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Facturas pendientes

 

VERLAS VENIR ERNESTO ESCAPA
14/06/2018

Poco a poco y a costa de no escasos renuncios, hemos terminado aprendiendo que nuestras acuciantes urgencias ya no inquietan a nadie. Ni siquiera sirven para ir resucitando del abandono aparentes cadáveres que todavía ofrecen cierta expectativa de recuperación. No ha sido un aprendizaje fácil ni siquiera llevadero, porque durante algún tiempo no muy lejano nos creímos habitantes de Jauja. Y con esos vuelos, cuesta más hacerse a la insignificancia.

En ese andén de pasmo nos pilló la alta velocidad, que circula más lenta de lo debido porque le falta una vía desde Palencia, que es requisito imprescindible para instalar un sistema de frenado que evite tragedias tan cruentas como la ocurrida hace cinco años en la curva de Angrois, a la entrada de Santiago de Compostela; y además, no hay prisa, porque el tendido carece de continuidad hasta La Robla y luego los túneles más caros de la ingeniería universal siguen sin servir para otra cosa que ladronear los acuíferos de la cabecera del Bernesga. O sea, que andamos mejor surtidos de cautelas que de horizontes. Lo inimaginable, en un territorio ya menoscabado por sucesivos abandonos y consecutivas pérdidas, era que los manguanes de la Junta de Castilla y León perdieran por holgazanería y dejadez 55 millones de euros anticipados en dos ciclos del difunto Plan del Carbón, al gestionar con descuido la participación de una administración estatal que se llama andana y luego, al cabo de los años y ante su impago, no presentar en plazo los correspondientes recursos a la Audiencia Nacional, dando origen al agujero definitivo de esa deuda. Que no son menudencias ni el chocolate de ningún loro escurrido, sino aportaciones pendientes cuyo vacío no se rellena ni con resignación ni con voluntarismo.

Acabamos de digerir con esfuerzo el repique de los funerales del carbón, una actividad minera que nos impulsó durante siglo y medio, y en este momento no tenemos cuerpo para bromas ni aguante para más mandobles. Sobre todo, deduciendo que si este fallido de 55 millones, del que fuimos alertados por los anuncios de archivo de la Audiencia Nacional, se corresponde con proyectos de los planes del carbón 1998-2005 y 2006-2012, habrá muchos más incumplimientos, de los que ni informa el gobierno de la Junta ni los numerosos procuradores de la oposición parlamentaria instalados en Valladolid y en Madrid.

A la vista de tan ruidoso silencio, cabe preguntarse una vez más a qué dedican sus labores de control. También si en su tarea esquivan la mancha del carbón. Porque 55 millones de euros no son calderilla, aunque supongan apenas una pequeña parte de la torrentera de recursos soltada en estas últimas décadas para paliar la larga agonía del carbón.

Precisamente los manejos el carbón tiznaron hace ya tres décadas al primer gobierno de Aznar, cuyo vicepresidente Miguel Pérez Villar resultó condenado por el Tribunal Supremo en 1995, a causa de su prevaricación con las ayudas mineras. Un caudal de millones, primero de pesetas y luego de euros, que no sirvió para paliar la desaceleración minera ni para redimir a las cuencas, aunque sí decoró la lujosa instalación de un concesionario automovilístico en Asturias presidido por el condenado. Tampoco entonces la oposición parlamentaria hurgaba en estos manejos, sucios como el propio carbón. Pero una vez que hemos llegado al pie del cadalso definitivo de la minería, quizá la gente de sus valles devastados merezca un gesto de interés para esclarecer dónde y en qué ocurrencias ha ido a parar tanto dispendio.

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