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LA GAVETA

Tío Celso

 

César Gavela / Escritor
10/03/2018

Tuvo unos padres de bondad y coraje. El abuelo Higinio fue un hombre honesto y republicano que siempre creyó, como toda la familia, en la religión de los antepasados. La abuela Florentina era la dulzura y la serenidad y fue madre adolescente y huérfana de sus seis hermanos. No se puede entender a mi tío Celso, ni a sus tres hermanos Aurora, Pepe y Rosario que se han ido, nonagenarios, en poco más de un año, fuera de esa fe. Mi madre falleció mucho antes, en accidente de tráfico, dolor que sus hijos supimos convertir en amor y fortaleza.

Hablo del Celso raigal, el de mis primeros recuerdos. Mi hermano Carlos y yo tuvimos la fortuna de vivir con él, aún soltero, en la avenida de España. Nuestro tío se ponía un mono azul para jugar con nosotros sobre la alfombra. Ratos eternos de risas y cariño. Luminosa complicidad con aquel tío delgado, de gafas, de hablar tan cálido y que cantaba tan bien.

Celso era justo, sobrio y prudente, con un enorme sentido del humor. Enamorado de su Asturias natal, su destino sería Ponferrada, donde mi madre reclamó a sus muy queridos hermanos, Pepe y Celso. En la ciudad desde 1956, se casó, tuvo dos hijas y se hizo abogado competente y afable que, sin embargo, encontraría en la política, tan inesperadamente, su perfil más conocido y público. Fue el primer alcalde democrático de Ponferrada tras la dictadura, y estuvo 16 años en el cargo. Su gestión fue para todos, pero se centró en los desfavorecidos; en crear parques y servicios en las periferias. Canalizó el río Sil, construyó la Casa de la Cultura, liberó a la ciudad de poderosas servidumbres empresariales y se comprometió con las aldeas del municipio, donde habitan el mozárabe y la huella de los visigodos.

Celso López Gavela Campo Gavela fue un niño tímido, un joven romántico, un hijo solícito, un letrado humanista, un esposo dulce, un padre ejemplar y un abuelo feliz. Y un alcalde resuelto, revolucionario y ético. Su huella quedará siempre en Ponferrada. Celso también fue un hombre fuerte que soportó la difamación: él, que nunca tuvo otra propiedad que un piso modesto, lleno de libros, frente al Plantío. Y ahora que se ha ido le lloramos y le queremos. Pero con una sonrisa. Al estilo de los Gavela que venimos de la aldea de El Bao. De la nieve y el agua, de los bosques y la memoria.



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