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SOLEDAD MURILLO SECRETARIA DE ESTADO DE IGUALDAD

«Es necesario que legisladores y jueces se formen en igualdad»

 

Soledad Murillo es la secretaria de Igualdad. JESÚS FORMIGO -

13/06/2018

CARLOS TABERNERO | SALAMANCa

Fue la encargada, desde la Secretaría General de Igualdad del primer Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, de impulsar las leyes de Igualdad y Violencia de Género entre 2004 y 2008. Regresa al Ejecutivo diez años después, esta vez con Pedro Sánchez a la cabeza y como secretaria de Estado, para «vigilar la ley y poner en marcha el pacto de estado contra la violencia de género que el anterior gobierno no ha aplicado».

—¿Cómo es la situación de la mujer hoy con respecto a hace diez años?

—En su momento fui secretaria general de Políticas de Igualdad y ahora soy secretaria de estado. Es un rango mayor con lo que es importante por el peso que le da. Lo que ha cambiado con respecto a los siete últimos años es que el Gobierno no ha aplicado las leyes que se hicieron en la anterior legislatura. Me refiero a la Ley de Igualdad y la Ley de Violencia de Género. En este sentido, lo que nos interesa es evaluar donde no se han aplicado para poderlas lanzar con toda la cobertura que ofrecían como norma legislativa. Y nos parece importante que, ya que el anterior gobierno había llegado con otros grupos políticos a fijar el pacto de estado, es una negligencia política no haberlo puesto en marcha, porque suponía una cantidad ridícula en términos presupuestarios, estamos hablando de dos millones, y por otro lado, pensamos que tiene que derivarse a corporaciones locales, ayuntamientos y diputaciones, porque va a estar transferido a Servicios Sociales. En este sentido, es clave que pensemos que no se ha actuado con diligencia y ha habido una falta de atención a los proyectos de Ley que son de obligado cumplimiento.

—¿Qué prioridades se marca como secretaria de Igualdad?

—El pacto de estado es prioritario. Hay que ponerlo en marcha como no lo ha hecho el anterior gobierno. También es importante ver qué ocurre con las leyes que impulsé en la primera legislatura en la que estuve en el gobierno, porque ni teníamos el derecho al matrimonio igualitario ni el derecho a la dependencia, cada uno tenía su propia fórmula para salir adelante, que normalmente era la familia. El reto es aplicar lo que ya había en términos de vigilar que se cumplan, porque son leyes de carácter orgánico, son aplicables a todas las comunidades autónomas, aunque cada comunidad después ha formulado su propias leyes en función de las necesidades que tenía detectadas en su propio territorio.

—¿Qué opina del acceso a la educación para alcanzar la igualdad y las medidas de conciliación posteriores en el mercado laboral?

—Creo que tenemos el país más caro de Europa en cuanto a tasas universitarias, porque todavía depende de las comunidades autónomas y, por lo tanto, eso es muy aleatorio porque permite que haya comunidades que jueguen con mayor o menor ventaja. De hecho, tenemos una nueva selectividad que tiene diferente contenido en función de donde se aplique, de donde esas pruebas vayan a verificar el conocimiento de los estudiantes, e indica cómo hemos fragmentado este país a efectos de educación. Y, especialmente, lo que me llama la atención es que la universidad pública debe contar con más recursos porque no es un problema de formación, es un problema de investigación y, por supuesto, todo lo relativo a innovación en primera línea.

—¿Qué sintió al enterarse de la sentencia de ‘La Manada’?

—El estamento judicial ha tenido, en ese caso, dos años para consultar a psicólogos y especialistas para saber que cuando una persona se siente agredida, no se defiende. Pero no lo han hecho. Es una auténtica negligencia la que han cometido. Porque la Ley define lo que es violación, aunque no la tipifique.

—¿Qué hace falta, entonces, para conseguir una sociedad igualitaria desde los estamentos judicial y político?

—Principalmente, aunque no solo, formación. Que sea obligatoria. Mientras la formación en materia de igualdad de género no sea un requisito básico para ascender en la carrera judicial, o política, dependemos de sensibilidad de cada persona y no podemos depender de la sensibilidad porque eso va en función de cada uno. Es necesario que jueces y legisladores se formen en materia de igualdad.

   
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