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Atapuerca lee el futuro delos sapos

Un registro fósil hará luz sobre el impacto del cambio climático en estos anfibios

 

Un sapo de la especie ‘phyllomedusa bicolor’ del Amazonas. WILLIAM MAGNUSSON -

EFE | BARCELONA
12/03/2018

El registro fósil de un sapo corredor encontrado en el yacimiento de Atapuerca (Burgos) ha dado claves para predecir el futuro de esta especie ante el actual cambio climático, según un estudio hecho por paleoecólogos españoles.

La investigación, que publica la revista Ecography, ha estado a cargo de un equipo integrado por miembros del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), la Universidad de Zaragoza (Unizar) y la Universidad de Alcalá (UAH).

Los paleoecólogos han descubierto que el tamaño de esta especie de sapo (bufo calamita) es más grande en periodos más fríos y húmedos, sobre todo en invierno y han propuesto extrapolar los resultados de restos del pasado al presente para contribuir a desarrollar estrategias de conservación de especies amenazadas.

Según ha informado el IPHES, el estudio de las variaciones en el tamaño de los organismos tiene gran interés dada su influencia en los procesos fisiológicos y la ecología de las especies.

Hasta el momento, las investigaciones sobre los efectos del cambio climático en el tamaño de los organismos han consistido en estudios a corto plazo (décadas) llevados a cabo en amplias áreas o regiones geográficas.

Ahora, este equipo de paleoecólogos proponen usar la evolución del registro fósil de anfibios del Cuaternario a lo largo del tiempo en un mismo espacio como herramienta para estudiar a largo plazo (miles de años) y prever escenarios futuros.

Según el IPHES, esta propuesta supone un cambio metodológico importante, ya que normalmente se compara fauna actual de diferentes áreas geográficas.

Los investigadores defienden que la relativa abundancia de cambios climáticos a lo largo del Cuaternario (periodo geológico que comprende los últimos 2,6 millones de años) y la gran cantidad de material fósil de anfibios recuperado favorece el estudio de las relaciones tamaño-clima en este grupo. El fósil del sapo corredor procede de dos de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca (Burgos), que abarca en conjunto más de un millón de años.

La integración de los datos de tamaño, obtenidos a partir de medidas del húmero, junto con los valores de temperatura y humedad procedentes de las reconstrucciones paleoclimáticas, ha revelado una elevada influencia del clima sobre el tamaño de esta especie, más grande en periodos más fríos y húmedos.

Según los investigadores, igual que sucede actualmente en diferentes especies de anfibios, la respuesta observada en las poblaciones de ‘bufo calamita’ ante las variaciones climáticas no fue equivalente en ambos sexos, ya que comprobaron «una mayor influencia del clima sobre las hembras». Los investigadores proponen la combinación de una maduración retardada en climas fríos unida a una mayor disponibilidad de recursos en climas húmedos, para justificar estos cambios de tamaño.

La teoría propuesta es que el aumento del sapo en climas fríos y húmedos permitiría una mayor acumulación de grasa y favorecería la fertilidad de las hembras.






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