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Patada a seguir

 

VERLAS VENIR ERNESTO ESCAPA
08/03/2018

Sólo como broma culposa se puede entender el auto del juez Fernando Muñiz Tejerina, quien aprovechando la baja por enfermedad de la jueza instructora Rocío González Boñar, decretó el martes la prescripción limpia de los consejeros de Caja España investigados por la concesión de créditos millonarios a su presidente Santos Llamas. Las reacciones advertidas, después de que hace apenas unos días volvieran a circular por el juzgado leonés los investigados en risueña pandilla, suponen la enmienda más contundente a este mandoble sobrevenido, que contradice de un plumazo no sólo la convicción de la instructora que conoce el caso, sino también el propio auto reciente de la Audiencia provincial, que rechazó la prescripción de la causa por continuidad delictiva. Ahora el juez Muñiz desecha el asunto, limitando las actuaciones de los encausados a la primera concesión de los créditos, fijada en 2009, sin estimar su rodadura durante años.

Con todo este berenjenal de juzgados, estamos a punto de olvidar de qué veníamos hablando, que es no es de otra cosa que la ruina de la entidad Caja España por una gestión torpe o desleal, en todo caso nefasta, de la gente a quienes la sociedad encomendó su guarda y cuidado, a través de partidos, sindicatos y organizaciones empresariales o agrarias. Así que claro que importa conocer cuál fue el manejo de estos consejeros, porque nos representaban a todos. A los charlistas y también a los paisanines descolgados del servicio bancario. Por eso irrita especialmente la celebración del broche cantado por el juez Muñiz por parte del partido socialista, que tuvo a unos cuantos consejeros en la gestión de la ruina sin duda laboriosa y esforzada, pero que dejó a mucha más gente en el bando silencioso de los damnificados por la actuación inclemente de aquellos lebreles. Hacer una vez más el papel bochornoso del tonto útil no redime ni siquiera a su portavoz en la comisión parlamentaria de investigación, el procurador Óscar Álvarez, quien seguro que ya conoce, por confidencia de sus compañeros militantes en la misma causa, el repertorio de mordiscos perpetrados a Caja España en aquellos consejos, a veces duplicados el mismo día, que la llevaron a la ruina.

Quiero decir: el manejo de las tarjetas black del consejo y su trasiego de créditos con la entidad; el toma y daca de favores crediticios limpios y con pago de intereses irrelevantes para embolsarse las joyas del parque inmobiliario de Caja España (chalés de costa y pisos urbanos de lujo), dentro y fuera de la Comunidad; los vuelos internacionales en avión privado, como el realizado a Nueva York desde Villanubla, para tomar el pulso al riñón financiero del universo, y la reunión urgente a la vuelta para paliar con más dietas la avería de los gastos desmedidos; el manejo a capricho del palco de la entidad en lugares tan emblemáticos como el teatro Calderón de Valladolid; y otras menudencias adheridas, como los baúles navideños de alcohol, turrones, vinos y chacinas de lujo, que salpicaron el derrumbe de la entidad centenaria.

Desde luego, nadie les preguntó nunca por tales manejos, ni en sede judicial ni en la parlamentaria, aunque parece obvio que el obsequio improcedente de sesenta millones a un presidente que por su condición de tal no podía optar al crédito, debiera ser activado con el silencioso reparto de enjundiosas regalías. No baratijas de mercadillo. Oído el auto del juez Muñiz, estamos a la espera de su secuencia en otras instancias judiciales, que no pueden ignorar que de haber prescripción, esta se debe únicamente a la lentitud judicial. Y esa sí que no es culpa nuestra.


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