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La sociedad rural reivindica sus costumbres en Velilla

Toros, guirrios y ritos ancestrales

La siembra de ceniza y cereal, la fertilidad y la fuerza se conjugan en la celebración del antruejo, que espanta a los espíritus del invierno y abre la puerta a la época de trabajo en el campo y de recolección de frutos.

 

El guirrio eleva a la moza sobre las astas del toro, en un ritual de fertilidad. MARCIANO PÉREZ -

27/02/2017

A. Domingo | Velilla de la Reina

Más caras, cuernos, saco y ceniza. A quien pasó ayer por Velilla de la Reina no le hará falta que en el inicio de la Cuaresma le recuerden su destino, pues polvo no le faltó ayer en la celebración de toros y guirrios, con su tradicional toreo con una chica por capote. Rito iniciático, de fecundidad, pero, sobre todo, ancestral, en tiempos en los que la fuerza del hombre era fundamental para mantener y proteger a la familia y la fertilidad de la mujer necesaria para que el clan dispusiera de más brazos con los que obtener alimento.

El medio rural y los modos de vida que se mantuvieron invariables durante siglos reclama protagonismo bajo la máscara del antruejo, como si se burlara de la sociedad urbana de hoy, que rechaza por retrógradas esas costumbres.

Gaita y percusión musicalizaron una comitiva de todas la edades de demonios, animales, toros —símbolo también de fertilidad como semental—, el arado que portan las mujeres, los carros tirados por burros y otros personajes, que resultan en conjunto un atronador rebaño de esquilas, cencerros y carracas, cuando los músicos no tapaban su ruido con las notas. Ceniza y cereales se esparcen entre los asistentes, con el fin de ahuyentar a los espíritus de la oscuridad y dar paso a la primavera, a la luz y a las cosechas.

En la plaza, los guirrios y los toros que portan los mozos aparecen entre la multiltud, desafiantes con sus varas y osados a la hora de levantar a las mujeres sobre las astas de los toros. Son varias sus acometidas mientras el baile continúa y aparece el fuego purificador.

Tenazas, encisnados y encisnadores, calaveras de caballo que abren y cierran sus huecas bocas con un juego de rudimentarios cordeles, personajes más carnavaleros y el público se mezclan en la celebración.

Una elaborada máscara. PÉREZ.
Un instante del antruejo. PÉREZ

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