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Casado y Santamaría pasan el corte de la militancia en una noche de infarto en el PP

 

Soraya Sáenz de Santamaría opta a presidir el PP. - RAFA ALCAIDE

NURIA VEGA | MADRID
05/07/2018

El PP fue poco a poco saliendo de la oscuridad en la que ha vivido los últimos 12 días, inmerso en una campaña en la que no podía atisbar su futuro. La militancia del partido votó y señaló el nombre de quien, a su juicio, debe suceder a Mariano Rajoy. El escrutinio fue aún más de infarto que la jornada electoral. Al cierre de esta edición, con la cautela de que se había recontado poco más del 50% de las papeletas, Pablo Casado parecía haber logrado la victoria. «Ganamos», proclamaron en su entorno. El listado de ciudades en las que logró imponerse fue engrosándose a lo largo de la noche. Se le había bautizado como la «tercera vía» y se convirtió aparentemente en la primera.

Los datos provisionales de la Comunidad de Madrid y Cataluña favorecían al exvicesecretario de Comunicación. Incluso en territorios en los que, en principio, lo tenía más difícil, logró la fortaleza que buscaba. Es el caso de Extremadura, donde 511 militantes optaron por su proyecto frente a los 507 que se inclinaron por María Dolores de Cospedal y los 399 que apostaron por Soraya Sáenz de Santamaría. En Andalucía, Casado pugnaba a última hora por el segundo puesto, lo mismo que en la Comunidad Valenciana. Allí, en ambos lugares, el escrutinio daba ganadora a la exvicepresidenta del Gobierno.

A las diez de la noche, Sáenz de Santamaría se llevaba la medalla de plata, pese a lograr imponerse también en Castilla y León, País Vasco, y al parece, en Andalucía. De confirmarse este extremo, la secretaria general del PP, Cospedal, habría quedado descartada para la segunda vuelta de las primarias, la de los compromisarios en el congreso del 20 y 21 de julio. Una primera lectura clara es que los apoyos del aparato a la exsecretaria general habrían sido insuficientes para seducir a las bases. «Esto es como lo de Pedro Sánchez en el PSOE», interpretó un diputado popular.

En el partido esperaban ayer una victoria «clara» que zanjara la división interna. En la sede nacional de la calle Génova se contuvo el aliento hasta altas horas de la noche. Todos los candidatos, salvo Elio Cabanes, se acercaron a la central al cierre de las urnas.

En realidad, jugaron el partido hasta el final. En tiempo de descuento se multiplicaron las denuncias de presiones a afiliados. El vértigo por el absoluto desconocimiento de lo que alumbraría el escrutinio, llevó a los interventores de los aspirantes a mirar con lupa el procedimiento. Desde el entorno de Casado pusieron el foco en Andalucía y Castilla-La Mancha. Detectaron movimientos en Sevilla para favorecer, aseguraron, a Sáenz de Santamaría. Y en el territorio de Cospedal, un representante de la misma candidatura señaló a dos diputadas, Rosa Romero y Carmen Quintanilla, por intentar «orientar» a los militantes.

En Barcelona, fueron los interventores de Cospedal los que elevaron la voz en dos mesas electorales para advertir de que el equipo de Casado intentaba influir en los afiliados. «Muchos nervios», resumió un cargo territorial. Las quejas, en todo caso, por «juego sucio» han sido una constante de la campaña. El más joven de los aspirantes ha lanzado reiteradas llamadas a dejar votar en «libertad», aunque en algunas organizaciones territoriales la insistencia no ha sentado del todo bien. «Aquí todos se mueven», intentó zanjar la semana pasada un presidente regional del partido.

Esta intensidad de los últimos doce días es lo que, a juicio de muchos dirigentes del PP, aconseja cerrar la batalla de inmediato. Antes de conocer los resultados, Alberto Núñez Feijóo se mostró ayer partidario de que los dos aspirantes que pasen la primera vuelta «hablen entre sí» para que el partido llegue al congreso extraordinario con una candidatura única. «Sobre todo -concretó el presidente de Galicia- si tienen resultados muy similares». Porque en caso de que uno de ellos se imponga con claridad, los populares sostienen que lo deseable es que el segundo se retire y deje el camino libre.

Otros dirigentes del partido suscribieron sus palabras. El portavoz del PP en el Congreso defendió que la integración es la vía deseable. «Todos somos necesarios, aquí no sobra nadie», insistió Rafael Hernando. Fuentes territoriales no vieron tampoco más alternativa. «Tiene que ser así. Estos procesos tensan la vida interna del partido», advirtieron. Otras voces, en cambio, no vieron la operación tan sencilla si los porcentajes estuvieran ajustado. Recordaron que Casado ya avisó de que este partido lo iba a jugar hasta el final.

Pablo Casado en el momento de depositar su voto en una sede del PP. JAVIER LIZÓN