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Censo de invierno

 

VERLAS VENIR ERNESTO ESCAPA
14/09/2017

Cuando avanza septiembre y el termómetro anuncia el cierre del verano, se refrescan también los asuntos pendientes. Sobre todo, aquellas tareas que acumulan el polvo y el descuido de un trienio de retraso. Entre todas sobresale, por su incidencia en las expectativas que nos afectan, la financiación autonómica, cuya pauta consensuada ha pilotado en su último tramo mi amigo roblano Jaime Rabanal. Y el asunto viene al caso ahora porque en nuestros pueblos deshabitados el invierno se prolonga entre ocho y nueve meses, como anota con perspicacia el docente Aurelio Rodríguez Puerta, en su censo de residentes y resistentes de la comarca de Riaño.

Toda la estrategia de esta financiación retardada consiste en evitar que su beneficio lo copen Madrid, Cataluña y Valencia, como prevé y anticipa la Fundación de Estudios de Economía Aplicada. Para ello, será preciso tener en cuenta y hacer valer la ponderación de variables como la edad de los habitantes y su dispersión por el territorio donde se prestan los servicios. Tanto el fondo básico, que recoge los ingresos tributarios de cada Comunidad, como el fondo de nivelación, nutrido con recursos que aporta el Estado al sistema, deben ser corregidos con aportaciones destinadas a financiar singularidades que afectan decisivamente a la prestación de los servicios públicos. La edad de los habitantes y su dispersión poblacional encarecen el gasto social prioritario en la nueva financiación.

Pero los barullos con que arranca el curso no preludian una solución inmediata al problema de la financiación, así que va a tocar seguir gestionando por más tiempo el déficit acumulado de una sanidad deficientemente financiada. Y este agujero no es de diez ni de cien millones, sino bastante más abultado. Un déficit que se suma cada año a la mengua estatal en la financiación de los servicios sociales, cuya demanda en cambio crece con la edad de nuestros paisanos.

El comienzo del curso escolar nos recuerda año tras año el cierre de nuevas escuelas en los lugares que no cuentan al menos con cuatro niños. Que cada vez son más. No siguen creciendo, en cambio, las universidades públicas, de las que tenemos tantas como aeropuertos. Sin embargo, a pesar de las disfunciones causadas por la amplitud territorial y la edad de la población, nuestra gestión del núcleo social básico (sanidad, educación y servicios sociales) ha mantenido la valoración más alta de la España autonómica por parte de observatorios profesionales independientes. Lo cual no puede ser un argumento para continuar con las restricciones, sino un estímulo para pelear por una financiación más justa y un impulso para organizar mejor la prestación de los servicios a una población crecientemente problemática y en un territorio disperso. Quien no ceja ni amortigua su diapasón recaudador es el voraz Montoro, que año tras año actualiza a su aire el catastro tributario de la despoblación con ansia indesmayable. Cada vez que el prolongado invierno se cierne sobre nuestros pueblos, activa la revisión de lo único que queda en ellos, porque el caserío no puede transportarse.

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