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El botín de las taifas

 

VERLAS VENIR ERNESTO ESCAPA
19/01/2017

Después de un paréntesis de cinco años, san Antonio Abad, patrono de los animales domésticos, convocó a los rabadanes autonómicos en el Senado y la noticia es que su jornada concluyó sin víctimas, aunque con los asuntos mollares diferidos para el presupuesto de 2018. Lo cual no es poco, si nos atenemos al refranero y reparando además en el asiento del conciliábulo. Aquel solar histórico del Senado lo estiraron en los años de la burbuja con una ampliación desmedida, que engulló el cuartel de la calle del Reloj, donde a mí me tocó hacer la mili.

Ni ahora ni entonces la labor senatorial requería mayor espacio, pero les convino aprovechar el tirón para hacerse en los bajos una piscina climatizada, con pista de padel y gimnasio. Dada la chapucería circulante en los años del despilfarro, parece que a estas alturas ni el aljibe ni los otros espacios de ocio están en uso. La tenida del martes partió con la ausencia de catalanes y vascos, cuyos representantes autonómicos reiteraron que prefieren tramitar sus arreglos a solas y cara a cara, porque les salen más rentables. Así que el convivio se consumió entre adornos florales y proclamas de buenas intenciones, de las cuales casi lo único tangible es el compromiso de Rajoy de incrementar su aportación a la dependencia hasta límites decorosos.

En la actualidad, la aportación del gobierno de España a las políticas de dependencia oscila entre un diez y un 20 por ciento y el acuerdo pactado en la conferencia reparte las aportaciones al cincuenta por ciento. Aunque esta buena noticia conviene modularla en el marco económico dibujado por el distribuidor: la recaudación del Estado sigue estando veinte mil millones por debajo de la de 2007. Así que pocos sobrantes quedan para figuras.

En cualquier caso, hablando de gastos superfluos, mejor levantar la vista y mirar lejos. Porque no puede olvidarse que el actual sistema de financiación caducó en 2014 y ya en su arranque partía con una insuficiencia de alrededor de quinientos millones anuales para Castilla y León. Se hizo al mogollón, primando el tropel de habitantes y sin considerar otras variables, para atender al tirón en aquel caso andaluz, levantino, catalán y madrileño. Donde hacen más ruido. Así que el sistema vigente a pesar de su caducidad fue dando pie a maniobras frecuentes de corrupción en Madrid, Valencia, Cataluña y Andalucía, en buena medida todavía estancadas en sus procesos judiciales.

A la vez, ha ido dando pie a descaros como las estrafalarias pretensiones exteriores de los catalanes o el dumping fiscal madrileño, donde la salerosa Aguirre y sus secuaces propician que un contribuyente millonario no pague absolutamente nada, porque tienen desactivado el tributo de patrimonio, que en otras taifas supone derramas sangrantes. Un patrimonio de quince millones sale gratis en Madrid, mientras en las autonomías circundantes supone una cotización cercana a los quinientos mil euros. Aunque sean ejemplos que nos queden lejos, el agujero que ocasionan en la bolsa común perjudica a todos.

Alcanzado el pacto sobre la nueva financiación, en el plazo de un mes tendrá que estar constituido el grupo de expertos que diseñe el nuevo modelo, en el que resulta esencial buscar la fórmula que garantice iguales derechos a todos los españoles, vivan donde vivan y tengan la edad que tengan. Y en ese diseño sí que participan ya Cataluña, Madrid, Andalucía y Valencia, tirando de picos que pueden dejar a la intemperie a las comunidades de la España vacía donde sigue viviendo gente.

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