy reciente, pero historia al fin y al cabo. Y en el camino ha dejado buenos tiempos vividos, cuando era la principal fuente de riqueza de la comarca, al amparo de la que cubrían sus necesidades desde los mineros que cada día bajaban «al tajo» para extraer el otrora valorado mineral hasta camioneros, comerciantes, constructores, maestros, médicos, profesores o banqueros.

De entre todas esas profesiones nadie pone en duda que la más dura, fundamentalmente por desarrollarse bajo tierra, era y fue la de minero. Sin embargo, a pesar de esa dureza y de manifestaciones que repetidamente señalaban que los mineros «van al tajo porque se cobra mucho o porque no queda otra en esta zona», también hubo – tal vez hay— quien amó la mina, y lo hizo hasta el punto de querer que fuera el entorno de su descanso definitivo.

Ese es el caso de Casares, explotación que llegó a contar con más de 350 trabajadores, hoy abandonada y motivo de queja de vecinos y autoridades por los vertidos de aguas, y que sin embargo fue el entorno donde dos de los vecinos de Tremor quisieron ser trasladados para su descanso definitivo.

J.F. y E.G., porque sus familias sólo quieren que aparezcan con sus iniciales, fueron trabajadores de la explotación de Casares en la que se jubilaron, en uno de los casos con un grado de silicosis bastante avanzada, antes de trasladarse con sus familias a vivir a sendas capitales de provincia. Sin embargo, la despedida no era definitiva, pues en ambos casos señalaron a sus familias que querían tener su descanso definitivo en Casares. Una última voluntad que ambas familias han cumplido, según confirmaron a vecinos de Tremor «trayendo las cenizas hasta aquí».

El depósito de las cenizas se hizo de forma privada y, si bien nadie pregunta sobre el punto exacto donde se han vertido, la presencia en repetidas ocasiones –especialmente el Día del Padre– de ramos de flores al pie del árbol situado en la bifurcación de caminos hacia la bocamina y el lavadero de Casares señala a éste como «el árbol de las cenizas» desde el que se ve toda la explotación en la que pasaron su vida laboral y a la que, a pesar de todo, quisieron regresar. Muchos en Tremor conocen esta historia que se ha preservado durante tiempo. Fue el último homenaje de dos hombres de la mina a una profesión en la que compartieron grandes momentos.



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