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Castilla y León reconoce a Araceli Mangas con el premio de Humanidades

El jurado reconoce su relevancia en el campo del Derecho Internacional y Comunitario.

 

La catedrática de la Complutense, Araceli Mangas. JUAN LÁZARO -

02/03/2018

efe | salamanca

La catedrática de Derecho Internacional en la Universidad Complutense de Madrid Araceli Mangas, galardonada ayer con el Premio Castilla y León de Ciencias Sociales Humanidades 2017, ha afirmado que esta distinción le hace «más responsable de cara a la opinión pública» aunque siempre se ha dejado la piel.

En conversación telefónica con Efe, Araceli Mangas (Ledesma, Salamanca, 1953) ha valorado que tanto el jurado como la Junta de Castilla y León, institución convocante, hayan tenido en cuenta sus aportaciones «en favor de la integración europea y de una mejor universidad», lo cual le llena de satisfacción. Tras subrayar la «gran alegría» y el «gran honor» que supone el galardón, ha hecho hincapié en que esas aportaciones han formado parte de su trabajo, en el que ha estado muy a gusto durante más de cuatro décadas de servicio en el ámbito universitario. «Que me premien por el trabajo que me ha gustado hacer de la mejor manera es una satisfacción extraordinaria», ha remarcado antes de recordar que se trata de un compromiso que siempre ha tenido y «ahora mucho más con los valores» por los que se le ha concedido el premio.

El jurado, por unanimidad, ha destacado su condición de figura relevante en el campo del Derecho Internacional y pionera en el Derecho Comunitario en España, así como su aportación decisiva en el encaje de España dentro de las instituciones europeas. Ha resaltado también su aportación al enfoque y análisis de asuntos de relevancia social como el Brexit, la crisis de los refugiados y los procesos separatistas en Europa.

Teniendo en cuenta que desde noviembre de 2011 la catedrática ejerce en la Universidad Complutense de Madrid, ha considerado haber cumplido durante veinticinco en la Universidad de Salamanca (USAL) con «ese mandato universitario, casi evangélico de creced y multiplicaos, de formar escuela».

Además, ha opinado que en las universidades «hay que dejar espacios para los discípulos y para que siga creciendo el grupo».

A todo ello ha unido cuestiones de carácter personal para su traslado aunque ha revelado que sigue «muy vinculada con Salamanca y con Castilla y León».

Ha insistido en que durante sus veinticinco años de catedrática en la USAL trató de hacerlo lo mejor posible y «mirando más allá de Salamanca, de Castilla y León, de España y de Europa» porque, según sus palabras, «tenemos que tener altitud de miras como siempre la tuvieron los castellanos y leoneses en la historia».

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