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La oposición social crece ante el resurgir de la minería a cielo abierto

La búsquerda de minerales para móviles, ordenadores y armas llega a Ávila y Salamanca.

 

Una potente máquina realiza su labor en un cielo abierto. ILYA NAYMUSHIN -

07/01/2017

caty arévalo | madrid

La fiebre por los minerales que se utilizan para la fabricación de móviles, ordenadores y armas ha llegado a España, con tres provincias (Ciudad Real, Ávila y Salamanca) en las que se proyectan explotaciones mineras a cielo abierto que se han topado de frente con una fortísima oposición social y a una legislación de 1973.

A pesar de que afecta a minerales diferentes (uranio en Salamanca, feldespato en Ávila, y tierras raras en Ciudad Real) en todos los casos se trata de minerías prácticamente inexistentes en la UE en estos momentos debido al fuerte rechazo ciudadano que provocan sus posibles impactos para la salud y el medio ambiente.

Una oposición a la que no ha sido ajena España, pese al «silencio» y al «oscurantismo» con el que se están tramitando los proyectos, denuncian los tres movimientos que se han organizado con sorprendente rapidez para preservar sus territorios frente a la amenaza de la contaminación minera: ‘Stop Uranio’ (Salamanca), ‘No a la mina en la Sierra de Ávila’ y ‘Sí a la Tierra Viva’ (Ciudad Real).

El renacimiento de la fiebre minera ha pillado a España con una Ley de Minas del franquismo, que data de 1973, cuando algunos de los minerales que se intentan explorar hoy, como las llamadas tierras raras, apenas se conocían, y aún menos sus impactos.

Esa norma aún vigente considera la minería de «interés nacional» de manera que la extracción prevalece sobre la propiedad privada, y el dueño de derechos de explotación puede expropiar ofreciendo terrenos en otras zonas sin necesidad de indemnizar.

La práctica habitual es que la consecución del derecho minero sea tramitada por una empresa modesta, tras la que hay algún gigante del sector que se lo compra posteriormente, explica Federico Aguilera, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de La Laguna (Tenerife).

La fiebre minera reabre también un debate ético, mientras sus defensores alegan que toda la tecnología en la que se basa el progreso de la sociedad sale de materiales de las minas; científicos como Aguilera apuntan a que estas empresas manipulan al consumidor para que demande este tipo de productos que ignoran los costes reales del daño ambiental que implica su producción.

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