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LA ÚLTIMA DEL DIARIO

Amor al arte a golpe de mazo

El empresario brasileño Luís Paulo Montenegro elige España para mostrar por primera vez su colección.

 

Vista de una de las obras pertenecientes a la colección del brasileño Luís Paulo Montenegro. MARISCAL -

20/02/2018

MIguel Lorenci | madrid

Hace 19 años Luís Paulo Montenegro no tenía «ni idea» de arte y tampoco tenía ningún cuadro. Hoy atesora una colección fabulosa con más de quinientas piezas que recorren el último siglo y que nunca antes había exhibido en público. Ganador del premio al coleccionismo de Arco 2018, el empresario brasileño ha elegido España para mostrar por primera vez sus tesoros. En las salas de la Fundación Banco Santander se pueden contemplar más de 200 piezas de un centenar de de creadores muy diversos. Una colección inédita que refleja «una historia de de amor por el arte» que comenzó en 1999 «en una subasta y al primer golpe de mazo», según confiesa Montenegro. Rodrigo Moura es el comisario y responsable de Visiones de la Tierra. El mundo planeado, un inédito recorrido por el modernismo, el concretismo brasileño y el arte contemporáneo brasileño e internacional a través de la pintura y escultura. Una propuesta que el comisario concibe «como un museo de arte contemporáneo que cubre cien años». Son en total 217 obras de 107 artistas de ambas orillas del Atlántico, el 65% brasileños y el 35% de otras nacionalidades. Dividida en diez espacios, incluye a los grandes y más cotizados creadores brasileños y latinos, como Alfredo Volpi, Lygia Clark, Lygia Pape, Wifredo Lam,Torres García, Lucio Fontana, Hélio Oiticica, Claudi Bravo, Vik Muniz, Cildo Meireles, Doris Salcedo o Ernesto Neto. Sus obras cuelgan junto a las de grandes artistas internacionales como Alexander Calder, Ernesto Giacometti, Andy Warhol, Willem de Kooning, Manzoni, o Mona Hatoum. No hay españoles en la selección de Moura.

«Nunca imaginé, cuando entré por primera vez en una importante subasta de arte brasileño, que saldría de allí con la obra de la portada del catálogo. En un impulso, levanté el brazo y me adjudique la pieza. Cogí a los presentes y a mí mismo por sorpresa». Así explica el conocido coleccionista cómo adquirió India Carajá, de Cândido Portinari. «Fue amor al primer mazazo.

El coleccionismo de arte había entrado en mi vida y ya nunca saldría», cuenta risueño el empresario. «Nadie me conocía y yo no conocía a nadie, pero comprendí que algo había cambiado en ese instante», precisa Montenegro, hoy uno de los grandes emprendedores de su país.